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Lunes 06.01.2020 - Última actualización - 9:49
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Mauricio Dayub en Mar del Plata

Tranquilos, el equilibrista no se cae

Algunos de los varios personajes que el actor repasa en su unipersonal, entre el humor y la emoción. Crédito: Gentileza producciónAlgunos de los varios personajes que el actor repasa en su unipersonal, entre el humor y la emoción.
Crédito: Gentileza producción

Algunos de los varios personajes que el actor repasa en su unipersonal, entre el humor y la emoción. Crédito: Gentileza producción



Mauricio Dayub en Mar del Plata Tranquilos, el equilibrista no se cae

 

Raúl Emilio Acosta

 

He visto algunas actuaciones de Alcón que pueden quedar en la memoria, son memorables. Acompañaba emocionado la versión de “Las criadas”, de Genet, por Alterio, Brandoni y Vidarte con ropaje femenino.

 

El trabajo de Darín en “Art”. Pasajes de Carella, trozos de un Soriano que parece no tener límites. He visto tantos... Ahora debo agregar: he visto a Dayub.

 

A Dayub le falta lo que traen los nombres mencionados: tiempo, constancia, garantía. Tal parece que Dayub cumplirá y será uno de los grandes actores argentinos.

 

Este verano hay mas de 250 espectáculos en la costa argentina (para dar un número tan comprensible como irrebatible) Si fuese autoridad contrataría a Dayub para que presente algunas de estas funciones de la temporada 2019/2020 a todos los grupos. Compartir es crecer en amplitud. Pasaría eso. Creceríamos. Ver el trabajo de Dayub es positivo para el hecho cultural mas atrevido: simular vidas de otros en un escenario. Todos los días algo parecido. En cada oportunidad algo diferente.

 

Como espectador crezco con “El equilibrista”. Altera el juego mas elemental de la crónica teatral: comparado a qué. En esta temporada si ésa es la vara, si el juego es “comparado con ‘El equilibrista’” habrá pocos que alcancen la marca. Ni bien ni mal. A algunos jugadores les tocó el 10 en la espalda cuando jugaba Maradona.

 

La obra, si quiere una descripción básica, es un escenario con pocos elementos, muy bien trabajados, muy, muy bien, y un tipo que aparece por foro (izquierda) y comienza a hablar. Poco mas. Habla de su vida, sus padres, sus abuelos, sus parientes. Cuenta oficios de esos parientes. Una hora y chirolas. Juega en el escenario con su cuerpo, su voz, los elementos mencionados, justos, casi minimalistas. Cierre como debe ser. Listo. A casa a comer o a pasearse por esa zona indescriptible del centro marplatense, tan indescriptible que allí paramos. Quien la conoce sabe y para quien no la frecuenta lo dicho: indescriptible.

 

El juego de la actuación es el juego del cuerpo. Del cuerpo y sus manifestaciones externas y las conspiraciones internas para resolverlo. El texto que da límites. El escenario que pone límites. La palabra, los visajes, la clara complicidad que se logra cuando se entienden eso que está arriba, un tipo, con la hidra de mil cabezas que está debajo, mil personajes diferentes que deben ser seducidos y puestos en órbita por ese que esta arriba, con chirimbolos, jueguitos y lo dicho: gestualidad y convencimiento.

 

Dicen los actores que Pedro López Lagar, para “Panorama desde el Puente” decía: “Me pongo la gorra y salgo...”. Acaso mentira. No lo vi. Era un personaje fundamental del teatro López Lagar y un texto inusual la vida aquel del Estibador.

 

Dice Hermenegildo Sábat, en un poema que no recuerdo bien, que Satchmo, después de lo que era su vida, tomaba la trompeta y soplaba, que eso era todo. Puede ser. Algunas cosas parecen tan naturales que uno no logra descubrirle el hilo al titiritero.

 

Dayub tiene años de teatro y de escenario. Su “Toc-Toc” tuvo actores de remplazo y se piden formales disculpas, ese “analista” era él y no los que vinieron.

 

En “El equilibrista” hay nombres. El actor es Mauricio Dayub. Patricio Abadi, Mariano Saba y el mismo Dayub los autores. Dirige César Brie. Nos complace que en el “mapping” aparezca Milo Lockett.

 

Que tiene este “unipersonal”, que tanto se diferencia de los otros y que tan atrás deja la aluvional presencia de los standaperos. Tiene a Dayub.

 

En la producción de “El equilibrista” supusieron que no alcanzaba y lo rodearon de un texto acabado, que parece moverse con el personaje las risas y los espacios y no, no señor, esta “trabajado” hasta hacerse respetar.

 

¿Deja mensajes? Sí. ¿Tira sonrisas? Claro que sí. Tengo para mí que, mas allá de lo elemental y gráfico del título, hay un juego en el que con gusto participamos. Hace equilibrios entre la locura y la previsibilidad y allí vamos con él, comparsa en el viejo sentido: dentro de la obra pero sin parlamento.

 

Cuando la obra termina advertimos nuestro egoísmo. Lo empujamos, lo incitamos a que haga ese equilibrio lúdico y peligroso entre lo obvio y la locura. El está en peligro para que durmamos tranquilos pese a que avisa: todos somos equilibristas. No le creemos. Aplaudimos para que siga siendo nuestro equilibrista. Una fiesta del teatro, esa vieja magia del sobreentendido y la cuarta pared. Este verano en el Bristol. Con la vieja soga cruzando el vacío, soga que no queremos ver, para eso está Mauricio Dayub, el equilibrista.


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