Edición del Domingo 04 de enero de 2015

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La campaña infinita - Edición Impresa - Opinión Opinión

Mirada desde el sur

La campaña infinita

Raúl Emilio Acosta

Todo comenzó cuando se derrotó al fraude patriótico. El voto se consolidó como herramienta política con el mandato de Perón: “Corten los alambrados, salten las tranqueras, pero voten”. El voto es un pensamiento político y una acción vital en sí misma.

El mandato más importante de Perón, para la consolidación de la democracia liberal, fue insistir con el voto.

Hasta Lanusse, cuando en una bravata contraoferta una fecha de residencia para ser candidato, habla de candidatos para una elección democrática (“le dio el cuero, le dio el cuero”). La contrapartida fue una frase histórica y muy desgraciada: “Las urnas están bien guardadas”.

Cuando la señora CFK dice votá, ganame y hacé vos lo que quieras (si bien no son sus palabras exactas, ése ha sido el sentido de sus desplantes electorales) lleva a la exasperación el valor del voto. “El que gana manda y el que pierde acompaña al eslogan conciliador entre sectores” lo convirtió, la viuda, en el arbitrio que irrita: “El que gana manda y el que pierde obedece”.

Esta sujección al voto se ha convertido, en el siglo XXI, en la condicionante que define comportamientos sociales. Los supuestos, los posibles, los necesarios votos fabrican enojos y humillaciones entre actores. También alianzas impensadas. Rescatemos el remanente: el voto vale. De un modo formal y traicionero para muchos, aún se lo considera un pensamiento político al que hay que subyugar. Ojalá nunca crucemos ese límite.

Encuestas, “focus group”, las falsas encuestas de portales y programas, todo el armado real y estrafalario sobre el afecto por candidatos posibles está dirigido a dos cosas: 1) Grado de conocimiento. 2) Intención de voto.

Creen, muchos, que el futuro de la comuna, la intendencia, la provincia y el país es previsible. Ja. De la Rúa y NK son dos ejemplos de la imprevisibilidad del voto.

La mínima diferencia de almanaque entre una elección y otra puso a los candidatos en posición de seductores (del voto). Todo acto de gobierno se considera acto de campaña, por parte del oficialismo. La inversa, todo acto de gobierno es la base de la crítica de la oposición. Una campaña infinita mantiene al discurso en posición de debate, de controversia.

Somos raros. Nuestra presidente, enterada por sus acontecimientos personales (su hijo la hizo abuela) modificó calendario, cantidad y calidad de las vacunaciones infantiles e hizo de eso, atender y mejorar la salud de los habitantes, que es una obligación del mandatario, un acontecimiento político partidario. Pidió votos por vacunas. Ojalá hubiese sido abuela en 2003. Una rareza más.

El gobernador Urtubey en Salta, como el gobernador Bonfatti en Santa Fe, arrancan un año en que la secuencia electoral, entre inscripciones partidarias, internas y generales, nos llevan desde enero a octubre sin pausa.

Es lícito pensar que cada gobernante es parte de una campaña para quien lo suceda o para la continuidad (siempre peligrosa). No se llega a la actividad política como a un acontecimiento impensado o inusual. Algunos casos eliminan el absoluto de esta afirmación (Clotilde Acosta -Nacha-, una de ellas).

Los mejores candidatos (nombres) son los que resumen mejor grado de conocimiento y mayor intención de voto. La deformación aparece cuando el grado de conocimiento es muy alto para quien no es integrante de partido alguno, sino simple entusiasta, pero absolutamente conocido.

Seduce la posibilidad. Quien es muy conocido socialmente, pero sin pasado político, no tiene un porcentaje alto de rechazo. En la suma de los más y los menos sus “positivos” resaltan.

Recuerdo el año: 1994. En esa oportunidad me invitaron a participar políticamente, de modo activo y partidario, en las siguientes elecciones. La oferta continúa. Futbolistas, actores, conductores de televisión, periodistas, son/somos permanentemente invitados a participar (de otro modo) en algo que nos cruza día por día: la administración de la cosa pública.

La pregunta es: ¿por qué? La respuesta es que el nombre conocido ahorra dineros y esfuerzos. En una campaña infinita los jefes políticos de los nombres conocidos redoblan su “positivo”. Ni bien ni mal. Scioli, Irma Roy, Reutemann, Brandoni, Morgado, Del Sel, Cardozo, Anita Martínez, Betanín, Baldassi, Artaza, Susana Rinaldi, Castrili, Jorge Asís, Milanessio,“Palito” Ortega. Resultados diversos. Después de “la primera vez”, la cuestión es permanecer y transcurrir y, como dice Eladia Blázquez: honrar la vida. La vida, que es una campaña permanente.



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Domingo 04 de enero de 2015
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