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Domingo 15.11.2020 - Última actualización - 8:25
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Memorias de Santa Fe

Cómo era vivir hace 447 años, cuando Garay fundó la ciudad capital

El recuerdo de una entrevista realizada en 2011 con el historiador Luis María Calvo, quien este viernes fue declarado santafesino ilustre. En 1573, la gente tomaba agua del río que guardaba en tinajas. No había baños y la basura se enterraba en los patios. En las celebraciones públicas se hacían corridas de toros y juegos de cañas. La rutina se centraba en el comercio y el trabajo rural.

 Crédito: Archivo El Litoral
Crédito: Archivo El Litoral

Crédito: Archivo El Litoral



Memorias de Santa Fe Cómo era vivir hace 447 años, cuando Garay fundó la ciudad capital El recuerdo de una entrevista realizada en 2011 con el historiador Luis María Calvo, quien este viernes fue declarado santafesino ilustre. En 1573, la gente tomaba agua del río que guardaba en tinajas. No había baños y la basura se enterraba en los patios. En las celebraciones públicas se hacían corridas de toros y juegos de cañas. La rutina se centraba en el comercio y el trabajo rural. El recuerdo de una entrevista realizada en 2011 con el historiador Luis María Calvo, quien este viernes fue declarado santafesino ilustre. En 1573, la gente tomaba agua del río que guardaba en tinajas. No había baños y la basura se enterraba en los patios. En las celebraciones públicas se hacían corridas de toros y juegos de cañas. La rutina se centraba en el comercio y el trabajo rural.

¿Cómo era la vida cotidiana en la Santa Fe colonial? Ese fue el interrogante que motivó una entrevista realizada en noviembre de 2011 al historiador Luis María Calvo. Hoy aquel reportaje cobra una doble relevancia; por un lado, porque este domingo se produce un nuevo aniversario (447) de la fundación de la ciudad capital. Y por otro, debido a que Calvo fue declarado el pasado viernes “Santafesino Ilustre”. Lo que sigue, son los extractos principales de aquel artículo, publicado el 15 de noviembre de 2011.

 

Foto: Archivo El Litoral

 

 

Para imaginar la vida en la Santa Fe de los primeros años, tras la fundación a cargo de Juan de Garay hay que pensar la coexistencia de grupos de distinta procedencia étnica y cultural en una traza urbana que no tiene sistema de provisión de agua, que debe traerse del río. Donde la disposición de residuos se hace en el fondo de las casas y cada vecino debe mantener limpia la parte de calle que le corresponde. Con una rutina signada por el trabajo y el movimiento portuario, sólo interrumpida por problemas bélicos o celebraciones públicas, donde las corridas de toros y los juegos de cañas convocan a todo el mundo. Y donde la atención de la salud está a cargo de médicos y “sangradores”.

 

Foto: Archivo El Litoral

 

 

Es una población demográficamente escasa (en el emplazamiento de Cayastá vivían entre 1.500 y 2.000 habitantes en su mayor consolidación) donde conviven españoles, criollos, mestizos, aborígenes y, desde el principio del siglo XVII, africanos que llegaron como esclavos. Las costumbres alimentarias están dominadas por la tradición europea. Es que estos primeros habitantes tratan de reproducir hábitos adquiridos en España. Esto se verifica en que la carne se consume más en guisos que asada. Con los años -por la mixtura cultural- aparecen aportes de africanos, aborígenes y del intercambio con otras zonas del país. Pero básicamente la alimentación se circunscribe a la carne, el trigo y el maíz. Por la cercanía al río es posible que se haya consumido mucho pescado, aun cuando las fuentes documentales no hacen muchas referencias a la pesca. 



El día a día está regido por el trabajo rural, las tareas domésticas y el arribo de los barcos al puerto. Una calma que sólo es interrumpida por el asedio de los indios o por la llegada de los días festivos. Entre estos últimos, es muy valorado el día del Santo Patrono, San Jerónimo, cuando se hacen grandes festejos. En estos momentos de esparcimiento, las corridas de toros en la plaza (otro reflejo de las costumbres españolas), las carreras de sortijas y los juegos de cañas son frecuentes. Estos últimos, que consisten en el enfrentamiento de dos bandos montados a caballo con cañas en lugar de armas, son herederos de las antiguas fustas medievales europeas.

 

Foto: Archivo El Litoral

 

 

Agua, residuos y limpieza

En la joven Santa Fe no hay pozos ni aljibes (que llegan mucho después a la ciudad), ni acueductos para llevar agua a las casas, que no tienen instalaciones para aseo personal o evacuación de deyecciones. El agua debe ser trasladada desde el río con recipientes, labor que está a cargo de esclavos, aborígenes o españoles pobres. Incluso, según consigna el libro “Santa Fe, rastros y memorias”, algunas familias que caen en desgracia realizan el traslado de noche, ya que “esta tarea pone en pública evidencia la falta de sirvientes”.

 

 

 

 

El precario proceso de potabilización consiste en dejar decantar el agua en grandes tinajas o utilizar como filtro piedras porosas de origen volcánico. La aparición de los basurales es algo todavía lejano en aquellos tiempos: el fondo de cada vivienda es el lugar donde se entierran los desechos que genera cada familia. Dado que los muros de las casas se edifican con tapia, para eso hay que extraer tierra, algo que se hace en el mismo solar. Así se conforman cavas, que se usan después para disponer los residuos domiciliarios.



La recolección de residuos también es algo impensado en la vida diaria de los primeros pobladores. De hecho, cada vecino tiene que ocuparse de que el espacio de calle (no hay veredas) que le corresponde permanezca limpio. Y la autoridad capitular -el Cabildo- se ocupa de regular en este sentido algunas cuestiones básicas como recomendar que se haga la limpieza, impedir que circulen animales sueltos y garantizar que los vecinos arreglen, por ejemplo, los pozos provocados por la lluvia. 

 

Foto: Archivo El Litoral

 

Marcada por el puerto


Signada por su condición de ciudad portuaria, Santa Fe se dedicó al comercio desde sus orígenes. Otra actividad económica fue la cría de mulas y las vaquerías, esta última actividad destinada al aprovechamiento de los cueros, que complementaba la actividad comercial. También fueron muy importantes las chacras, que funcionaban a pocos centenares de metros de la ciudad. En estos espacios se cultivaba el maíz y el trigo, sin objetivos de comercialización, sino más bien para abastecer a la ciudad.


 

Foto: Archivo El Litoral

 


Pulperías y carnicerías

 


El autoabastecimiento era lo más frecuente en la época colonial. Pero, en rigor, funcionaban algunos negocios como las pulperías que comercializaban determinados productos como vinos o aceites. También había carnicerías, para que aquellos que no tenían la chance de traer carne de sus estancias puedan adquirirla. En este sentido, cada año el Cabildo seleccionaba a través de un remate quién iba a ocuparse de abastecer de este producto a la ciudad. 

 

Foto: Archivo El Litoral

 


Vino

 


Durante varias décadas -entre finales del siglo XVI hasta 1630 aproximadamente- en Santa Fe La Vieja se cultivaron viñedos en las manzanas del entorno de la ciudad, para producir vinos destinados al consumo local. No obstante, en las actas capitulares de Buenos Aires existen referencias al valor del vino santafesino. 

 

Foto: Archivo El Litoral

 


Atención en las casas

 


Respecto a la salud, se sabe apenas que en la vieja ciudad fundada por Garay hubo un hospital, que después desapareció. Muchas enfermedades eran atendidas en las casas y estaba arraigada la figura del “sangrador”, quien hacía sangrías para -según el conocimiento de la época- retirar la sangre contaminada. 



No perduran referencias precisas sobre las enfermedades que jaqueaban a los santafesinos de aquella época. Pero si quedan testimonios que hablan de la viruela, que diezmó a los aborígenes y de las “pestes” que asolaron a la ciudad.

 

Foto: Concejo de Santa Fe

 

 

Ciudadano ilustre

Luis María Calvo es Doctor por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España, especializado en Historia de la Arquitectura y Preservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbano. Es investigador, docente y conferencista, destacado por continuar la obra del descubridor de las Ruinas de Santa Fe la Vieja, Agustín Zapata Gollán. Profesor e investigador de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, fue director del Museo Etnográfico y Colonial de Santa Fe y del Parque Arqueológico Ruinas de Santa Fe la Vieja desde 1988 y se desempeñó como académico correspondiente de la Academia Nacional de Historia.

Autor:

Juan Ignacio Novak


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