Edición del Domingo 15 de febrero de 2015

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Cristina y el periodismo III (Final) - Edición Impresa - Opinión Opinión

MIRADA DESDE EL SUR

Cristina y el periodismo III (Final)

RAÚL EMILIO ACOSTA

El antecedente más directo del comportamiento del periodismo y el peronismo debe buscarse en Perón, su aparato de prensa y difusión (propaganda) y el país.

Una formación especial que cuidaba el mensaje. Editoriales e imprentas propias. Expropiaciones. Vigilancia de las informaciones. Era un país.

El kirchnerismo, básicamente su fundador, Néstor Kirchner, remite a aquellas rencillas con periodistas y políticos opositores. Políticos presos. Editorialistas que replicaban a la “oposición”. Los “contreras”, decía Perón que blanqueó el aprovechamiento de todos los medios existentes a los que sumó la presencia de la televisión, inaugurada para un uso político partidario que no ha perdido.

Tal vez el punto más fácil de ver y difícil de explicar es Cristina Elizabet Fernández de Kirchner, heredera del entramado político económico de su esposo. En su carácter de viuda, heredó todo. La infinita riqueza y un andamiaje complicado para su formación intelectual.

No hay biografía que se atreva a colocarle lecturas superiores o, siquiera, sistemáticas.

No es CFK una intelectual o una ensayista, una lectora empedernida o una entusiasta del conocimiento.

No fue una militante de “género”, ese aluvión que ha dado vuelta el mundo occidental en los últimos 25 años.

Practicante de Sygmunt Bauman, CFK es una política líquida que vive en las entrañas del poder hace más de 20 años. El poder tiene una trifulca con la información que sale de cuartos, pasillos y despachos. Acomodarla para el propio beneficio es necesario. Traducirla. Nunca más útil la palabra. El poder necesita “traducir” la información.

En CFK, esa traducción, esa traición se exacerbó. No es una mala traducción, una traición es un desfalco. Aparece otro texto. El relato de los acontecimientos (se ha dicho, el relato K es siempre sobre el pasado, nunca anuncios del porvenir, siempre re-lectura de los hechos sucedidos, su interpretación, su relato).

Ante la posibilidad que, al traducir, algo se “cuele” de la verdadera índole de los acontecimientos, mejor es relatarlos de comienzo a fin. Otros. Los propios.

Es directa la conclusión. Cualquier informe periodístico, cualquier texto altera el oficial. Si no existe, mejor.

Cristina es una importante vocera del relato, no es la única. Los diversos elementos del relato son “voceados” por quienes mejor pueden narrar.

Hebe de Bonafini es importante. No es un papel de reparto (ejem) sino de dama principal. Los derechos humanos, tomados como originantes, como reivindicados por el grupo K han sido/son fundamentales.

El Ejército es importante. El culto a la personalidad. La adulación constante. Las cifras de la economía alteradas, distorsionadas y dispuestas para el uso personal.

CFK, desprovista de formación intelectual y grado de conocimiento, queda sola en el poder y debe “contar” sus actos. Desfigurarlos. Esconderlos. Los amanuenses son imprescindibles.

La doctrina amigo-enemigo define la vida de Cristina. A veces uno logra imaginarse el “espejito, espejito” y la rotura de los espejos, como en el cuento de la viuda, las hijas y Cenicienta. Argentina es la Cenicienta. No hay zapatito que nos venga bien. Soñamos con un príncipe o un papá. Estamos condenados a que alguien nos cuente qué pasa. Condenados al relato.

Hace demasiado tiempo que CFK está dentro de su relato. Es probable que no quiera salir del mismo. Como puede ser que no sepa.

El periodismo, en el comienzo de esta pelea por la información (el poder, la información otorga poder, ésta es una pelea por el poder, entonces) simplemente daba cuentas de los actos según su posicionamiento (ya está dicho que el periodismo no es independiente -ni inocente-) y poco a poco, por el sólo hecho de informar, de narrar de modo diverso, fue ubicado en el sitio del “enemigo”. El periodismo aceptó el sitio por razones empresariales, filosóficas, estructurales y de egoísmo y vanidad.

El periodismo está enfrentado al régimen de CFK y la sociedad acepta que hay una lucha de poder que usa la información como el elemento de cargo. Todo dato suma al relato y, debe decirse así, el “contrarrelato” que termina siendo una reformulación.

El periodismo, cuando cuenta los casos de corrupción, el increíble enriquecimiento ilícito de Cristina, cuando asimila el gobierno a un régimen alejado de la democracia liberal y próximo a la promiscuidad política, indica que aceptó la pelea. Acaso la gane. En ese triunfo, están las preguntas que deben incomodarnos.

Dos problemas sustanciales, acaso sin solución. No es Cristina una intelectual que desarrolle una línea de pensamiento. Es una viuda que heredó un trono. ¿Cuál era su pelea? No es “el periodismo” un San Francisco de Asís que libere pajaritos. Cuando se vaya CFK el poder quedará de un lado. El orgánico. El nuestro. Qué hacer con ese poder es una respuesta sin preguntas. Ninguna.



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Domingo 15 de febrero de 2015
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