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De domingo a domingo

La épica del relato y las reglas de juego

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No han faltado en estos días argumentos manipuladores, ya sea de parte de los fondos-buitre contra la Argentina o de los argumentos nacionalistas del gobierno, que algunos han catalogado como la “malvinización de la deuda”. En la foto, el ministro Axel Kicillof en Nueva York.

Foto: Archivo El Litoral

 

Hugo E. Grimaldi

(DyN)

“Faltaban apenas dos minutos y el equipo de fútbol del pueblo tenía todas a favor para empezar a sacar otra vez la cabeza, después de tantos años de no jugar con nadie. Lo necesitaba imperiosamente para generar ingresos y para levantarle la moral a la gente. Venía de ganar algunos partidos hasta llegar a esa final, para la que había elegido el campito y puesto el referí. Hasta pudo imponer la pelota, la única que había en esa comarca desvalida. El cero a cero lo favorecía. Todo estaba dado para la sonrisa, hasta que el diablo metió la cola y el árbitro cobró penal. En contra, por supuesto. Hubo infinidad de protestas, manos revoleadas y sensación de injusticia, cuando todo estaba dado para la vuelta. Cosa juzgada, el 9 contrario puso la pelota en un lugar donde alguna vez se había pintado un punto y se preparó para la ejecución. No sólo el ascenso estaba en juego, sino también el honor del pueblo. Entonces, Chiquito Axel, el rubiecito fantástico, atajador de mil entreveros, dio doce pasos al frente, se agachó, palpó la pelota y amablemente, le clavó un punzón”.

La presidente de la Nación se ha embarcado en una guerra santa contra el capitalismo y ha encontrado en una de las expresiones más aberrantes del mundo financiero al enemigo perfecto para echarle las culpas del proceso que ha llevado a la Argentina a un nuevo episodio de cesación de pagos: los fondos-buitre y su eventual connivencia con la Justicia de los Estados Unidos, corporizada en el octogenario Thomas Griesa.

Mientras haya quién se la crea

Y lo ha hecho a su estilo, al todo o nada, aprovechando que la oposición se ha vuelto a hacer bicho-bolita y mirando cómo la favorece la repercusión interna de la eventual patriada, aunque el futuro se le pueda poner negro, apenas las consecuencias de la decisión empiecen a manifestarse. Es conocido lo veleta que son las encuestas cuando el bolsillo está en juego, sobre todo porque la sensación generalizada es que el gobierno hoy está enfocado en un solo tema, que los funcionarios están paralizados y que no se hacen cargo de los problemas que ha generado el modelo y de los que se van a manifestar de ahora en más, cuando el mundo se termine de cerrar.

Es más, Cristina Fernández ya ha dicho que pretende salir de la situación con más de lo mismo, manteniendo los mismos fundamentos que ya traían a la economía a los tumbos: gasto, emisión, demanda agregada y cepo cambiario. No mucho más, aunque para responsabilizar de todos esos desatinos de larga data a los fondos-buitre, a Griesa, a la prensa, a banqueros y empresarios y a las fuerzas ocultas que pretenden desestabilizar siempre habrá tiempo, mientras haya personas que lo crean.

Se sabe además que, en las guerras, la acción psicológica es fundamental y que se trata de una forma de desarmar al enemigo bajándole la moral. Para ejecutar estas operaciones se tiran las reglas y se hace un relato donde vale todo: la negación, las mentiras, la manipulación, las falsas interpretaciones o aún las exageraciones y si hay que pinchar la pelota para que el partido no siga se hace, siempre y cuando se tenga a mano una explicación.

La “malvinización de la deuda”

Justamente, han sido los argumentos amañados los que no han faltado en estos días de definición, ya sea de parte del bombardeo que hicieron los fondos-buitre contra la Argentina o de los argumentos nacionalistas del gobierno, que algunos han catalogado como la “malvinización de la deuda”. En este sentido, siempre se intentó llenar el espacio con la épica para darle alimento a la opinión pública, muchas veces distrayendo, como por ejemplo, con la polémica “default sí, default no” y en general aprovechando este tan delicado tema para bajar del escenario otras cuestiones que tienen al gobierno al borde del incendio: Boudou, la inseguridad, el derrape económico, etcétera.

Es sabido que los episodios de la semana han abierto además una grieta dentro del elenco gobernante en cuanto a la metodología a llevar a cabo para evitar el default o como se llame y que no es lo mismo lo que piensan Carlos Zannini, Jorge Capitanich y el presidente del BCRA, Juan Carlos Fábrega, que lo que influye Axel Kicillof, hoy por hoy, numen, escudero y ejecutor de la presidente.

En este punto, los analistas se devanan el cerebro para dilucidar cuál es el origen de las múltiples muletillas comunes que usan ministro y presidente, repitiéndose a sí mismos de modo constante y dónde está la usina de pensamiento.

La presidente misma se hizo cargo de hacer la difusión hacia la militancia más activa, la que todavía, embelesada con algunas utopías, no cuestiona ni se pregunta nada.

Ya sin cláusula Rufo

Mal que le pese a la Argentina y al gobierno, ellos fueron los ganadores del juicio que hicieron para cobrar 100% de los bonos que tienen en su poder, nada menos que en la Justicia del país que aquí se eligió para dirimir las eventuales diferencias. También afirmó que el juez “delegó” o “tercerizó” en los holdouts la potestad de otorgar la cautelar, cuando en realidad lo que ha hecho Griesa en cada ocasión fue preguntarle a los ganadores si están dispuestos a pedir ese remedio que suspende la sentencia. Ellos dicen invariablemente que “no” y se supone que es como factor de presión de la propia negociación. Debido a todos estos deslices nada ingenuos y por qué no, también a algunos insultos encubiertos, Griesa reaccionó el viernes y amonestó a la Argentina desde la sede de su juzgado: “Se han emitido declaraciones públicas altamente engañosas. La República (Argentina) tiene dos obligaciones contractuales básicas. No una, sino dos. La primera, la obligación con los bonistas que reestructuraron la deuda y la segunda obligación es con quienes tienen derecho a la sentencia”, le refrescó el juez a los abogados.

Donde el ministro pinchó otra pelota con sus dichos en aquella rueda de prensa fue sobre la negociación que, en paralelo, con su entrevista con los holdouts, un grupo de bancos y empresas argentinas tenía también en Nueva York con los bonistas del NML Capital, fondo que lidera el financista Paul Singer. Los privados compraban toda la deuda ahora y a partir de enero, ya sin la cláusula Rufo, que reconoce a todos los bonistas la mejora que impone el fallo, negociaban el pago con el gobierno.

Cuando ya estaba todo listo para cerrar la compra, con un pago a cuenta de 200 millones de dólares y con las cuotas siguientes determinadas para septiembre, noviembre, enero y febrero, con el compromiso de aceptar stays parciales atados a cada vencimiento, el ministro ninguneó el eventual entendimiento “entre privados” con la excusa de evitar la Rufo. Entonces, el default se precipitó sin red.

¿Plata de los bancos o de los depósitos?

“Kicillof petardeó el acuerdo. La comitiva se vuelve”, dijo desde el otro lado del teléfono el mismo día 30 alguien muy cercano a la negociación, quien el día anterior había aportado la primicia de que se trataba de una “compra” y no de una garantía, tal como señalaban por entonces los medios.

Esa tarde del jueves, mientras se afirmaba que estaba todo cerrado, el ministro planteó que no se le iba a pagar a nadie y enredó la cosa con argumentos que horrorizaron a quienes estaban negociando por Adeba. Cómo avanzar si en enero peligraba la devolución de los fondos.

“Los banqueros argentinos no se presentaron a la reunión, no fueron. Entonces, si era cierto que existía, igual de cierto es que eso hoy no ocurrió. No ocurrió porque decían algo así como que los plantaron”, macaneó Kicillof. Al día siguiente él y la presidente afirmaron que todo había sido una maniobra para hacer negocios “con la plata de otros”, transmitiendo un concepto “malvado” ya que, según juraron desde un banco, los fondos que ponía cada entidad salían de “nuestro propio patrimonio y no de los depósitos”.

“No queríamos ni perder ni ganar, sólo ayudar con algo que había sido hablado con el gobierno, tanto que un enviado de Zannini estuvo en la mesa de Nueva York. Nos dicen que queremos hacer diferencias con los bonos y el 90% de lo que figura en los balances como títulos públicos son Letras del Banco Central”, dicen indignados los banqueros. En el mundo empresario existe también la íntima convicción que lo de la cláusula Rufo es una excusa que pone Kicillof para no pagar nunca el juicio, ya que cuando ellos habían encontrado la forma de salvarla, quedaron como rehenes de una interna descomunal que habita la Casa Rosada. La tercera pelota simultánea que pinchó Axel.

 


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