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Un mundo de oportunidades

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Claudia Susana Funes

Integra el Movimiento Los sin Techo y es maestra jardinera, una tarea que -asegura- involucra un fuerte compromiso con los primeros años de vida de niños y niñas en todos los contextos, más todavía en los más humildes. En ella, un homenaje a todos los docentes de nivel inicial que el jueves pasado festejaron su día y el día de los Jardines de Infantes.

TEXTOS. NANCY BALZA. FOTO. GUILLERMO DI SALVATORE.

 

PRIMEROS PASOS. “Me recibí hace 18 años. No estudié cuando terminé la secundaria, sino de más grande. Ya estaba casada, tenía los- tres nenes, el más chico de 6 meses y estudiaba mientras él dormía. A los 6 meses de recibida entré al jardín de Los sin Techo de Varadero Sarsoti”.

BUENAS INFLUENCIAS. “Mi mamá fue maestra y yo decía que no iba a seguir esa profesión jamás. Empecé una Licenciatura en Ingeniería Informática y dejé, cursé un año de Abogacía y tampoco me gustó. Después de separarme necesitaba empezar a trabajar: empecé como ayudante de cocina en las escuelas y, a la par, estudiaba. En ese momento supe que quería ser maestra jardinera. La impronta de trabajar con gente de escasos recursos viene también de mis padres. Los dos eran militantes de un partido político y vivíamos pendientes de todo el trabajo social con la pobreza. Mi mamá empezó en la escuela 1.130 de Pompeya cuando era una prefabricada con piso de tierra y yo la acompañaba a los actos. Todo eso marcó la idea de trabajar en Los sin Techo y de buscar una nueva posibilidad para los chicos”.

RECORRIDO. “Mi cargo es de directora en funciones de vicedirección, y trabajo con Nilda Díaz en los jardines de la zona sur. Empecé como docente en Varadero Sarsoti, seguí en Los Hornos, en barrio Chaqueño y ahí me ofrecieron entrar al programa Centro de Desnutridos como coordinadora, un proyecto financiado por España en el que estuvo trabajando el Dr. Carlos Parola que fue ministro de Salud de la provincia y la profesora en Estimulación Temprana Sandra Rojas. Fue un trabajo muy lindo durante el tiempo que duró el proyecto”.

NUEVAS PEDAGOGÍAS. “Estudié una Licenciatura en Ciencias de la Educación (que todavía no terminé) y doy gracias a Dios por la posibilidad de investigar a partir de este proyecto. En el Movimiento las maestras somos investigadoras porque vemos la realidad de cada niño y tratamos de buscarle una nueva posibilidad. Veíamos que había mucha deserción escolar o los padres no traían a sus hijos al jardín y empezamos a pensar qué pasaba y a mirarnos hacia adentro como institución. Eso implicó evaluarnos y reflexionar sobre nuestra propia práctica para ver dónde estábamos fallando. Ya estábamos trabajando con el método Montessori y buscamos otra alternativa.Tuvimos acceso a la pedagogía Reggio Emilia (Italia) que toma distintos elementos para que el niño pueda ser atendido desde sus múltiples capacidades”.

INDIVIDUALES Y DIFERENTES. “Tuvimos que modificar nuestros viejos esquemas. Cada niño es diferente, viene con un bagaje cultural y social impresionante, y si a todos les damos lo mismo es imposible que puedan aprender. Empezamos a trabajar a partir de esta realidad: todos son individuales y diferentes, y cada uno tiene una riqueza y un potencial impresionante. Pero también nos dimos cuenta de que teníamos que cambiar nuestros esquemas mentales, trabajar sobre nosotras y después empezar los cambios sobre los edificios que también son estructurados. En ese sentido era necesario poner los materiales al alcance de los niños y proponer otros espacios de trabajo. Los primeros sorprendidos fueron los chicos; las maestras y los directivos nos fuimos adaptando y los padres también. Logramos tener la matrícula completa, que los niños permanezcan todo el año sin cansarse y durante toda la jornada sin agotarse”.

PONER EN PALABRAS. “La consigna es trabajar sobre la parte introspectiva, en la manera de socializar con el otro, cómo se siente un niño si le pegan, cómo se siente su compañero, ponerse en la piel del otro y poner en palabras lo que les duele. Fue un trabajo de inteligencia emocional. Cuando los chicos no son escuchados no pueden expresar lo que sienten. Logramos que los niños del jardín no se peleen tanto, y que puedan trabajar en armonía. Nos planteamos un cambio y no esperábamos que fuera tan intenso. Después el desafío será cambiar el contexto”.

LA PRIMERA EDUCACIÓN. “Es necesario que el niño vaya a un jardín materno. Cuanto más pequeño es, mayores son las posibilidades de aprender porque cuando empieza a tener contacto social con sus pares aprende a relacionarse mejor. Ahora hay mayor una conciencia de que los niños tienen que ir al jardín. Antes nos decían que eran muy chiquitos y que era mejor si empezaban a los 6. A esa edad llevaba todo un tiempo enseñarles a movilizar la mano y a escribir. Ahora ya saben escribir la fecha, su nombre y apellido, diferencian cantidades. Hemos evolucionado mucho en ese sentido.”.

poner color. “Los nenes de barrios periféricos tienen necesidades básicas para satisfacer. A lo mejor el niño llega al jardín sin haber comido el día anterior; entonces necesita al menos un refuerzo de un desayuno. Son nenes que a partir de la telefonía celular y las computadoras acceden a la tecnología, pero unos años atrás ese tema no estaba resuelto. Sí estamos trabajando en el acceso a la cultura general, al arte, a la música, porque lo que se ve en el barrio no es lo mismo a lo que pueden acceder chicos de otro nivel. Si bien con este último gobierno municipal se crearon solares con distintas actividades, eso es ahora. Vemos que hay necesidad de ponerle color a las cosas porque su entorno no lo tiene: allí todo es marrón oscuro o gris”.

LA BRECHA. “Tenemos proyectos en los cuales los niños manejan los celulares para sacar fotos o filmarse entre ellos. Pero las diferencias son grandes. El padre Atilio Rosso decía que había que apostar a la educación desde la más temprana edad porque iba a achicar brechas en el conocimiento y en las posibilidades de unos y otros. La educación se ha jerarquizado pero tenemos desfasajes en las escuelas de los barrios donde se tienen que atender, primero sus necesidades básicas insatisfechas”.

LA “SEÑO”

“Mi carrera es de Docente de Nivel Inicial, soy ‘Seño’ de Nivel Inicial. Estudié en el Normal de Santa Fe con unas profesoras espectaculares que nos hicieron abrir la mente para ver que había otras posibilidades y que esta es una carrera en la que nos tenemos que involucrar socialmente”.

EN LOS GENES

“Me encanta mi profesión, y si bien antes decía que no iba a ser maestra, recuerdo que mi mamá Ana María corregía evaluaciones y yo me sentaba a la par a cebarle mates y le decía si encontraba errores. Cuando empezó el cambio de educación de la Ley Federal, ella fue una de las primeras en estudiar informática e hizo tutorías para ayudar a los niños a acceder a la tecnología”.

CAPACITACIÓN

“Es importante mejorar en la carrera. El médico se cualifica, el abogado también y el docente lo tiene que hacer. Y además de capacitarse, tiene que llevarlo a la práctica: la reflexión entre la teoría y la práctica nos da la posibilidad de adaptar nuestro trabajo al contexto”.

LA FAMILIA

“Para poder desarrollarse en la vida, siendo no solo ama de casa sino también profesional, se necesita el apoyo de la familia. Y la mía me apoyó muchísimo”.

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