Enrique Cruz (h)
Seguramente, los que peinan canas dirán que en los 40, 50 ó 60 hubo jugadores más talentosos, más habilidosos y más desequilibrantes. La irresistible tentación a suponer que “todo tiempo pasado fue mejor”, invita a creer a ellos —los que peinan canas— que pueden tener razón.
Hoy, por ejemplo, que surge naturalmente la comparación entre Messi y Maradona, no falta el que exprese que “ni Messi, ni Maradona, el mejor de todos fue el Charro Moreno”. Digo que está bien que se hagan comparaciones, se aceptan; pero, ¿por qué no pensar que Messi no llegó a este mundo (ni siquiera había nacido cuando Diego deslumbraba) para destronarlo, sino para heredar sus genes y maravillar a todos como lo está haciendo.
Pero dejemos de lado a Messi y a Maradona y hablemos de Colón y de Bertoglio, la gran figura del 3-0 del jueves ante Boca. No quiero apresurarme en comparaciones porque, al igual que entre Messi y Maradona, entiendo que es mejor aceptarlo como iguales y heredero uno del otro. Pero Bertoglio ha llegado en este tiempo a Colón para cobijarse bajo esos genes que Cococho Álvarez, Carlitos López, la Chiva Di Meola y otros, quizás sin tanto nombre ni éxito como los mencionados, desparramaron por el mismo césped que hoy se nutre del fútbol de Bertoglio.
No los estoy comparando. Hay tiempos diferentes, carreras ya hechas por los tres y en ciernes para Bertoglio, que tiene todas las cualidades para triunfar, para ser ídolo en Colón, generar una transferencia millonaria (¿un nuevo récord quizás?) y proponerse lo que quiera en el fútbol, porque no es común que aparezcan jugadores de su jerarquía.
Simplemente, Bertoglio es el heredero de esa clase futbolera que identificó a Colón en otros tiempos, cuando uno se pregunta, por ejemplo, ¿cómo hacía el mediocampo sabalero para marcar con Mazo, Cococho Alvarez y Carlos López integrándolo? Porque es así, repase la historia y verá que no le miento: en muchos partidos, Colón jugó al estilo “Brasil del 70”, lleno de talentosos sin marca. “Tratábamos de tenerla el mayor tiempo posible y si no, que se arreglen los defensores”, dijo alguna vez, en tono de broma, Cococho, un JUGADOR así, con mayúsculas.
La mano del Turco
Mohamed se dio cuenta enseguida de que estaba ante un chico con altísimas probabilidades de triunfar. Por eso, faltando poco para el final del Clausura del año pasado, cuando Huracán y Vélez se hacían inalcanzables, tiró una frase contundente: “Bertoglio va a jugar los últimos cuatro partidos de titular”. Y así fue, mostrando en aquella noche en Mendoza, por ejemplo, la desfachatez y el “potrero” que identifica a este chico que nació en San José de la Esquina, que alguna vez se probó en Central y al que Sciacqua descubrió en alguna prueba y no dudó en traerlo.
Lo fue llevando de a poco el Turco, a veces con la irresistible tentación de ponerlo de media-punta, de no tirarle la responsabilidad de ser el enganche del equipo por más que el pibe esté en condiciones de asumir ese rol. Encara, es hábil, tiene gol. El colombiano Bonilla le pegó una patada alevosa y descalificadora el otro día. Si lo agarraba con el pie apoyado lo podía lastimar gravemente. Por eso la reacción de los compañeros de Bertoglio, tanto adentro (Moreno y Fabianesi y Rivarola), como afuera (dicen que Coudet y el Oveja Ramírez lo increparon duramente a Bonilla cuando se iba, expulsado por Loustau).
Dos cosas que no debe perder
Uno tiene la impresión de que antes había más jugadores habilidosos; o en todo caso, antes había más espacios y los talentosos jugaban más cómodos que ahora, donde se aprieta y se presiona en toda la cancha. Bertoglio pertenece a aquella raza que era habitual hace algunas décadas y no tanto en estos tiempos donde el que no corre pierde.
Bertoglio debe conservar dos cosas que lo pueden llevar a triunfar bien alto en el fútbol: 1) el coraje para pedir la pelota y encarar; 2) el desparpajo de jugador de potrero. El pibe es corajudo, no se esconde, no salta, encara y liga (muchas veces sin la necesaria comprensión y defensa de parte de los árbitros). Y lo del potrero es escencial. Tener picardía y no abandonarla, saltear las cuestiones tácticas y entender que un caño, una gambeta o una “pisadita” ante un adversario lo harán distinto a los demás. Y si es cerca del área, le permitirán generarse una jugada de gol.
El pibe Bertoglio es, no tengo dudas de esto, la aparición más importante que ha dado el fútbol de Santa Fe en los últimos tiempos. Las ventas más importantes de Colón se dieron con un “9” pura potencia como Carignano y con un “5” de buena presencia pero mediocampista de marca, al fin, como Prediger. Este chico es otra cosa, marca diferencias por sí mismo, tiene habilidad y talento. Y un futuro extraordinario que, ojalá, Colón pueda disfrutar en todos los sentidos.






