Darío Pignata - [email protected]
El amigo “Google” afirma que la frase “La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana” es de Napoleón Bonaparte. Dicen que varios años después la repitió John Fitzgerald Kennedy, el asesinado presidente de los Estados Unidos. En el fútbol, por ejemplo, fue propiedad del portugués José Mourinho, cuando el año pasado reinventó la frase diciendo: “Las responsabilidades son mías. Ya sabéis que las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas sólo uno y ese soy yo”, al quedar eliminado su Real Madrid a manos del Barcelona en los cuartos de final de la Copa del Rey.
Cuando pasaron 31 partidos de la temporada con sólo dos victorias, se alcanzó la marca de la vergüenza estadística con 26 partidos sin ganar —tercer peor racha del profesionalismo en el fútbol de la Argentina detrás de Argentino de Quilmes y Sarmiento de Junín— y en el próximo juego de local el almanaque dará la vuelta con un año completo son alegrías en el 15 de Abril, me pregunto quién tendrá la grandeza de pedirle perdón a la gente de Unión.
Hasta ahora, con un destino que es inmodificable y se estira más de la cuenta por la pobreza franciscana de los “vecinos” de Unión en el promedio, nadie tuvo los cojones bien puestos para hablarle con sinceridad a ese socio que se está desangrando en las tribunas de López y Planes.
Ese hombre grande, esa señora, ese pibe, esa chica. Esos uno más uno que hacen miles de gargantas que cada día gritan más sabiendo que cada vez falta menos. Lo del entretiempo de ayer, sin palabras.
El fútbol, como juego/negocio/profesión, es algo cada vez más complejo en la Argentina. Y las responsabilidades, en las victorias con padres o en las derrotas huérfanas, siempre son colectivas. No se trata de pedir una caza de brujas porque sí. Es que, se sabe, el culpable de lo que se viene no será nunca uno solo.
Lo que uno pide desde esta columna, ante el conmovedor e inédito gesto que está teniendo el pueblo tatengue con este inminente descenso, es que alguien le pida perdón a la gente. Que alguien asuma que se falló, sin hacer lo que es forma de vida en este país en medio de cada crisis: “abrirse de gambas”, mirar para otro lado, buscar siempre las culpas en lo que hizo el otro.
Siguen varios dirigentes, otros ya no están, pasaron tres entrenadores y una carretillada de jugadores en esta temporada 2012/2013. ¿Por qué a nadie se le abrió el corazón y se sensibilizó para pedirle perdón a la gente? Y no me vengan con esto de que “todavía no es el momento”, porque el socio paga la cuota ahora y se queda sin garganta cada siete días.
Vuelvo a escribir lo que ya dije: el menos responsable es Facundo Sava. Y me gustó mucho algo que escuché del “Colo” después de San Martín: “En San Juan lo perdimos nosotros por culpa nuestra y no por culpa del árbitro”. Un baño de sinceridad, a modo de disculpas sin venta de humo, sería una caricia para el alma lastimada en cuotas del hincha tatengue en estas horas dolorosas que se vienen.
La gente releva las pruebas cuando confiesan las partes: todos sabían en el Mundo Unión que las pintadas amenazantes después de San Juan no eran de unionistas de ley. Esos que sellaron con un pacto de sangre el amor por estos dos colores: el rojo y el blanco. Y por si hacía falta alguna señal quedó claro ayer donde el equipo completó —al no ganar— otro casillero matemático para descender a la “B” Nacional.
El hincha está dando todo y no recibe nada. O casi nada. Si usted esperaba leer en qué minuto llegó Belgrano y en cuál respondió Unión, acá no lo va a encontrar.
En 23 años nunca escribí de fútbol pensando qué podía decir tal dirigente ante una crítica, este entrenador de turno por un planteo o aquél jugador ante un puntaje. Tampoco soy de los piensan que tal o cual periodista o tal o cual medio periodístico es “el ombligo del mundo”. Pero hoy, señores dirigentes —unos adentro, otros afuera—, entrenadores y jugadores de Unión, quisiera que me lean. Al menos hoy. Están a tiempo. No serán ni más ni menos hombres. Las cosas serias de la vida pasan por otro lado. A nadie se le va a caer ninguna coronita. No sólo tienen la obligación de pedirle perdón a la gente de Unión por este descenso que se viene. En realidad, tienen la hermosa posibilidad de devolverle algo a los hinchas tatengues que se están desangrando con este equipo.







