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Miércoles 20.05.2020 - Última actualización - 22:36
22:24

Por Pablo Benito

El "No Periodismo" en tiempos de Corona




Por Pablo Benito El "No Periodismo" en tiempos de Corona Los días de cuarentena no fueron difíciles para el periodismo, al contrario, fueron demasiado fáciles. No es necesario, aún, reflejar la realidad sino lo que el espectador -imposibilitado de ver- desea recibir de “afuera”. Salvando los extremos ¿Habrá sido distinto alguna vez? Coronavivo.

“Habla sin miedos y sin odios, sólo di lo que sepas”, Joseph Proudhon

 

Autocensura “responsable”


Algunos cronistas no estábamos obligados a decir, sea porque nuestra área de actividad no daba noticias, sea porque podíamos elegir por ese proverbio hindú, sabio, pero fuera de mercado “cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”. Algo modificado, actuaba como autocensura. Las palabras, aunque verdaderas, provocaban lo contrario a lo que podía o puede ser dicho. Mal versación.
 

Identificar la pandemia como acción política, económica y cultural es un “irresponsable ataque a la salud pública”. No se trata de ignorar la existencia de bicho, sino de inquirir, dudar, expresar, mientras cada uno cumple la bajada de línea. En la “declaración de guerra al enemigo silencioso” es carta blanca para los tiranos. Allá lejos, en la Casa Blanca, Rosada, Gris o acá mismo, en casa propia. El miedo es arma letal contra cualquier tipo de iniciativa y conciencia individual. El pensamiento libre sólo pudo sobrevivir en nuestro interior. No es fácil resguardar, lo propio, del totalitarismo que dio autoridad a miles de policías de civil, enmarañados, mandados, pero sin mandato y puestos a “denunciar” todo lo que no asimilaba el discurso oficial de la versión de los hechos. Látigo.

 

Miente, miente y quedó

 

Enunciar que las fotos de fosas comunes en Brasil, Ecuador o EE.UU. eran “fake” o que, por ejemplo, en nuestra ciudad de Santa Fe, los días se sucedían sin contagios y la circulación, en las calles, era fluida e intensa desde hacía semanas, era poco menos que “traición a la patria”. Lo sigue siendo decir, ahora, todo lo contrario. Bipolaridad.

 

Shhhhhhh…

 

Responsabilizar al presidente de la foto con miles de jubilados haciendo cola en el primer frío del año. Denunciar sobreprecios en compras, describir la existencia de cárceles a reventar que debían ser descomprimidas por decisión política y no por tarifario reglado. Descreer del impracticable “impuesto a la riqueza”, como retórica populachera de algunos “menos ricos” políticos, apretando a “más” ricos empresarios, con el fin de identificar, al voleo, la identidad del “enemigo silencioso”. Enumerar, como verso, las decenas de vacunas “cerca de descubrirse” que infectaban, primero los medios y luego las redes. Denotar que no era necesario paralizar la gestión en los gobiernos y momificar la creatividad en el “mientras tanto”. Mostrar las pruebas de decenas de anuncios “populares” que no se materializan… Cualquiera de estas afirmaciones transforma, a quien las enuncia, en malvado desestabilizador más macrista que Macri -que está calladito- y en una parca sedienta de muertos. Paredón.

 

Asumir, como propia, la estupidez de que “nuestro sistema político sanitario bananero, en realidad, es mejor que el de los subdesarrollados europeos, norteamericanos y escandinavos”. Era demasiado peor que el silencio para volverse esclavos de la tontería masificada. Negación.

 

¡Somos argentinos! ¡Somos derechos y humanos! Somos los mejores, somos. ¿Cómo es que el mundo no toma nota de eso? Fanatismo.

 

Pragmatismo idiota y sin preguntas

 

Podemos ir a cualquier corriente espiritual, esotérica o científica y siempre estaremos explicados por el concepto taoísta que describe la dualidad, la oscilación, la integración y la impermanencia de lo que nos habita y habita las cosas… y los cosos. Nosotros.

 

Con la misma violencia con la que fuimos puestos a pensar que la humanidad estaba en riesgo y con ella nuestra propia vida, vamos ingresando a la liberación de ese terror como si fuésemos robots automatizados capaces de resetearnos con sólo apretar un botón. Podemos “querer creer” que funcionamos de esa manera, pero -por suerte- no.

 

El miedo, ni negativo ni positivo, también puede ser señal y hasta una guía para los -muy- despiertos. El miedo como cuenco, incontinente, del cual se pueden beber las sensaciones que no son certezas. Sensaciones que no se van, no se fueron. No se irán. ¿Habrá certezas? Incertidumbre.



Yin, yang y la “grieta”

 

De tanto querer occidentalizar a oriente, culminamos des-orientados, sentados en chinitos, meditando y enyoguizados. La complejidad de la actualidad real –realidad actual- no puede ser comprendida por nuestro paradigma binario de opuestos. Es on o es off. Transformación

 

La matemática, occidental, describe lo binario también en la medicina. Como “la curva” que debe achatarse y demás omnipotencias. La moral nos adoctrina acerca del bien y el mal. Aceptable o inaceptable. Cielo o el infierno. El adaptado y el in-adaptado. Negativo y positivo. Responsables e irresponsables. Normales o anormales. Capacitados o discapacitados. Útiles e inútiles. Vida y muerte - salud o enfermedad. Aquí me detengo por defensa del escribir en primera persona, aunque podría seguir usando el plural como forma de edificar, para mi mismo, la autoridad de la afirmación. Firme.
 

¿Puede ser salud el encierro? ¿Pantallear la realidad? ¿Hundirse en el (uni)celular? ¿El miedo al otro? ¿La sombra salud, y el sol, aire o movimiento enfermedad? ¿Es sana la soledad endémica e introspectiva y patológica la empatía con lo colectivo y el contacto perspectivo-perceptivo? ¿Represión masiva o conciencia personal? Democracia.

 

Cuarentena y después


Todo lo que, hasta el 19 de marzo en la Argentina era vida saludable ha quedado marcado en un hachazo cómo “contagioso”. ¿Quiere decir que un periodista político puede ir en contra de lo que una parte importante de los epidemiólogos sostienen cómo posición sociológica -no médica- sobre lo oportuno del aislamiento compulsivo y obligatorio? No sería aceptable, menos aún aceptado. Pero el analista, en su descripción de la realidad, integra realidades a ese terror social. Realidades que existen, existían y existirán, porque la complejidad se empecina por no dejarse aplastar por el pensamiento único de la situación hegemónica. También la exclusión social, económica y cultural es mortal. El desempleo y la inequidad es tan patológica y endémica como el COVID, sin embargo, el planeta no paró en seco la actividad, cerró fronteras o socializó la injusticia como con el marketinero “mal bicho” con Corona. Todo lo contrario, esos factores de muerte, enfermedad y síntomas históricos, se extendieron aún más y la vacuna del recurso económico quedó en menos manos que antes. Alienación.

 

Subvertir el orden y los factores



¿Cómo desconocer la autoridad que investiga, procesa y juzga sobre la métrica de la verdad tabulada y sin fisuras? ¿Cómo hacerlo? Esa es la pregunta, práctica, para poder seguir escribiendo y ejerciendo el rol de describir lo periódico. Hacerlo sin dudar, sin prestar - alquiler o vender- la atención al patrullaje de intereses, policía del impuesto a la verdad. Certeza
 

¿Cómo descubrir mis manos, para escribir, si mi boca está tapada para que nada entre y nada salga? Sé, que vos sabés. Sabemos que la persona es siempre la primera en el tiempo verbal antes de ser. Salen y entran palabras, repetidas, por entre las capas del tapaboca. El pez por la boca muere, pero sin la boca no vive. Palabras y moscas inhalan y exhalan el discurso “correcto”, pero sin nuestra intención ni permiso. Reprimido.

 

Reseteando viejamente
 

La retrasada sociedad sueca, tan temida por nuestro presidente en términos de organización y decisión de su política de Estado, sabe que decretar la cuarentena es fácil, lo complejo es salir de ella si la actividad cotidiana es dinámica. Legislar la vuelta a la normalidad también es relativamente simple, pero lo normal –en una sociedad escandinava y una subdesarrollada colectivamente- es bastante diferente. La automatización de lo “que hay que” es tan irracional a la ida del aislamiento como en su retorno. Robotizados.

 

Luego de entrar en oscuridad -yin- a ciegas y tientas, buscando salidas en la propia sombra. De pronto el exterior explota de luz en lluvia de estrellas multitudinaria y es tan fuerte ese resplandor que tampoco puede verse en la euforia de ese alivio ante lo que nunca ocurrió. La película que nunca se proyectó. La historia que nunca se escribió. “Como es adentro es afuera”, dijo y salió a la calle con la misma inconsciencia con la que se había encerrado. “Ellos sabrán lo que yo debo hacer”. Al menos lo saben mejor que yo que soy tan apolítico que delego mi libertad a la política de una elite. Desconocer la autoridad sería subversivo. Re-conocer a la autoridad, también lo es. Denunciar su existencia –nada inocente- es terrorista. Negar entidad al terror es promover el caos, desestabilizar gobiernos y confundir a los con-vencidos. Peligro.

 

“La jactancia de los intelectuales”. Aldo Rico.
 

La duda. La íntima y leve socialización de la duda, como precaución ante la entrega del propio poder y libertad a una elite, pone en posición de ataque al común sentido masivo que reacciona ante quien amenaza el orden. Orden sostenido por un sentido binario occidental -y muy cristiano-, que esconde relaciones de poder, de jerarquías y privilegios que se apoyan en la absurda autoridad científica que determina que ese “orden” es natural. Dictadura

 

¿Cómo construir la duda en el caos de certidumbres esquizoides e hiperkinéticas?

 

¿Cómo escribir cuando la sabiduría, personal, lejos de está de comprender lo que ocurre -y lo que no ocurre- ante ese mazazo conmovedor que es aislamiento obligatorio? ¿Cómo asumir la cotidianeidad como un concentrado campo en el que sólo se siembra el miedo a la muerte? Im-potencia.

 

La certeza, no obstante, está personificada en esa misma clase dirigencial, histórica, que gestiona la carencia y el mal nutrirse de alimentos, conocimientos y sustentos del gran pueblo argentino ¿Salud? Argentinos integrados a los ciudadanos del mundo que se ordenaron en idiomas diferentes: #QuedateEnCasa. Somos parte y el mundo nos parte. Ya no estamos desaparecidos ni caídos del mapa. Por primera vez, aquí y allá, en simultáneo, los comunes hacemos lo mismo en todo el planeta. No hacemos nada. Quietos.

 

“Ellos”, los mismos que mal manejan la “normalidad” se encargan de la crisis ¿sanitaria? con impecabilidad admirable. Es más gobernable un pueblo en casa, aislado y en reposo, que individuos movedizos y contradictorios en las calles. Parálisis.

 

Registrar

 

¿Para qué escribir o decir con libertad si apenas las palabras toquen la superficie serán arrastradas hasta la hoguera chamuscando la mano que las escribió?  Quizás sea sólo dejar constancia en el éter de cierta preocupación por está “borreguización” efectiva de masas entorno al miedo circulando por infinitas redes. El ensalzamiento del sistema de control total de las decisiones en un Estado personalista y bobo, que no es más que el reflejo de la sociedad y su caminata hacia la momificación de las ideas. Caudillos.

 

El proceso no empezó hoy y muchos piensan que este martillazo al clavo terminó de darse de manera artificial. Sea cierto o no, las consecuencias, las disposiciones del mundo tal como lo estábamos viendo han cambiado. Más o menos, ojalá se pueda debatir sin fanatismos, lo único cierto es que el camino se bifurcó y no es hacia la izquierda o hacia la derecha sino hacia oriente u occidente. Eso sí, los cambios están -geográficamente- lateralizados. El norte sigue siendo arriba y el sur abajo en el globo representado gráficamente. Más allá de que un presidente, en el tujes del mundo, apruebe su propia decisión con el contraste del desastre realizado por los Estados centrales que no entienden la preponderancia de este crisol de razas que se resumieron en la argentinidad y que nos hace los campeones del mundo aunque el mundo aún no lo reconozca.

 

Soberbia.




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