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Sábado 12.09.2020 - Última actualización - 18:27
17:42

"Ni científicas ni de salud pública"

Martin Kulldorff, epidemiólogo de Harvard: "No hay razones para mantener las escuelas cerradas"

El especialista afirma que  es “inevitable que el contagio alcance a todo el mundo, nadie debe sentirse mal por eso, porque era sencillamente imposible mantenerlo afuera”.

 Crédito: Captura de pantalla
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"Ni científicas ni de salud pública" Martin Kulldorff, epidemiólogo de Harvard: "No hay razones para mantener las escuelas cerradas" El especialista afirma que  es “inevitable que el contagio alcance a todo el mundo, nadie debe sentirse mal por eso, porque era sencillamente imposible mantenerlo afuera”. El especialista afirma que  es “inevitable que el contagio alcance a todo el mundo, nadie debe sentirse mal por eso, porque era sencillamente imposible mantenerlo afuera”.

Nacido en Suecia y formado entre ese país y los Estados Unidos –donde vive actualmente–, Kulldorff defiende un abordaje que distinga “por edades”, está a favor de la reapertura de escuelas y en contra de los confinamientos generales porque, en contra de lo que se suele creer, asegura que representan “el mayor asalto a las condiciones de vida de la clase obrera en décadas”. 

 

"Hay muchas cosas que no sabemos del COVID-19, pero una cosa que sí sabemos es que hay una enorme diferencia en la mortalidad según la edad; no es que los jóvenes no se contagien, pero son principalmente los mayores quienes mueren por esta enfermedad. Las personas de más de 70 años tienen un riesgo de morir mil veces mayor que los niños. De hecho, entre los más chicos, el COVID-19 es más leve que la influenza estacional; en cambio, entre los mayores, es mucho peor que la influenza", comparó el experto. "Si no se toma ninguna medida se va a infectar la misma proporción de cada grupo etario hasta llegar a la inmunidad de rebaño, y, si se aplica una cuarentena general, universal, también habrá jóvenes y viejos infectados: en ambos casos hay muchas personas grandes contagiadas y, por eso, muchas muertes", advierte y añade que "sin embargo, si protegemos a los mayores y a otros grupos expuestos a grandes riesgos, pero los más jóvenes viven con normalidad, cuando alcancemos la inmunidad de rebaño tendremos más contagiados entre los jóvenes y menos entre los grande, entonces, la mortalidad total será menor". "La clave para mantenerla baja es proteger a los mayores mientras la pandemia está asolando, asegurándose de que no se prolongue demasiado, porque entonces ya no se los podrá cuidar, solo es posible hacerlo exitosamente por una cierta cantidad de tiempo", aclara.

 

 

 

 

Inmunidad de rebaño

 

Con respecto a la inmunidad de rebaño, Kulldorff opinó que "es inevitable", "así que no hay razón para posponerla a propósito". "Sí sirve para no sobrecargar el sistema de salud, así que aplanar la curva al comienzo de la epidemia fue una buena meta y casi todos los países tuvieron éxito en eso, salvo el norte de Italia, parte de España y quizás algunos otros; eso fue muy importante, porque permitió que todos los enfermos reciban el tratamiento adecuado". "Pero más allá de eso -indicó-, no hay motivo para empujar la pandemia hacia el futuro: uno podría argumentar que si se la pospone algunas personas que hubieran muerto ahora sobrevivirían algunos meses más, pero eso no se sostiene como razonamiento de salud pública, porque al empujar hacia adelante la población va a envejecer seis o 12 meses, lo que significa que todos van a tener un riesgo levemente superior más tarde". "Por otro lado, en temas sanitarios no relacionados con el COVID, como el cáncer, demorar los chequeos significa no detectar casos, alguien que podría haber sobrevivido 10 o 20 años, podría terminar muriendo en tres o cuatro por no haberse hecho el monitoreo a tiempo y, además, la vacunación de los niños está en baja, y hay problemas cardiovasculares y de salud mental que están siendo agravados por las cuarentenas, y que son mucho más severos cuanto más se prolongan", consideró.

 

 

"Hay un malentendido con la inmunidad de rebaño: algunas personas lo ven como una estrategia, pero no lo es. Es un hecho científico que sabemos que existe, y sea cual sea la estrategia que usemos contra el COVID-19, eventualmente vamos a llegar a la inmunidad de rebaño, ya sea a través de una vacuna, que es la mejor manera, o a través de la infección natural", aseveró. "Si la pregunta es si va a morir mucha gente, la respuesta depende de si aquellos que se infectan son principalmente gente mayor; en ese caso sí, muchos van a morir porque tienen más riesgo, pero, si son principalmente los jóvenes los que se infectan hasta generar la inmunidad de rebaño, pocos van a morir".

 

"Cuando algunas personas que no son epidemiólogos de enfermedades infecciosas calculan cuántos morirán, asumen que todos los grupos de edad se van a contagiar en la misma proporción y eso está mal, asumen una estrategia que es muy subóptima", advirtió.

 

Cómo cuidar a los ancianos

El especialista explicó que hay "una serie de medidas concretas para protegerlos": "por ejemplo, para aquellos que viven solos, debería implementarse un sistema concreto para que alguien les haga las compras y se las entregue de forma segura, así no tienen que ir al supermercado; para aquellos que viven en asilos y que necesitan ser cuidados por otros, las autoridades deberían ocuparse de que los trabajadores no infecten a los residentes, quizás priorizando que los atiendan quienes ya se han infectado previamente y tienen anticuerpos, podría ser una forma de seleccionar al personal; para aquellos que aún no se han enfermado, quizás se podría implementar un mecanismo de testeo frecuente; también para visitantes o familiares de los residentes sería bueno implementar un sistema de testeos previo a las visitas, para que puedan verlos incluso en esta situación", detalló.

 

En el mismo sentido, observó que "el mayor problema son esos hogares “multigeneracionales”: en Suecia se hizo un estudio sobre personas de más de 70 años en Estocolmo, se comparó a aquellos que viven con alguien de alrededor de 65 años, que también está retirado, con aquellos que viven con familiares en edad de salir a trabajar; en el grupo de los que viven con personas en edad laboral las cifras de mortalidad fueron más altas que en el otro", contó. "Que haya niños en la vivienda no aumentó el riesgo de los mayores de 70 años, los niños no son el problema, pero los trabajadores sí lo son". "De alguna forma, si existe la posibilidad de hacer algún tipo de separación podría ser muy bueno, por ejemplo, disponer de hoteles para la gente mayor; o, si viven con gente joven, que se muden con familiares de su mismo rango etario: es más seguro vivir con un hermano o hermana, que con hijos y nietos", propuso.

 

La vuelta a clases

En relación a la educación, el experto opinó que "no hay razones científicas ni de salud pública para mantener las escuelas cerradas". "¿Para qué hacemos ciencia? Si quieres saber qué consecuencias tiene la exposición a algo hay que mirar a aquellos que han estado expuestos", argumentó. "Por ejemplo -comparó-, si quieres saber si funciona una vacuna hay que estudiar a aquellos que fueron vacunados; en materia de la apertura de escuelas, los que estuvieron expuestos al virus fueron los niños suecos: fueron a la guardería, a la primaria y a la escuela media, desde el primer año de vida hasta los 15, porque permanecieron abiertas a lo largo del pico de la pandemia y en ese 1.8 millón de niños no hubo ninguna muerte por COVID-19". "Hubo algunas hospitalizaciones e internaciones en unidades de cuidados intensivos (menos de diez en todo el país), pero fue menos severo que una temporada anual de gripe, además, cuando observamos qué pasó con los docentes, no se registró un exceso en el riesgo comparado a la media de otras profesiones", explicó.  "Obviamente, un docente puede ir a la escuela y contagiarse de un colega, como la gente que trabaja en otras profesiones, pero no hubo un riesgo extra, en comparación", insistió.

 

"En Suecia se dictaron clases normales y si un niño tenía síntomas, como tos o congestión nasal, se le pedía que se quede en su casa. Si los síntomas aparecían en la escuela, era enviado directamente a la casa, se mantuvieron clases con el tamaño normal, de 20 o 30 niños, pero sin grandes aglomeraciones; se hacía una limpieza adicional de las superficies, lo que es bueno ante cualquier enfermedad infecciosa; se realizaron algunas clases al aire libre cuando el tiempo era bueno, lo cual no sé si ayuda demasiado, pero no daña y es bueno estar afuera; no se impuso el uso de mascarillas, ni otras barreras, y los niños podían correr y jugar normalmente -eso es importante para su salud mental y física-....lo único que haría diferente a Suecia es proteger a los docentes que tienen más de 60 años, y que enfrentan riesgos mayores", reflexionó. 

 

 

Acuerdo científico - científico y científico - político

El experto reconoció que en Suecia "hay casi un acuerdo universal entre los epidemiólogos de enfermedades infecciosas de que es la estrategia apropiada y se aplica una política diferenciada por edad". "Pero hay epidemiólogos cuyo objetivo es primero suprimir el virus, después aplicar rastreo de contactos, testear y aislar, para mantenerlo así a raya; esa estrategia funciona para algunas enfermedades infecciosas, como el ébola, por ejemplo, pero por definición, la estrategia de la supresión no puede funcionar en una pandemia", explicó. "Habiendo dicho esto -agregó-, también están hablando a grandes audiencias otros grupos de científicos, como médicos clínicos, químicos, ecologistas y epidemiólogos de otras áreas, como el cáncer...creo que hubo una desconexión entre los muchos científicos que no saben demasiado sobre brotes de virus infecciosos, pero tienen opiniones muy fuertes sobre qué hacer y qué no. Ha sido muy sorprendente observar este fenómeno".

 

 

Pero más allá de la ciencia,  Kulldorff admitió que "efectivamente la respuesta global a la pandemia estuvo afectada por estas cuestiones políticas". "Entre mis colegas que son epidemiólogos que defendían una perspectiva desde la salud pública estaba este sentimiento extraño de que tenían que escindir sus opiniones profesionales de lo que se esperaba de ellos en base a sus ideas políticas", confesó.

 

"Es importante oír todas las opiniones; yo en Suecia no tuve ningún problema publicando mis ideas, pero tampoco lo tuvieron aquellos que estaban en contra del enfoque del gobierno, y por eso allí hubo una discusión muy saludable", concluyó

 

Con información de Infobae


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