Por Francisco Santandreu (*)
Especial para El Litoral
En 1980, cuando el doctor Pegassano se fue de Unión, Reynaldo Volken, que era el técnico del equipo, me pidió que le buscara un médico para el plantel. No dudé en hablar con Manuel Calvo. Sabía que no podía fallar y el tiempo me dio la razón. Fue amigo de los jugadores y un tipo que siempre generó confianza. Incluso en esos tiempos en los que no existían los estudios que se hacen ahora y los jugadores tenían que aceptar los diagnósticos que el médico le daba.
Manuel era un médico que no parecía médico. Recuerdo que la única vez que lo vi asustado en una cancha, fue cuando el “Perro” Killer, jugando para Unión, cayó en forma horizontal. Esa vez lo vi mal, se inquietó mucho, no le gustó nada apenas cayó y corrió desesperado. Fue la única vez. Todo lo demás lo tomó con la naturalidad, serenidad y seguridad que siempre le dio a los jugadores.
Para nosotros es una pérdida irreparable. Saludo a su hermosa familia, con la que me une la misma amistad que tuve con Manuel. Estoy muy emocionado, porque he perdido a un amigo.
(*) Ex kinesiólogo de Unión.




