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Sábado 27.06.2020 - Última actualización - 18:12
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Chau Hermes, chau

Hermes Binner Crédito: Archivo El LitoralHermes Binner
Crédito: Archivo El Litoral

Hermes Binner Crédito: Archivo El Litoral



Chau Hermes, chau Hermes cumplía dos rituales particulares. Era de más allá del Río Salado. Era callado. Nunca fue de discursos, sino de opiniones sencillas pero rotundas. Entendía las dos provincias de Santa Fe.

No puedo hablar de Hermes Binner sin referir sus pasos a los de toda una generación que, sobre 1960, irrumpió en la vida universitaria y después, por obvia decantación, en la vida política argentina.

 

Es inevitable la referencia. Estudios secundarios en la década ’50 a ’60 pone a todos en este sitio. Herederos de una educación laica, gratuita y obligatoria, en la que la clase obrera soñaba con hijos que fuesen más que obreros. Muchos de los que allí nos encontramos formamos parte de un sueño familiar que igualaba.

 

Sus años son los de muchos. Su militancia la de todos. La primera imagen que guardo de “el alemán Binner” es la de un flaquito, rubio, con el mechón sobre la frente, llevando el largo tubo (como de dentífrico) con la tinta para los rodillos del mimeógrafo (Gestetner) en la casa del Centro de Estudiantes de la Facultad de Medicina. Militancia elemental.

 

Llegué a Rosario siendo un peronista que se juntaba con los de “la Fede”, el flaco Leonhardt y otros, de Santa Fe, mi ciudad. El “alemán” empezaba a reunirse con los del APRI. Asociación Pueblo y Reforma Indoamericana. Demasiado para una agrupación de Medicina en una Facultad que era parte de una Universidad muy potente. UNL. La desmembrarían en 1966 los militares. El APRI era el brazo socialista en aquella Universidad. Yo, mínimo, estaba en Humanismo Renovador, cueva de peronistas.

 

Hermes cumplía dos rituales particulares. Era de más allá del Río Salado. Era callado. Nunca fue de discursos, sino de opiniones sencillas pero rotundas. Entendía las dos provincias de Santa Fe.

 

Lo acompañé en muchos viajes por el país y sólo puedo imaginar algo parecido a lo que sucedía con “el viejito” Illía. Don Arturo Umberto tenía la misma particularidad, el mismo imán. Un paso tranquilo y un suceso: “cómo le va doctor...”. Con Hermes pasaba eso. Saludos y reconocimiento.

 

Pocas veces me dijo “ustedes los peronistas”... y trataba de encontrar un punto de unión entre mis disparates y su solidez para gestionar, porque de eso se trataba.

 

Binner siempre supo cómo gestionar... y cómo manejar un partido infiltrado de teóricos y cismáticos. Para ambas cuestiones era cortante, serio, sin gritos y sin dudas. Ante la pregunta de los “porqué” su respuesta deslumbraba, atravesaba la cohetería y decidía, o había decidido, según lo conveniente para el día y para el mañana.

 

Compartíamos una risa socarrona ante los disparates de la Carrió o del “loco” Chávez y no creo traicionarlo al contar que no creía ni en ésta ni en aquél. El tiempo estuvo de su lado.

 

“Alemán, estás yendo contra Cristina...”

 

- Sí, fíjate, nos quedamos con los que de ningún modo la aceptarán... y que, además, quieren un pensamiento progresista. No sé cuántos seremos, pero no habrá insultos ni enojos...

 

-“Tampoco habrá plata Alemán, poca gente apoyará una campaña contra esa mujer...”

 

- Todos los dineros tendrán un recibo, eso es la almohada para dormir bien todas las noches...

 

Ahora sí que lo voy a delatar. En su casa, mientras él preparaba el mate que tomaríamos, amargo y en calabaza grande, espié muchas veces su cajón de los cubiertos. De diversos colores el mango de los cuchillos, de diversos tamaños los tenedores. Los platos limpios y pocos. La heladera común. La pava sobre el borde del fuego, para seguir tomando con agua caliente, pero sin hervir.

 

Cuando alguno, en algún sitio, habla de los dineros públicos y los hombres públicos queda la frase de Don Arturo... “quién va a pagar todo esto...” (cuando lo llevaban a internar y él, como médico, sabía los costos de la salud, porque además sabía que no tenía los dineros para pagar esa internación) y queda, junto a esa frase, al menos para mí, una de Binner cuando asumió la derrota contra CFK: “Bueno, tenemos una agenda llena de buenos militantes por todo el país... habrá que recorrerlo otra vez... de a poco... porque cuesta plata viajar tanto y tan seguido...”.

 

Sorprendía esa honestidad. Si esto fuese un partido de truco diría un canto de los que se corresponden con el juego: falta envido... y tal vez sea un canto contra el silencio.




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