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Domingo 02.06.2019 - Última actualización - 16:14
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En Gualeguaychú

El misterio del tesoro escondido

En algún lugar de la Catedral San José hay un cofre lleno de medallas, aros, anillos, más de 20 monedas de plata, siete de oro, y otras tantas de cobre. Esos objetos, y otros más, fueron enterrados el 30 de mayo de 1863 al momento de colocarse la piedra fundamental y nadie sabe exactamente dónde está.

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La Catedral San José esconde bajo su estructura centenaria un cofre con donaciones de personalidades destacadas de mediados del SXIX. Foto: Gentileza Patricio Álvarez Daneri




En Gualeguaychú El misterio del tesoro escondido En algún lugar de la Catedral San José hay un cofre lleno de medallas, aros, anillos, más de 20 monedas de plata, siete de oro, y otras tantas de cobre. Esos objetos, y otros más, fueron enterrados el 30 de mayo de 1863 al momento de colocarse la piedra fundamental y nadie sabe exactamente dónde está. En algún lugar de la Catedral San José hay un cofre lleno de medallas, aros, anillos, más de 20 monedas de plata, siete de oro, y otras tantas de cobre. Esos objetos, y otros más, fueron enterrados el 30 de mayo de 1863 al momento de colocarse la piedra fundamental y nadie sabe exactamente dónde está.

Sabina Melchiori

 

En Gualeguaychú nadie sabe con exactitud dónde se colocó aquella piedra que simbólicamente dio inicio a la construcción de la Catedral San José, el templo católico de mayor jerarquía de la región. Pero sí se sabe que para la ocasión se llevó a cabo un acto de suma importancia del cual participó el General Justo José de Urquiza, quien ya había entregado en manos de Derqui la presidencia de la Confederación Argentina y había vuelto a gobernar Entre Ríos.

 

En el mismo sitio donde fue emplazada la piedra fundamental se escondió una especie de cápsula del tiempo en la cual un grupo de damas elegantes y distinguidos caballeros introdujeron pequeños objetos representativos de la época como anillos, medallones y monedas. También se puso allí una copia del discurso que para la ocasión dio el canónigo Piñero, el retrato del cura párroco y otro del entonces presidente de la Nación, Bartolomé Mitre. Por su parte, el arquitecto de la obra, Francisco Ponchini, aportó un almanaque con los nombres de todos los operarios que trabajaron en la construcción de templo.

 

La lista de los objetos y los nombres de los vecinos que los donaron fueron rescatados gracias a la conservación del registro periodístico de la época y del archivo de la Catedral, donde hasta nuestros días se guarda una de las tres copias del acta de colocación de la piedra fundamental del altar mayor.

 

En esta acta, el entonces cura párroco P. Vicente Martínez dejó constancia, con lujo de detalles, de la manera en la que se desarrolló el acto de colocación de la primera piedra: “A los treinta días del mes de mayo de mil ochocientos sesenta y tres, siendo gobernador constitucional de esta provincia el Exmo. Señor Capitán General de las fueras de mar y tierra de la Confederación Argentina, D. Justo José de Urquiza, Presidente Brigadier General D. Bartolomé Mitre y Sumo Pontífice en el orbe cristiano S.S Pío IX y cura párroco de esta ciudad el presbítero D. Vicente Martínez”.

 

En el acta Martínez también cuenta que recibió la piedra de manos del arquitecto y que, ayudado por Urquiza, quien fue el padrino de la ceremonia, la puso en los fundamentos del altar mayor diciendo “Fide Jesu Christi colocamos ladem citum primarium”.

 

Además, el documento expresa: “Me fue presentada una caja de plomo envuelta en una de cinc dorada para que dentro de ella se enterrase el acta de esta solemne bendición, debiendo ser colocada en el mismo lugar que la piedra fundamental”. Y para salvaguardar lo celebrado, mandó a labrar tres copias. Una quedó dentro de la caja, otra fue enviada a Paraná y la tercera fue guardada como parte del archivo de la parroquia.

 

Si bien, como consta en el documento, la caja fue colocada donde iba a construirse el altar mayor, en la actualidad nadie sabe con exactitud dónde está, porque el altar principal de la Catedral ya no es el de aquel entonces. Su lugar dentro del templo se modificó cuando las misas dejaron de celebrarse en latín y de espaldas. Lo que antaño se denominaba “altar mayor” hoy se llama retablo, y queda detrás del sacerdote durante las ceremonias religiosas y se lo utiliza para la exposición de imágenes sacras.

 

La construcción del templo demandó 27 años. Ahora por haberse modificado de lugar el altar principal se desconoce dónde está la piedra fundamental. Foto: Gentileza Patricio Álvarez Daneri

 

 

Las torres

 

La construcción de la catedral de Gualeguaychú comenzó el 30 de mayo de 1863. Veintisiete años después, en 1890, fue inaugurada, pero en aquel entonces su aspecto era muy distinto al actual. Las dos torres, que constituyen en gran medida la impronta identitaria del edificio, fueron levantadas recién en 1910. Su remate era de tipo piramidal y alcanzaban los 50 metros de altura, pero una falla en su estructura obligó a los constructores a quitarle 10 metros a cada una dejándolas, como se las puede apreciar hoy, de 40 metros.

 

Una de ellas alberga al campanario, cuya campana mayor fue bautizada bajo el nombre de María Josefa, y la otra al reloj mecánico de cuatro esferas, con campanas de bronce para las horas, las medias y los cuartos, al que se le debe dar cuerda una vez por semana.

 

Una de las torres de la iglesia alberga al campanario, bautizado “María Josefa”. Foto: Gentileza Patricio Álvarez Daneri

 

 

Los vecinos y sus donaciones

 

La lista de vecinos incluye, entre otros, a personalidades de la política de la época y los objetos que ellos donaron es extensa y forma parte del archivo de la Catedral San José.

 

El siguiente es un resumen de esa lista: —Don José Domínguez, ministro de Gobierno: un medallón de cobre de la Unión Nacional de 1860 y el retrato del Gobernador Justo José de Urquiza.

 

—Don Reinaldo Villar, jefe político: un medallón de plata de la Unión Nacional de 1860.
—Doña Rosa A. de Palavecino: una medalla de honor de 1839, un anillo de oro, un par de aros de oro y una medalla de plata.
—Don Domingo Ereño, delegado Eclesiástico: un relicario de Jerusalem.
—Benito Méndez Casariego: un discurso del canónigo Piñero.
—El general D. Manuel Basavilbaso: un medallón de plata de la jura de la Constitución Nacional del 9 de julio de 1853.
—Don Vicente Alvarez: dos monedas de cobre, una francesa y otra rusa de dos siglos atrás y una piedra imán.
—Doña Flora Dominga de Oliver: una moneda de oro mexicana.
—Alejandro Ramallo: una moneda de plata nacional y una moneda de plata de Felipe V, de 1724.
—Doña Nicostra B. de Domínguez: el retrato del cura párroco y un busto de Pio IX.
—Antonio Laser: medio patacón argentino.
—El arquitecto Francisco Ponchini: un almanaque con el nombre de todos los operarios.
—Sagastume: una nota del Congreso Nacional Constituyente.
—Don Juan Casacuberta: un retrato del presidente de la Nación, Bartolomé Mitre.
—Los hermanos Pablo y Zenón Duarte: un patacón de oro.

 




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