Por Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial a Mendoza)
Debería girar todo alrededor de este hombre de 38 años que sigue sorprendiendo y nos deja a todos con la boca abierta. Hizo su gol número 128, tiene un promedio de casi medio gol por partido, se acerca a la marca del Bambi Aráoz, que entre la década del ’70 y principios de los ’80 se convirtió en el jugador con mayor cantidad de partidos en la historia de Colón. El Bichi se puso a 27 encuentros de los 284 que jugó ese marcador de punta casi completo que tuvo Colón y que formó parte de la defensa más famosa de la historia sabalera, junto a Villaverde, Trossero y Edgar Fernández. Y todo hace suponer que en breve no sólo será el goleador histórico, sino el que más veces se puso la rojinegra de Colón. ¿Será capaz alguien de superarlo?, ¿o habrá que esperar otros 106 años?
Es inevitable hablar de Esteban Fuertes, de su vigencia, de su entereza física y futbolística, de su capacidad de gol. Es inevitable hablar de ese golazo descomunal que hizo ayer en Mendoza, clavando desde más de 35 metros la pelota en el ángulo de Torrico y metiendo, sobre el final, el notable cabezazo de la victoria sabalera.
Debería girar todo en torno del Bichi, que cuando hace goles es para que el equipo gane o empate. Porque en los 7 puntos cosechados por Colón en este torneo, hubo una figura excluyente a la hora de convertir. Y fue él, jugando solo o acompañado, recibiendo mucho o poco, apareciendo y desapareciendo. Pero Fuertes siempre está, vigente, íntegro, inteligente, astuto, preciso y demoledor. Pocos son los que se pueden dar ese lujo en este fútbol de dientes apretados, de pocos espacios, de impaciencias y rigideces tácticas. Hace unos días, el propio Barros Schelotto dijo que éste era su último torneo porque notaba claramente la diferencia física y de velocidad con el resto. El Bichi es más grande que él en edad y, sin embargo, posterga su decisión de retirarse y hasta dice, sin sonrojarse ni ponerse colorado, que se “equivocó” en anunciar el retiro para fines del año pasado. Con 38 años, edad en la que la mayoría ya está dirigiendo o hace tiempo que colgó los botines, este hombre sigue desafiando límites como si se tratara de un “superhéroe”, que para Colón lo es.
Es inevitable empezar este comentario hablando de Fuertes. Figura indiscutida y determinante en un triunfo que Colón no mereció porque hizo menos futbolísticamente que Godoy Cruz, pero que logró por la tremenda incidencia de su goleador y emblema. Sin Fuertes, Colón hubiese perdido el partido. Sin embargo lo tuvo, lo tiene. Y debe prender velas para que permanezca durante mucho tiempo enarbolando las banderas del gol y la victoria, por más que esto se parezca o tenga el sabor de algo que no será eterno.
Las sombras sabaleras
Colón venía de jugar muy mal desde el arranque del torneo. Así que una mejoría, por más leve que fuera, iba a ser visible. No se necesitaba demasiado para elevar el bajo nivel que tuvo el equipo en los tres partidos anteriores. Por eso, la primera conclusión es que el de ayer fue el mejor partido que jugó el equipo, aunque lejos estuvo de descollar y de convencer. Más todavía, hizo lo suficiente menos que Godoy Cruz como para no merecer ganarle el partido.
Estas luces que se prendieron a partir no sólo de los goles de Fuertes que incidieron directamente en el resultado del partido, sino de las actuaciones de Damián Díaz y de Ledesma, contrastaron con las sombras y oscuridades que se evidenciaron durante los 90 minutos. A saber: 1) fallas defensivas, algunas groseras y que costaron goles; 2) escasa actividad por los laterales para recuperar la pelota, tanto en Graciani por derecha como en Lucas Acosta y Ricky Gómez por izquierda.
Colón tuvo algo muy claro a su favor: la eficacia y contundencia. El equipo generó apenas cuatro o cinco situaciones claras. Sin embargo, tres de ellas fueron goles y así se construyó un gran resultado. Obviamente, generar tan poco en el área de enfrente obliga a que se mantenga un nivel de contundencia casi ideal y esto no ocurre a menudo en el fútbol. Colón lo consiguió a partir de los goles de Fuertes, fundamentalmente, pero tampoco se puede esperar que en todos los partidos se presente este tipo de circunstancias.
Un buen punto de partida
Había que cambiarle la cara al equipo. Por eso, Gamboa decidió modificar el esquema, pasó a marcar con línea de cuatro para proteger a los centrales, puso un “5” de marca para ayuda a Prediger y trató de juntar gente con buen pie y por eso incluyó a Lucas Acosta como compañía de Damián Díaz.
Como decíamos más arriba, el equipo mejoró. De todos modos, falta que los marcadores laterales aprieten más a espaldas de los volantes y que éstos entiendan cuál es la función de un carrilero.
Lucas Acosta, por ejemplo, es un jugador apto para el juego, pero no tiene marca. Su posición natural es la de enganche y allí choca con otro jugador de idénticas características, como Damián Díaz. Pero Lucas Acosta no es carrilero, no siente esa función, tiene que acostumbrarse y trabajar para encontrarle la vuelta al puesto y eso le puede llevar tiempo. Entonces, Gamboa tiene que ver de qué manera consigue armar un funcionamiento con este esquema y potenciando a los jugadores elegidos. Para ello, necesita volantes capaces de hacer el ida y vuelta, aportando marca, atención hasta un determinado punto de la cancha y también algo de juego, para que el equipo no pierda volumen o dependa de un solo jugador al momento de crear.
Es un buen punto de partida que se haya ganado y que la imagen del equipo haya mejorado. Eso permite, por ejemplo, que el técnico sienta que hay que continuar por este camino para fortalecer lo logrado. El ingreso de Garcé en defensa puede mejorar aún más esa línea. Y lo propio ocurrirá con Moreno y Fabianesi, a quien Gamboa debería encontrarle un lugar por los costados y continuar con el doble cinco de marca que puso en Mendoza.
Ganó Colón y superó una semana complicada y llena de preocupaciones. Ganó Colón y es inevitable decir que fue gracias a Fuertes. A ese Bichi que desafía todos los límites y al que cada vez cuesta más encontrarle adjetivos que lo califiquen.






