Tristezas de un hombrecito gris

Tristezas de un hombrecito gris

El actor Oscar Isaac en una escena de “Balada de un hombre común” (Inside Llewyn Davis), de los hermanos Coen. Foto: EFE

 

Laura Osti

Joel & Ethan Coen son una marca registrada en el mundo del cine. Dieciséis títulos desde 1984 hasta la fecha abonan una firma y un prestigio bien ganado. Ellos pueden ser reconocidos dentro del subgrupo de cine de autor, porque tienen un estilo propio inconfundible.

En su último largometraje, “Balada de un hombre común”, vuelven a recrear muchos de sus tópicos característicos, desde el uso del blanco y negro, la filmación en celuloide, la ambientación en la década del ‘60 (del siglo pasado) y los personajes que siempre oscilan en una frontera inasible entre el sistema establecido y una marginalidad que atrae tanto como repele. También siguen siendo fieles a su modo de narrar, donde la atmósfera es lo más importante. Sus historias revelan situaciones raras y a veces, extremas, en un ambiente que en un principio no muestra nada que se pueda considerar extraordinario, son escenarios comunes donde vive gente común, pero donde de pronto, lo extraño cobra protagonismo, y siempre de un modo inquietante.

En esta oportunidad, el personaje central es un músico treintañero, cantante de folk, que apenas sobrevive de su oficio, en 1961, en el hoy mítico Greenwich Village neoyorquino.

Llewyn Davis es un joven sombrío, melancólico, solitario. No tiene domicilio fijo y duerme en casa de amigos, una vez aquí, otra vez allá. Con su guitarra acústica a cuestas y un pequeño bolso, este nómade urbano trata de ganarse la vida como cantante de folk, pero la suerte no lo acompaña. No es que no tenga talento. Llewyn es esa clase de persona a la que las cosas no le salen bien en el mundo de los negocios, donde otros, que no tienen más condiciones que él, se mueven con mayor facilidad y logran instalarse de una manera más cómoda.

Llewyn deambula por la vida sin encajar en ningún lugar y en esta historia no hay un conflicto que presente nudo y desenlace, es simplemente una historia circular que empieza por el final, luego viene un largo racconto, para concluir en la escena con la que se inició.

“Balada de un hombre común” relata lo que sucede en la vida del joven durante apenas cuarenta y ocho horas, en las que parece buscar algo, una oportunidad, materialmente representada por la expectativa de conseguir un trabajo que le permita vivir de lo que le gusta y sabe hacer, que es tocar la guitarra y cantar. Pero las cosas no le salen como quisiera, tampoco sus amigos pueden hacer mucho por él ni su familia (padres ancianos y una hermana no muy acequible) será de gran ayuda.

A veces parece sabotearse a sí mismo, otras veces parece confundido, desorientado. O es demasiado ambicioso o cae en un orgullo autodestructivo. Cualquiera sea el nudo del conflicto, Llewyn es un personaje oscuro, un antihéroe, que tampoco tiene una vida afectiva satisfactoria, un perdedor.

La narración es circular. Empieza como termina y en el medio, el personaje ha ido de aquí para allá, sin resolver ninguno de sus conflictos, en un gris invierno neoyorquino que acentúa la sensación de tristeza y soledad.

No es de las mejores películas de los Coen, pero conserva el atractivo de la marca.

buena

Balada de un hombre común

  • “Inside Llewyn Davis”, Estados Unidos-Reino Unido-Francia, 2013; hablada en inglés. Dirección y guión: Ethan Coen, Joel Coen. Fotografía: Bruno Delbonnel. Edición: Ethan Coen, Joel Coen (como Roderick Jaynes). Elenco: Oscar Isaac, Carey Mulligan, Justin Timberlake, Ethan Phillips, Robin Bartlett, Adam Driver, Jeanine Serralles, John Goodman, Murray Abraham. Duración: 104 minutos. Calificación: Sólo apta para mayores de 13 años con reservas. Se exhibe en el América.