Edición del Domingo 13 de agosto de 2017

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Ingreso ciudadano universal, salud y educación para reducir la pobreza - Edición Impresa - Política | Economía Política

Rubén Lo Vuolo

Ingreso ciudadano universal, salud y educación para reducir la pobreza

El economista admite que hasta ahora vienen fracasando las políticas para mitigar el problema que afecta a un 30% de los argentinos. Los focos en las reformas tributaria, previsional y laboral.

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Lo Vuolo recomienda mirar a los países nórdicos que tienen estado de bienestar y poseen indicadores muy bajos de pobreza.

Foto: Guillermo Di Salvatore

 

Mario Cáffaro

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Santafesino aunque residente ahora en Ciudad de Buenos Aires; investigador, economista; visitante asiduo en universidades extranjeras y consultor de organismos internacionales, Rubén Lo Vuolo estuvo en esta capital invitado por el Cemupro como expositor del ciclo “Diálogos para el desarrollo y la igualdad de oportunidades”.

—La Argentina tiene un tasa de pobreza del 30% desde hace varios años. ¿Cómo hacemos para reducirla?

—Primero hay que tener una buena lectura de cómo se intentó hacer en el pasado con los resultados que estás señalando. No es que la Argentina no haya tenido políticas contra la pobreza, sino que ha tenido variadas políticas y que han dado resultados cíclicos que a veces se atribuyen a ciertas políticas del área asistencial y que no son ciertas y que ha dado recuperación del empleo como en los mejores años del gobierno anterior. Hay dos políticas que no van más: pretender que la pobreza se va a reducir por recuperación del pleno empleo, mucho menos por recuperación del empleo formal y, no entender que el problema de la pobreza ya se transmite generacionalmente.

Sobre estas dos hipótesis, sostengo que la pobreza se combate con dos brazos: el ingreso ciudadano universal, incondicional, que le pone un piso preventivo a los ingresos de toda la población y va a generar impacto incluso en el funcionamiento del mercado de empleo. La segunda tiene que ver con dos de los servicios públicos que hoy son más decadentes y más necesarios para enfrentar la pobreza: educación y salud. Durante el gobierno anterior que era retóricamente e, incluso en términos de gasto público, muy pro Estado, la salud privada y la educación privada crecieron exponencialmente en la Argentina. Esto está indicando que aquellos sectores que logran recuperar ingresos tienen preferencia por la salud y la educación privadas. Es una señal clara de que la salud y la educación pública hoy son un espacio de baja calidad y de desprestigio social. Esto es gravísimo. Además muchos de los ingresos de la gente se están gastando en servicios que deberían ser gratuitos, homogéneos, universales como ocurre en muchos países del mundo que han tenido éxito en reducir la pobreza. Si se analiza el funcionamiento del Estado de bienestar nórdico - los países con mejores indicadores sociales y económicos- tienen tres pilares: garantía de ingresos y garantías de acceso a servicios públicos básicos gratuitos y de alta calidad. La pobreza se combate fundamentalmente por este camino.

Después hay que empezar a modificar las normas de regulación del mercado laboral bajo los siguientes presupuestos: hoy estamos en condiciones de trabajar mucho menos que en el pasado porque lo permite la tecnología. El problema fundamental de la estructura y del funcionamiento del mercado del empleo es que hay gente que está sobreempleada y gente que está desempleada. Hay que buscar nuevas formas de distribución de las formas del trabajo disponible. Que la mayor parte de la población trabaje menos para que puedan acceder quienes trabajan poco y nada al mercado de empleo. Hay que cambiar la estructura del mercado del empleo: cuando se piensa en la recuperación del empleo, gobiernos de cualquier signo, apuntan a viejos sectores productivos incluso vinculados a la especulación: la construcción, ciertos sectores industriales fuertemente demandantes de mano de obra como el automotor que no le cambian la ecuación a la productividad ni a la competitividad del país y que además no están en la matriz productiva y generadora de empleo de la modernidad. Hoy hay que apuntar a servicios de alta calidad donde los servicios de relación personal como se los llama en la jerga técnica (salud y educación) son clave. Hay un espacio enorme para generar empleo en servicios de relaciones personales que generan una mayor calidad en la población y que tienen impacto positivo sobre los sectores más vulnerables a la pobreza.

La pobreza se combate con un paquete de políticas de este tipo y no con programas asistenciales ni cooperativas de trabajo que se ubican en actividades absolutamente improductivas y que no garantizan el acceso de quienes están allí al mercado de empleo. Esta óptica parece estar ausente en los debates de la Argentina.

—¿La educación es clave para salir?

—La Argentina tiene muchos problemas en el sistema educativo y el mayor lo tiene en la segmentación social y de calidad. Es un error haber permitido que el sistema se dividiera en escuelas pobres para pobres y ricas para sectores medios y altos. Hay una diferencia de calidad y debemos hacer un esfuerzo enorme para homogeneizar. El principal problema está en el secundario con altísima tasa de deserción que cuesta bajar y que tampoco lo hicieron con la Asignación Universal por Hijo, pese a lo que dijeron.

Hay varios problemas en el sistema educativo. Hay que concentrarse no sólo en la falta de formación de los docentes, de la falta de recursos de los alumnos, hay que ver la propia pedagogía al interior del sistema. El sistema actual no contiene el sentido que reclaman las nuevas generaciones, está vacío de sentido. No atrae, no genera movilidad social. Hay que presentarle el problema a los especialistas en el área. Muchos hablan de la falta de educación evidente de los sectores vulnerables pero pocos hablan de la falta de educación incluso de los ricos. La clase dirigente y los hijos de la clase dirigente son bastante incultos y son los que están dirigiendo el país. El problema no es sólo de la escuela pública, también hay falta de regulación de contenidos en la escuela privada e incluso de la escuela privada de elite, salvo raras excepciones.

El sector educativo en la Argentina hace tiempo está en crisis. Desde el debate que propició Alfonsín en el Congreso Pedagógico Nacional no ha habido un debate profundo sobre este tema tan fundamental.

-—Tras las elecciones se viene el debate sobre varias reformas. ¿Es posible una reforma tributaria con un agujero fiscal que tienen las cuentas públicas?

—La historia dice que es muy difícil hacer reforma tributaria en la Argentina. El resultado es un sistema tributario caótico, con superposiciones, lleno de exenciones absolutamente injustificadas una de las cuales es que la renta financiera no paga Impuesto a las Ganancias. El sistema recauda mucho en términos comparativos. Junto a Brasil estamos en los niveles más altos de recaudación en América Latina con una estructura absolutamente ineficiente, regresiva, con ausencia de impuestos clave en otros lugares del mundo que acá recaudan poco.

Es imprescindible hacer una reforma tributaria. No hay que plantear una baja de recaudación porque los niveles del gasto del Estado no lo permiten y mucho menos cuando hay cada vez mayor presión por parte de los servicios de la deuda a partir de esta explosión de endeudamiento del gobierno actual. Hay que plantear una reestructuración al interior que involucre al gobierno nacional y a los gobiernos locales. La reforma no debe ser sólo nacional, hay impuestos regresivos que son de los gobiernos locales. Algunas provincias dan preferencia al debate sobre coparticipación y no al debate sobre los impuestos.

—Se habla de Ingresos Brutos como un mal impuesto pero es la forma que tienen las provincias de sostenerse.

—Estoy pensando más en impuestos sobre las riquezas. La discusión está mal planteada y no puedo opinar mucho porque no se ha dicho nada de cómo la harán. Estamos en una situación fiscal muy complicada, con déficit alto y no hay mucho margen para bajar la recaudación. Deberíamos bajar ciertos impuestos que son absolutamente distorsivos: tasa alta de IVA, impuestos internos donde el caso de los combustibles es clarísimo, e ir por impuestos de otra base mucho más progresiva y más sustentable en el tiempo. Lo que perdura en el tiempo es la riqueza, lo que se mueven son los ingresos, los flujos. Habría que tener alguna reestructuración en ese sentido.

—También se habla de reformas laboral y previsional.

—Hace falta más una reforma laboral que previsional, aunque hacen falta las dos cosas. La laboral está mal planteada. Hay dos datos exógenos: uno que en la Argentina los sectores de la clase trabajadora están muy fragmentados, separados, hay sectores que tienen una altísima cobertura de derechos sociales y derechos económicos y otros que no tienen ninguno. Esto no lo ha logrado superar ningún gobierno. Se insiste con algo que ya ha fracasado que es formalizar a los sectores informales y que esto es un problema de fiscalización y de inspección. La historia ha demostrado que esto no es así. La economía argentina está acostumbrada a funcionar con informalidad que construye sus costos y sus ecuaciones económicas sobre la informalidad y éste es un tema que hay que atacar. La segunda cuestión es fomentar empleos en sectores que hoy están carentes y bajar la presión sobre actividades que no tienen mayor futuro ni mayor posibilidad de evolución.

Hay que hacer una reforma laboral y hay que discutirla con los actores e implica ponerse a tono con debates que en la Argentina no han llegado como la reducción de tiempos de empleo. Esto no necesariamente significan menos de 8 horas en la jornada, pero puede ser mayor licencia por paternidad que hoy no existe, mayores vacaciones en lugares de tantos feriados cortados, etc. Son políticas que deben permitir redistribuir los tiempos de empleo que ya se están ensayando en el mundo con éxito y que acá no han llegado.

En materia previsional es una de las políticas donde la Argentina avanzó, con muchas dificultades. Tenemos cobertura muy elevada. Hay que hacer público un balance actuarial del sistema. Se hicieron reformas, sobre todo en el gobierno anterior, sin estudios sobre la evolución del sistema. Hay que cambiar algunos parámetros como la edad, aunque no siempre pensando en elevarla. Con las expectativas de vida esto suena razonable. Hay que repensar el sistema contributivo, qué componente va a ser componente básico y qué parte a las capitalización que surja del trabajo de cada uno. Se deben rediscutir especialmente los regímenes especiales. Uno de los problemas graves del sistema es que hay gente que gana jubilaciones muy por debajo de sus necesidades y, otra que está ganando fortunas siendo que en su vida activa ahorraron mucho y tienen capital propio.

Perfil

Rubén Lo Vuolo es investigador y economista. Es egresado de la Universidad Nacional del Litoral y de la Universidad de Pittsburgh. Dirige el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Cieep). Es autor de varios libros, el último de los cuales es “Políticas públicas y democracia en Argentina. Crónicas de un país que no aprende.”

Fue presidente de la Red Argentina de Ingreso Ciudadano (Redaic) y miembro del Directorio del Banco Ciudad de Buenos Aires. Ha sido investigador visitante en universidades extranjeras y consultor de organismos internacionales.

Encasillamientos

—¿Cómo definirías la política económica del gobierno actual?

-—No me gustan mucho los encasillamientos. Conceptualmente, conociéndolos a los funcionarios, abrevan en la ortodoxia neoliberal como fuente de inspiración y pensamiento. Uno de los ejemplos más claros es la política monetaria. Esa ortodoxia está adaptada a los tiempos políticos. Si uno mira los titulares que se discutían en la década del 90 vuelven otra vez a discutirse en los mismos términos. No hay nada novedoso en el discurso actual. Lo novedoso tal vez sean los métodos, los tiempos, los procesos pero tiene esa impronta con algunos extremos como la política monetaria. Siguen pensando que van a manejar la política monetaria con la tasa de interés y no entienden que la política monetaria en la Argentina no funciona con la lógica de la Reserva Federal norteamericana. Han planteado una política de metas de inflación y a los pocos meses estaba claro que no la iban a cumplir. Todavía no se ha presentado ninguna reforma importante y se está a la expectativa de que lo hagan. Los titulares que están anticipando son ‘costo laboral alto’, ‘ bajar impuestos’, ‘dejar que el tiempo de cambio se acomode a los mercados’. Son todos titulares propios de la ortodoxia neoliberal pero no encuentran que esos titulares se transformen en políticas concretas en un contexto político diferente y complicado.



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Domingo 13 de agosto de 2017
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