Por Darío Pignata - [email protected]
Justo en estos días que por estas tierras se nombró al "Gran Pancho" -cada vez más grande, con el paso de los años-, miles y miles de hinchas coparon las tribunas del Cementerio de Elefantes ayer a la tarde como si fuera domingo y Colón peleara la punta, gritando y saltando como en aquél inolvidable año '97 con Francisco Ferraro. La gente, que siempre da hasta que duela, se olvidó de todo: de cómo se fue Falcioni de Santa Fe, del póker de nombres que empezaron a barajar los dirigentes para sucederlo, del promedio del descenso, de lo limitado que indudablemente es este equipo a esta altura de la temporada.
Entonces, ese pueblo que religiosamente caminó un miércoles gris por la tarde hacia el Templo, fue a ponerle el pecho a la crisis. Apareció su gente como era antes, lejos de la comodidad y -por qué no- la levedad que generaron algunas campañas donde Colón se acostumbró a "no pelear por nada", dando vueltas como extraviado en la mitad de las tablas. Colón pareció la imagen de esa familia donde están todos peleados, o por lo menos varios, pero se enteran que hay un pariente que está enfermo y lo van a ver todos, olvidando y dejando de lado las broncas o diferencias anteriores. Eso fue Colón ayer. Una familia refrescantemente unida. En la gramilla y en las tribunas. Por eso las postales del final, donde el pueblo sabalero le recordó a los visitantes la lamentable actitud futbolística de un Passarella que terminó viendo el partido entre rejas al grito de "Sos cagón... sos cagón... River sos cagón". Y a la vez, despidió con un sostenido aplauso de los otros tres costados de la cancha la actitud de los jugadores que eligió Ramón Mántaras para salir a pelear.
Esos hinchas que seguramente cerca de las dos de la tarde se deben haber preguntado en su casa ¿por qué y para qué vamos a la cancha después de lo de Arsenal? encontraron la respuesta -una vez más- del lado del corazón. Jamás del lado de la razón. Entonces, cuando la explicación es "vamos por inercia", la exigencia del pueblo sabalero para con este equipo era mínimo. La gente de Colón fue a la cancha a buscar algo, aunque más no sea una señal y ayer el equipo se la dio. Con sus limitaciones, claro está. Con esta mochila que ya lleva cinco malditos meses sin ganar en Santa Fe. Con una enfermería a cuestas: Píccoli, Rivarola y Centurión, desgarrados, tres jugadores que tranquilamente serían titulares en el equipo en condiciones normales. Con las prohibiciones reglamentarias también cargadas en la mochila: sin su mejor delantero como es José "Pepe" Sand y sin una opción en la zona de volantes como hubiera sido tener a Diego Barrado en el banco (ambos pases son de River Plate).
¿Cuál es el por qué?
La pregunta del millón es la que hacían todos ayer cerca de las seis de la tarde en Colón: ¿por qué el equipo fue una lágrima en el final contra Arsenal y pareció la contracara ayer contra un River que llegaba agrandado a Santa Fe con intenciones de pelear el campeonato?. Partiendo de la base que estos cambios bruscos no son privativos de los sabaleros en el fútbol argentino, a este tipo de respuestas no las tenemos los que intentamos ser comentaristas o analistas de este juego.
¿Por qué Newell's reaccionó con Marini si al equipo lo armó Pumpido?...¿Por qué Racing empezó a sumar con Miguel Angel Micó lo que no podía hacer con "Mostaza" Merlo?...¿Por qué Central ganó tres partidos seguidos con Ischia y antes no pasaba nada con "Pipo" Gorosito?...¿Por qué Independiente juega mejor en una semana con "Pepé" Santoro que en seis meses con Burruchaga?...¿Por qué Ramón Díaz pelea ahora el campeonato en San Lorenzo por encima de Boca y River con casi la misma base de jugadores con los cuales Oscar Ruggeri se comió siete goles con Boca, cinco con River y....¡¡¡cuatro con Quilmes!!! el día del apocalipsis total?.
Como verá, querido amigo, ejemplos sobran en el fútbol criollo. Antes y después que Colón. Pero las respuestas de porqué Colón fue uno con Falcioni y otro con Mántaras con un puñado de días de diferencia las puede dar con mayor precisión Jorge Bucay y no quien firma este comentario.
Lo que quedó en claro es que la frase que usó Falcioni en la madrugada del viernes en el Holiday Inn después de Arsenal para explicarle su salida al presidente Lerche se dio al pie de la letra: "Germán, hoy nos putearon a nosotros, mañana a los jugadores y después será a ustedes. Nos vamos para descomprimir, es lo mejor para todos".
Y entre otras muchas cosas, Colón pareció éso: un equipo "liberado", como si se hubiera quitado de encima una pesada carga con el cambio de entrenador. Sólo así, con un cambio de mentalidad, se puede entender cómo Colón juega bien en línea de tres en el fondo, con apenas un par de entrenamientos y partiendo de la realidad que los tres -Guagua, Reynoso y Goux- son líberos por naturaleza y ninguno es stopper. Del mismo modo se pudo ver cómo por fin en mucho tiempo, los volantes externos -leáse Iriarte a la izquierda y Falcón en la derecha- se animaron a presionar bien arriba. Entonces, el zurdo ex Newell's se la bancó con el jugador de moda en River (Augusto Fernández) y el ex Vélez lo pasó por arriba al zurdo Zapata. ¿Cuánto hacía que Colón no se acordaba del viejo y querido "pressing" como ayer contra River?. Lo único que estuvo exactamente igual, con Falcioni antes y con Mántaras ahora, es la magia futbolera del colombiano Freddy Grisales. Que ayer jugó "libre", antes fue "8", más atrás extremo izquierdo y hasta lo usaron de doble cinco. En realidad, salvando las distancias, "Totono" se ajustaría a la perfección con una anécdota que una tarde, tomando mate en su departamento de Punta del Este, me contó el querido "Pepe" Etchegoyen: "Mirá, pibe, yo tenía en Raúl Cardozo a un jugador que podía poner en cualquier lado de la cancha. Nunca lo probé de arquero, pero si lo hubiera hecho, seguro que atajaba bien".
¡Qué jugador "Totono" Grisales y qué injusticia la de Falcioni con el tiempo que perdió Colón al tener al cafetero sentadito como suplente!. Hoy, Mántaras, Astrada o el que venga, saben perfectamente una cosa: a Colón hay que armarlo con el colombiano Freddy Grisales y diez más.
¿Y ahora qué?
Después de esta reacción anímica y futbolística de ayer frente a River, se viene Quilmes el sábado en Buenos Aires. Y posteriormente, Jujuy acá, dos seguidos de visitante (Lanús y Belgrano), Boca en Santa Fe, Banfield allá y Central acá. Se viene el sprint final.
En medio de las negociaciones con el nuevo entrenador (¿Leo Astrada?), Ramón Mántaras fue muy claro: "No se trata de si me gusta o no me gusta quedarme con el equipo de Primera. Soy un empleado del club y estoy a disposición de lo que Colón necesite".
El equipo de ayer se ganó un crédito de cara al sábado. Sin lesionados a la vista, quizás el "cantado" ingreso de José "Pepe" Sand por alguno de los voluntariosos pero apagados delanteros de Colón aparezca como el único retoque para jugar contra Quilmes.
De todos modos, algo que será relativo. Porque frente a River, la táctica, la estrategia y los cambios de nombres se subordinaron al cambio de la mentalidad individual y la actitud colectiva.
Colón mejoró y sumó, algo que no es poco en estos tiempos de proyecciones, calculadoras, promedios, "líneas de quiebre" y todas esas cosas que parecían olvidadas por el Sur.
Pero más importante que todo resulta lo que la gente fue a buscar ayer contra River y que el equipo ofreció. Porque el hincha, que una vez más dejó todo a cambio de poco en los últimos tiempos, fue a buscar una señal. Y Colón se la dio. El enfermo, todavía, no mueve los dedos ni abre los ojos. Pero su señal de vida fue inconfundible: el corazón late. Y, se sabe, mientras el corazón aguante, hay vida. Y si hay vida, hay esperanza.






