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Viernes 19.11.2021 - Última actualización - 9:28
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Memorias de Santa Fe

La historia del film de Chaplin que atrajo a los santafesinos en 1931

“Luces de la ciudad” llegó a Santa Fe a principios de julio de ese año. Está considerada como una de las obras maestras del actor y director que popularizó al personaje del vagabundo Charlot. “Ha intelectualizado la risa”, afirmó un cronista de El Litoral tras asistir a una proyección privada.


En la que está considerada una de sus obras más logradas, el vagabundo que encarna Chaplin quiere ayudar a una pobre florista ciega. Foto: United Artist
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Memorias de Santa Fe La historia del film de Chaplin que atrajo a los santafesinos en 1931 “Luces de la ciudad” llegó a Santa Fe a principios de julio de ese año. Está considerada como una de las obras maestras del actor y director que popularizó al personaje del vagabundo Charlot. “Ha intelectualizado la risa”, afirmó un cronista de El Litoral tras asistir a una proyección privada.   “Luces de la ciudad” llegó a Santa Fe a principios de julio de ese año. Está considerada como una de las obras maestras del actor y director que popularizó al personaje del vagabundo Charlot. “Ha intelectualizado la risa”, afirmó un cronista de El Litoral tras asistir a una proyección privada.

 

Charlot, el icónico personaje creado por Charles Chaplin a principios del siglo XX, protagonizó decenas de aventuras que hicieron las delicias del público de todas las edades. Pero nunca se lució tanto como en “Luces de la ciudad”, película estrenada en Estados Unidos el 7 de marzo de 1931, en medio de la transición del cine mudo al sonoro. Narra, básicamente, los avatares que atraviesa Charlot para conseguir el dinero que le permita ayudar a una joven ciega muy pobre que vende flores, de la que se ha enamorado. 

 

Foto: United Artist

 

“Luces de la ciudad” le demandó casi tres años y mucho esfuerzo a Chaplin, no sólo por el contexto cambiante de la industria cinematográfica, sino porque le costó encontrar a la actriz principal y debió atravesar difíciles situaciones personales, como la muerte de su madre. Sin embargo, pudo hacer de este film una de sus obras mayúsculas, por encima incluso de “La quimera del oro” y “Tiempos modernos”. Incorporó el sonido, pero se mantuvo fiel a la lógica del cine mudo. “Las películas habladas tienen necesariamente un campo limitado, puesto que solamente las entenderán quienes hablen un lenguaje particular”, justificó en aquel momento.

 

 

Lo cierto es que “Luces de la ciudad” (como dato de color, la película preferida de Orson Welles, director de “Ciudadano Kane”) tuvo gran éxito y perduró en el tiempo, hasta quedar ubicada entre las 100 películas más importantes de la historia del cine según el American Film Institute. Gracias al talento innato de mimo del que siempre hizo gala Chaplin, pero también porque el director hace pie en el costado humorístico de las diversas situaciones y escarba en los recovecos más íntimos del alma humana, como si fuera una especie de William Shakespeare del cine. 

 

 

El “atorrante universal” en Santa Fe

 

“Luces de la ciudad” llegó a los cines santafesinos en julio de 1931 y despertó amplio interés y expectativas en el público local. Esto se puede apreciar en uno de los titulares publicados por el diario El Orden el día 1° de julio: “El estreno de ‘Luces de la ciudad’ a realizarse hoy en los cines Empire y Moderno será un gran acontecimiento”. La bajada de ese artículo señala: “Será estrenada hoy a precios populares la suprema creación del más grande humorista contemporáneo”. Y en el cuerpo central indica: “Carlitos Chaplin, el atorrante universal vuelve nuevamente hoy para ofrecernos todo el tesoro de su humorismo. Y lo hará precisamente con ‘Luces de la ciudad’, el más grande monumento humorístico del siglo”. 

 

 

Foto: Hemeroteca Digital Castañeda

 

El mencionado artículo publicado por El Orden remarca además que se trata de un drama de profundísima filosofía. “Lo comprenden y lo sienten todos, tal es la claridad de su planteo, de su exposición y su desenlace. El niño lo verá y lo sentirá ingenuamente. El grande, en cambio, padecerá la inenarrable impresión de un pinchazo fino y punzador, en lo más hondo del alma. Solamente Chaplin logra la maravilla de aunar sin violencias la alegría y el dolor y de proporcionar una cosa y otra a capricho de sus públicos”. 

 

 

“Agradecer a Carlitos”

 

En la mañana de ese mismo miércoles 1° de julio de 1931, el empresario Leopoldo Samper dispuso la realización, en el cine Empire de Santa Fe, de una función privada de “Luces de la ciudad” para invitados especiales, antes del estreno comercial. A la misma, que arrancó a las 11 y finalizó a las 13, asistió un cronista de Diario El Litoral, que dejó sus impresiones sobre el film. “Confieso que salí reconocido a Carlitos por las casi dos horas de risa y tristeza que me brindó con su cinta. ‘Luces de la ciudad’ es un bello ejemplo de sacrificio”, sostiene.  Tras describir el argumento, agrega: “Después de ver este film, yo creo en lo que del creador de ‘La quimera del oro’ se ha dicho: Carlitos ha intelectualizado la risa. Finalmente señala: la cinta “soportó la prueba de fuego de la sesión en privado, ante un reducido pero calificado público. Yo volveré a verla, confundido entre el público, para reír con él y agradecer nuevamente a Carlitos el bien que nos hace”. 

 

Foto: Hemeroteca Digital Castañeda

 

Su gran película

 

 

El 17 de mayo de 1931, un mes y medio antes del arribo del film a las salas santafesinas, El Litoral reprodujo en su página 2 una crónica del reconocido periodista porteño Israel Chas de Cruz sobre “Luces de la ciudad”, titulada “Carlitos y su gran película”. El también guionista cinematográfico había tenido la posibilidad de asistir a una proyección del film en el Cohan Theatre de la ciudad de Nueva York y dejaba sus impresiones respecto a la cinta en cuestión, pero también sobre su creador. “Una persona de la intimidad de Chaplin nos dice que el actor no es un hombre triste ni mucho menos. Es, sencillamente, un hombre de vida interior, desconfiado y generoso, que odia sinceramente la adoración de que es objeto y a quien cuesta mucho trabajo no insultar al que en la calle lo señala con el dedo, diciendo: ‘Ese es el gran Chaplin’”. En síntesis un gran artista de veras que, mientras puso en juego sus habilidades, fue capaz de deslumbrar al público de todas las latitudes. 

 

Foto: Hemeroteca Digital Castañeda

 

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