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De domingo a domingo

El presidente a veces trastabilla, aunque maneja el rito del juego

por Hugo Grimaldi

DyN

Le queda pendiente a las nuevas autoridades algo más delicado, que excede los tiempos de la luna de miel, como es el proceso cultural de reemplazo del proyecto populista y estatista del kirchnerismo de corazones, mentes y bolsillos.

No es un partido de fútbol, pero es bastante difícil escapar a la tentación de sumar goles a favor y en contra de Mauricio Macri en esta pasada segunda semana de gestión.

Pero, más allá de lo subjetivo y aun si el repaso le diera en contra al Presidente, hay un potente elemento que se ha hecho presente en el grueso de la sociedad y que, al menos mientras dure la luna de miel, le haría ganar aunque sea el desafío a través de la serie de penales: el alivio que produce la salida del ambiente de convulsión constante que fue marca registrada del kirchnerismo vale triple.

En este sentido y tal como lo haría un DT que sabe que los partidos los ganan quienes imponen el ritmo a partir de la posesión de la pelota, Macri y su equipo están marcando los tiempos. Así, decidieron salir de golpe del cepo y sin mayores problemas inmediatos, con suba de reservas todos los días, aunque con un preocupante deslizamiento del blanqueo del salto cambiario hacia la inflación.

Todo ha sido tan pragmático en la circulación del balón que, por ejemplo en estos temas, la sintonía ortodoxa de tasas que viene haciendo el Banco Central va a convivir por un tiempo con una versión menos exigente de los Precios Cuidados.

Tampoco tuvo muchos problemas Macri a la hora de retroceder algo para no forzar la máquina con el nombramiento por Decreto de dos ministros de la Corte. En ese sentido, se nota que el Gobierno tiene un sistema de alarmas que detecta con rapidez los efectos no deseados, daños colaterales que está dispuesto a subsanar. Lo que se observa es que algunas cosas salen mal, que otras se emparchan y que a veces hay defectos de construcción, pero que todos los días el Gobierno elabora algo y es notable como el alivio que respira la sociedad permite disimular bastante bien algunos tropiezos y divergencias.

En esta línea de apreciación positiva del clima de remanso, al que quizás no ha sido ajena la Navidad y la oportunidad de reencontrarse en familia, no solamente están los votantes de Cambiemos, sino también muchos de aquellos quienes se inclinaron por Daniel Scioli, peronistas que creen que el kirchnerismo, que perdió la Presidencia y regaló la gobernación bonaerense, se cocinará en su propia salsa de revanchismo y se irá diluyendo rápidamente.

Este modo mucho más sincero que tiene el nuevo gobierno de encarar los problemas sin ponerlos debajo de la alfombra, tal como sucedía en el pasado, posee un segundo elemento que juega a favor de la propuesta que busca dejar atrás el agitado fin de ciclo que propuso el kirchnerismo: a la inversa del tema cambiario, Macri parece haber decidido que, en materia de desguace del Estado ineficiente y corrupto que heredó, nada se resuelva de cuajo. Así, probablemente el Gobierno busque aprovechar el revoleo monetario y el desborde fiscal del fin de ciclo anterior para sostener el consumo durante parte del verano, para aportar tranquilidad por un rato. Es, en verdad, un modo de patear la pelota hacia adelante, aunque un seguro salvavidas de plomo si las autoridades se engañan con ese confort, aunque, por el momento, la decisión sería no irritar al conjunto.

Sin crispación

Esta estrategia de bajar un par de cambios para evitar una nueva, aunque más delicada crispación, la del bolsillo, iría en sintonía con otra que trascendió durante la semana, adjudicada al asesor Jaime Durán Barba, como sería la de acallar por un tiempo los casos de supuesta corrupción que pudieren encontrarse en algunas dependencias, por más que los Tribunales están más que activos antes de la Feria para poner el acento en causas judiciales bien críticas para el gobierno que se fue. Ya llegará el tiempo, se especula políticamente, en que ese tipo de denuncias bien podrían servir para sembrar humo ante los dolores que fatalmente van a provocar los ajustes que llegarán cuando el juego tome mayor velocidad.

Le queda pendiente a las nuevas autoridades algo más delicado, que excede los tiempos de la luna de miel, como es el proceso cultural de reemplazo del proyecto populista y estatista del kirchnerismo de corazones, mentes y bolsillos. Tienen en claro que ese objetivo será posible sólo si demuestran que son mejores y esto es lo que dicen proponerse construyendo desde la eficiencia y desde ese cambio de modales que ha caído tan bien.

Y si de fútbol se habla, la potente aceptación social de este viraje hacia el relax, valor que derramó de arriba hacia abajo desde el primer discurso de Macri ante el Congreso, se ha percibido como algo muy claro durante los últimos días, potenciado porque cada declaración plañidera, crispada o aún falsa que buscó alterar el nuevo clima de época ha dejado notoriamente en off side a quienes sacaron a relucir las viejas artes y se volvieron a mostrar en el ya gastado rol de rabiosos de la película.

De esta manera, Martín Sabbatella, los diputados más radicalizados del Frente para la Victoria (FpV), Hebe de Bonafini, Máximo Kirchner, los panelistas de “678”, aquellos quienes agitaron el conflicto de Cresta Roja o la mismísima canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, quedaron más que expuestos y se transformaron en desubicados voceros de algo que el grueso de la población archivó, al menos momentáneamente, el 10 de diciembre.

El Gobierno, agradecido. El show anti-Macri fue iniciado el lunes pasado, en Asunción, por la representante de Venezuela con un embuste fenomenal más propio del relato populista que de las formas diplomáticas. En la primera reunión del Mercosur a la que acudía el nuevo presidente argentino, la bolivariana se despachó con un insólito “yo entiendo que quiera pedir la libertad para estos violentos”, tras la insistencia del presidente argentino en solicitar la liberación de los opositores encarcelados por el gobierno de Nicolás Maduro, tema que los demás países no consintieron poner en la declaración final de la Cumbre.

Pero, todo no quedó allí, ya que, o por desinformación o por mala fe, la canciller subió la apuesta y mirando directamente a Macri, le dijo que “lo entiendo porque sé que uno de sus primeros anuncios ha sido liberar a los responsables de las torturas, desapariciones y asesinatos durante la dictadura en Argentina. Sabemos también que en su ejercicio usted ha vetado leyes contra el trato injusto, la tortura y las desapariciones forzadas”.

Pese a que Brasil, debido a lo que mucho que aporta a su balanza comercial los negocios con Venezuela y los otros países, a pedido de Dilma Rousseff, habían blindado a Maduro, el ridículo del relato bolivariano fuera de tiempo y de espacio fue tan grande que, sin proponérselo, Macri recogió ese día una impensada victoria internacional surgida de un gol en contra de antología.

Dudas finales

Desde la política, el caso es que nunca quedó en claro cuántos son los legisladores que verdaderamente hoy están dispuestos a seguir al jefe de la bancada, Héctor Recalde, más allá de los ultra kirchneristas, quienes llenaron los medios con declaraciones casi calcadas. “Este modelo no cierra sin represión”, dijeron sobre lo sucedido a la entrada del aeropuerto de Ezeiza y “Un presidente electo que actúa de facto”, sobre la intervención del AFSCA, el organismo que debe velar por el cumplimiento de la tan controvertida Ley de Medios.

Puntualmente, en este último caso, el Gobierno justificó el desplazamiento de Sabbatella desde dos vertientes. En la letra fría de los 43 considerandos del Decreto, hay muchos elementos que permiten observar cómo la AFSCA no cumplía con su misión, ya que “desde 2009, no ha logrado avances significativos en el desarrollo de mecanismos destinados al cumplimiento de la materia”, se dice.

Según los expertos, al ser la AFSCA un organismo descentralizado y autárquico en el ámbito del Poder Ejecutivo, cuyo titular es designado directamente por el presidente de la Nación, es pasible de ser intervenido, sobre todo porque el organismo pasó a ser un “aguantadero” de militantes para darle lugar a gente de Nuevo Encuentro, el partido de Sabbatella, quien perdió no sólo la vicegobernación bonaerense, sino también la intendencia de Morón, a manos del esposo de la gobernadora María Eugenia Vidal.

En medio de todos estos tironeos, el allanamiento del miércoles y la salida de titular de la AFSCA aún no está firme, ya que deberá expedirse la Justicia, porque fue Sabbatella quien planteó una medida cautelar para que se dé marcha atrás con la intervención. Lo que hace más patética la situación, que vuelve a desacreditar al relato y darle aire a Macri, es que este tipo de amparos es un remedio que fue muy resistido desde el relato, cuando fue utilizado por el Grupo Clarín, por ejemplo.

El show anti-Macri fue iniciado el lunes pasado, en Asunción, por la representante de Venezuela con un embuste fenomenal más propio del relato populista que de las formas diplomáticas.



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