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Prestaron servicio durante seis años, siempre con el mismo guía. Cada efectivo lo adopta al pasar a retiro, porque el vínculo animal-hombre que se genera es muy fuerte.

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Hace unos días, en la cuenta de Twitter del Gobierno provincial, se comunicó el pase a retiro o jubilación de una perra y dos perros policías: Gheisha, Eros y Nao (así se llaman). El tuit tuvo numerosos comentarios de usuarios: la gente se conmueve con estas historias, por más mínimas que sean. Pero hay mucho detrás de esa simple noticia: todo un proceso de adiestramiento, cuidado y vínculo afectivo entre el personal que entrena y protege a los perros policías que están en servicio.
En esta capital hay actualmente 17 perros policías operativos (que están en servicio) y tres cachorros en período de adiestramiento. Rosario y la ciudad de Santa Fe tiene las dos Sección Perros más grandes de la provincia, aunque también se funcionan en otros departamentos. A cada animal —que es recibido por donación particular— se lo adiestra durante unos dos años. Transcurrido ese plazo de entrenamiento policial, cada animal tiene un plazo de vida activa de seis años. Luego, es jubilado.

Las razas que se utilizan en la policía son ovejero alemán, rottweiler y pastor belga malinois. También hay dos labradores que son requeridos para la búsqueda de personas extraviadas. ¿Por qué se eligen estas razas? Para el adiestramiento, “lo más importante es la confiabilidad del perro. Tenemos que buscar un animal cuyo temperamento sea fuerte y equilibrado. Esto nos facilita su preparación adiestramiento, porque contamos con un animal seguro de sí mismo y que nos va a llevar a que realice la tarea que nosotros queremos. Estas razas, en este sentido, son fácil de adiestrar”, le explica a El Litoral Juan Vergara, jefe de la Sección Perros de la URI de la Policía provincial.
Los tres “abuelos caninos” jubilados aún son perros jóvenes. ¿Por qué se los jubila? “En realidad no se lo considera al perro policía un ‘anciano’. Ocurre que en cada uno de ellos, transcurrido un determinado tiempo, empiezan a disminuir las capacidades operativas (reacción, olfato, etc.). Es por eso que se le da la baja, o la jubilación”, agrega el jefe.
Los guías y el adiestramiento
Cada perro policía empieza a ser adiestrado a partir de los dos meses o 45 días de edad, y hay un guía canino que siempre estará con él. Éste lo entrena y lo cuida. Luego de ese plazo de entrenamiento, el can pasa a estar activo para las distintas funciones policiales. El plazo en que estará operativo es de seis años. “A todo ese lapso el perro lo transita siempre con el mismo guía: es un vínculo muy fuerte que se establece este ese guía y el animal. Por eso, pasado a retiro el animal, el guía lo adopta”, agrega Vergara.
Esto pasa porque si se lo entrega en adopción a otra persona que no sea su guía de toda la vida, el animal entra en shock: “No conoce a nadie, sólo a la persona que lo adiestró y cuidó ocho años. Por eso, queda con el guía para que siga el vínculo que crearon. En guía se lo lleva a vivir con su familia”, dice el jefe.
El adiestramiento de los perros policías está orientado a la detección de narcóticos, seguridad en espectáculos públicos y a la búsqueda de personas vivas. “Pero hay un abanico grande de disciplinas que estamos en condiciones de hacer con el personal policial por la capacitación que recibimos”, dice el jefe de sección. Por ejemplo, en determinadas condiciones se adiestra al perro en la búsqueda de restos biológicos (de una persona fallecida), o para detectar armas de fuego, entre otras.

El estrés es compartido
Así como el efectivo policial, por su trabajo, debe enfrentar situaciones de estrés extremo, el can también. En seguridad, al perro se lo entrena para que ataque o muerda (a un delincuente perseguido, por caso). Ante una agresión real, se le da la orden al animal para que muerda. Y en los espectáculos públicos —en una cancha de fútbol, por ejemplo—, a veces se generan disturbios.
“En estos casos, salvo una necesidad urgente, cuando en última instancia dan la orden de reprimir que hoy por hoy no se da, el perro no muerde, porque no recibe la orden. Entonces ese animal estuvo todo ese tiempo sin poder morder porque para eso fue adiestrado, y se está frustrando. Eso le genera al animal un estrés muy importante”, explica Vergara.
Lo mismo para los canes que deben hacer recorridos largos de patrullaje o de búsqueda. El cansancio y la frustración por no poder dar con lo que se está rastreando generan en el animal esa sentimiento de desilusión, de objetivo malogrado. Ese estrés es determinante para que el animal, finamente, pueda “disfrutar” del ocio de una jubilación.