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Jueves 21.11.2019 - Última actualización - 13:34
13:32

Primer informe de femicidios del MPA

De la construcción del dato a la elaboración de un protocolo propio

Uso de fuentes fidedignas, alianzas estratégicas y análisis comparativos, son algunos de los pilares que sustentan el documento. Sus autores inscriben al informe en un proceso más amplio, que busca estandarizar información en materia de violencia de género. 

El director de Política Criminal del MPA, Augusto Montero, junto a su equipo de trabajo conformado por Mariel Tocci, Lucía Ríos y Angelina Solari (de izq. a der.) <strong>Foto:</strong> Guillermo Di SalvatoreEl director de Política Criminal del MPA, Augusto Montero, junto a su equipo de trabajo conformado por Mariel Tocci, Lucía Ríos y Angelina Solari (de izq. a der.)
Foto: Guillermo Di Salvatore

Foto: Guillermo Di Salvatore



Primer informe de femicidios del MPA De la construcción del dato a la elaboración de un protocolo propio Uso de fuentes fidedignas, alianzas estratégicas y análisis comparativos, son algunos de los pilares que sustentan el documento. Sus autores inscriben al informe en un proceso más amplio, que busca estandarizar información en materia de violencia de género.  Uso de fuentes fidedignas, alianzas estratégicas y análisis comparativos, son algunos de los pilares que sustentan el documento. Sus autores inscriben al informe en un proceso más amplio, que busca estandarizar información en materia de violencia de género. 

La reciente publicación del primer informe de femicidios en la provincia de Santa Fe -terminado en octubre y conocido en las últimas horas- puso de cara a la sociedad las cifras de la tragedia contemporánea de los últimos cinco años, pero a su vez, despertó algunas inquietudes en cuanto a cómo fue construido ese cuadro de realidad. Para ello, el director de Política Criminal del Ministerio Público de la Acusación, Augusto Montero, junto a su equipo de trabajo compuesto por Lucía Ríos, Angelina Solari y Mariel Tocci, revelaron algunos detalles de la “cocina” del trabajo metodológico.


—¿Por qué cinco años después el informe?


A.M.: —El año pasado ya preparamos un informe que tuvo niveles de circulación más limitado. Venimos generando informes sobre homicidios en general desde el 2015, que incluyen a la cantidad de mujeres muertas, pero no estaba segmentado el universo incorporando la perspectiva de género. El trabajo empezó el año pasado y este año estamos aprovechando la oportunidad de juntar un universo significativo y acumular cinco años. También el impulso que adquirió este proceso tiene que ver con algunas alianzas estratégicas que venimos haciendo, fundamentalmente con la Ufem (Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres) del Ministerio Público Fiscal de la Nación, y de la Procuración General del Ministerio Público de Buenos Aires. Esto nos dio el impulso para terminar con nuestro informe.


—¿Cómo se obtienen los datos?


A.M.: —Me parece importante que conozcan la base de la cual se obtienen los datos, más allá del recorte de los casos con presencia de violencia de género, la base de víctimas sobre la que se recorta ese universo está construida con la misma metodología con la que construimos el informe de homicidios, que incluye una triangulación con datos de los ministerios de Seguridad y Salud y del propio Ministerio Público de la Acusación. Esto es lo que nos diferencia, porque si bien se vienen generando datos con la problemática de femicidios, la metodología de producción de la base del informe es un poco más sólida la que utilizamos nosotros.


—¿Cómo está este informe en relación al resto de los que producen otros organismos a nivel local?


A.S.: —Creo que se pueden contrastar, pero la principal diferencia es que tenemos fuentes de información distintas y nosotros nos basamos estrictamente en el legajo fiscal, esa es la diferencia más importante. Además de la metodología que utilizamos para contar: Nosotros nos basamos en los protocolos internacionales (el Protocolo de la ONU) y el protocolo nacional de Ufem; ingresamos esos indicadores para determinar los femicidios y según esos indicadores unir los datos. Se puede hacer algún tipo de análisis de comparación, pero ésos son nuestros dos pilares y por eso es que puede llegar a haber diferencias.


A.M.: —Está bueno que haya distintas iniciativas. La comparabilidad de esas iniciativas depende de que use las mismas técnicas y metodologías. Nosotros mantuvimos reuniones con otros equipos que generan informes (el de la concejal rosarina Norma López, por ejemplo) y hemos tenido un intercambio extraordinariamente rico y positivo, en relación a las fuentes que trabajan con medios periodísticos y con criterios más amplios para incluir casos; pero nosotros trabajamos con criterios de protocolos internacionales que se están aplicando en el país y tenemos un privilegio muy importante porque contamos con los legajos fiscales.


—¿Cómo separaron las 97 víctimas de femicidio de las 228 mujeres asesinadas en los últimos cinco años?


A.S.: —Para eso tenemos un criterio que es el de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que fija indicadores que nos dan cuenta de la violencia de género. Por eso decimos que el universo no siempre va de la mano de las calificaciones legales que se pueden utilizar por parte del fiscal. Son indicadores que refieren al hecho, las lesiones en el cuerpo de la víctima, las características anteriores al hecho, el vínculo con el imputado, son muchísimos elementos que cruzándolos dan cuenta de si hay o no un femicidio.


—¿Qué pasa con los femicidios vinculados con víctimas varones?


M.T.: —Es un debate que tenemos, incluso con otras provincias y la Corte Suprema, donde se está tratando de estandarizar la inclusión o no de los femicidios vinculados. Porque no todas las provincias tienen la capacidad de identificar los femicidios vinculados, especialmente cuando la víctima es un varón. En nuestro caso estamos incluyendo femicidios vinculados siempre que la víctima sea mujer, porque nuestro universo es la muerte violenta de víctimas mujeres. Sabiendo que hay un número de casos que estamos perdiendo de identificar.


—¿Cuál es el dato nuevo y que llama la atención de este informe?


A.M.: —No, no hay nada que se destaque en relación con lo que aparece en otros informes. Pero nos parece que el dato es precisamente eso. Por ejemplo: Que las mujeres mueren mucho menos que los hombres por arma de fuego. O sea que la violencia femicida adquiere una dinámica particular que se observa en Santa Fe, como en provincia de Buenos Aires o ciudad de Buenos Aires. O que las mujeres mueren en sus domicilios, a diferencia de los hombres que mueren en la vía pública.


—¿Qué pasa con las edades de las víctimas?


A.M.: —Con respecto al rango etario, es variado con un pico de concentración en menores de 40 años. Pero que un 11 % de mujeres muertas sean mayores de 65 años en relación a los hombres también es un dato para analizar. Lo mismo pasa con otros índices como lo son: tener secundaria incompleta, vínculos laborales precarios o el sometimiento a explotación sexual, que aparecen como signos que se repiten en el universo.


—¿La idea es reeditar el informe año a año?


M.T.: —Seguimos relevando casos que se están produciendo en 2019; sobre este acumulado de los cinco años seguimos sumando los casos que van surgiendo.


A.M.: —De hecho la elaboración de este informe se inscribe en un proceso más amplio, en relación con las violencias de género que estamos trabajando juntos desde la Fiscalía General y las Regionales, para la implementación de un protocolo para la investigación de litigios de femicidios en la provincia de Santa Fe, que completaría un sistema estandarizado de producción de información anual con un conjunto de guías para la investigación de este tipo de casos. Sí, aspiramos a que tenga periodicidad anual.

 

“Los informes de femicidios no suelen incluir datos sobre respuesta judicial, porque son datos más complejos de generar por los tiempos del proceso. El dato que generamos es que son entre 8 y 9 casos de cada 10 que están los autores identificados, cuando en los homicidios comunes el número es 6 de cada 10”. Augusto Montero. Director de Política Criminal MPA

 

Conclusiones generales


Respecto de las muertes violentas e intencionales de mujeres en contexto de violencia de género:


- En más de cuatro de cada diez muertes violentas e intencionales de mujeres se detectaron elementos de violencia de género. 


- De cada diez mujeres muertas en contexto de violencia de género, seis ocurrieron en los departamentos Rosario y La Capital.


- La tasa provincial de mujeres muertas en contexto de violencia de género aumentó entre 2014 y 2017 y descendió levemente en 2018. 


- Respecto de la edad de las víctimas, más de seis de cada diez mujeres muertas en contexto de violencia de género tenían menos de 40 años al momento de su muerte, con una significativa acumulación de casos en la franja entre 20 y 24 años.


- Una elevada proporción de las víctimas presentaban indicadores de precariedad socioeconómica, con bajos niveles de instrucción y empleo formal: casi la mitad no tenían estudios o no habían completado la escuela secundaria, y eran desocupadas u ocupadas en condiciones de informalidad. El 14,4% eran trabajadoras sexuales.


- En dos tercios de los femicidios el agresor fue pareja o ex pareja de la víctima y, por otro lado, en más de una de cada diez el agresor era parte de su núcleo familiar.


- Un tercio de las víctimas tenían alguna condición especial de vulnerabilidad. El 14,4% se encontraba en situación de prostitución, más de una de cada diez mujeres era mayor a 65 años.


- Casi la mitad de las mujeres muertas tenían hijos/as menores de 18 años. Son 96 los niños/as que perdieron a sus madres en episodios de violencia de género en los 5 últimos cinco años. En uno de cada cuatro casos estos niños/as eran también hijos/as del agresor.


- En un tercio de los casos se empleó un arma de fuego para producir la muerte. Los elementos punzocortantes y la fuerza física fueron los medios empleados más frecuentemente luego de las armas de fuego. También se registraron muertes por asfixia e incendio.


- En más de la mitad de los casos se usó violencia excesiva (“overkill”); en casi dos de cada diez femicidios el agresor usó más de un procedimiento homicida y en uno de cada diez ejerció violencia sexual.


- En dos tercios de los casos, el agresor manipuló los hechos para ocultar su responsabilidad. Casi dos de cada diez imputados se suicidaron o intentaron suicidarse luego del femicidio.


- En más de ocho de cada diez investigaciones, el autor pudo ser formalmente individualizado.


- A la fecha, casi la mitad de las investigaciones con elementos de violencia de género en todo el período se encuentran finalizadas.

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