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Miércoles 30.05.2018 - Última actualización - 7:15
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Narco en pequeña escala

El "Zurdo": Un émulo del Patrón del Mal

Villarroel (57) “era el jefe, el presidente”. <strong>Foto:</strong> Flavio RainaVillarroel (57) “era el jefe, el presidente”.
Foto: Flavio Raina

Foto: Flavio Raina



Narco en pequeña escala El "Zurdo": Un émulo del Patrón del Mal

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Cinco mojones plantó el fiscal Martín Suárez Faisal para delinear el perfil narco-social del “Zurdo” Sergio Norberto Villarroel (57). Aunque destacó su origen “humilde” y “de infancia sufrida” en sus comienzos en Del Viso, provincia de Buenos Aires, no le dejó pasar el hecho de que reconociera que antes de desembarcar en Santa Fe, “hace como 30 años”, integrara la “barrabrava de Chacarita”, lo que consideró una confesión de parte como miembro de una organización mafiosa.


Para el acusador Villarroel no sólo era “el nexo común con el resto de los coimputados”, sino que en primer lugar “era el jefe, el presidente” como le decían por su rol de “refundador del club Defensores de Alto Verde”. De hecho “se nota un perfil de subordinación” para con él de parte de quienes eran “su brazo ejecutor”.


Si bien no era violento -los testigos sostuvieron que la red que tendía no utilizaba la fuerza para sojuzgar a su red de distribuidores-, “la extensión del daño causado” es altísimo en cuanto al alcance de distribución de drogas a nivel local y regional. Para ello contaba con contactos, adentro y afuera del país, que lo convertían en un narco de gran escala territorial.


Para ocultar ese extenso daño causado, Villarroel se construyó una coraza de “vecino solidario”. “Uno de los principales objetivos que tuvo fue penetrar en el entramado social” así como sucedió con Pablo Escobar Gaviria en Colombia, cuando era el rey de la droga en la década del 80 y 90. “La comparación es excesiva en cuanto a la escala, pero la idea puede encontrarse emulada”, dijo Suárez Faisal.


“Villarroel no trabajaba, más allá de ir a caminar con Gamarra” y “de cumplir con su rol de mecenas del deporte” en el club Defensores de Alto Verde, que era una institución que no cobraba cuota social para sostener sus gastos. En ese marco, desencajaba que llevara “una vida de lujos”, como definió la acusación.
“Disfrutó de un crecimiento desmesurado” con una casa de dos plantas, quincho y pileta a la vera del río, en la entrada a Alto Verde; tenía “una casaquinta con todas las comodidades en la calle más cotizada de Rincón”; “un terreno en Sauce Viejo”; y una flota de vehículos entre los que se destacan una Ford Eco Sport, una Toyota Hillux, dos camiones y una lancha.


Claro que no dejó de referirse a la llamada “pata policial”, protección sin la cual no podría haber operado durante el lapso que se lo investigó. Lamentablemente “no se pudo determinar cuál ha sido” ese lazo con fuerzas policiales, pero desde la foja N° 1 de la causa “se dijo que contaba con protección policial”. Dos nombres sonaron cerca -el del “pelado” Gustavo Gribaldo, un policía procesado en Reconquista por tráfico de drogas- y el de un ex jefe de drogas llamado Carlos Pagano. “Ese es un águila”, lo definió el propio Villarroel en una escucha.

 


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