Valentía. Acompañada por integrantes del Foro Santa Fe contra la Trata, Gabriela, la mamá de Macarena (en el medio), contó detalles de cómo captaron a su hija y lo que vivió durante el cautiverio. Macarena prefirió que su imagen no se publique. Foto: Guillermo Di Salvatore
Macarena González estuvo cautiva durante seis días del mes de junio en un prostíbulo de Rafaela. La llevaron para ejercer la prostitución. En menos de una semana su joven cuerpo facturó 7 mil pesos, de los cuales ella recibió 700. Tiene 17 años y vive en el barrio Centenario de esta ciudad.
El jueves pasado volvió a faltar de su hogar. Apareció el martes a la siesta en la puerta de Tribunales, donde la dejaron con el fin de que llame a su mamá y la convenza para que levante la denuncia contra su captor. “Ya le dije que no lo pienso hacer”, dice firme Gabriela González en una entrevista con El Litoral. Sentada a su lado está Macarena, con la boca cerrada y la mirada clavada en un punto fijo. Ella no habló en toda la charla, sólo se limitó a ratificar que lo que se dijo es cierto. Quizás tiene miedo. La hipótesis es que en esta segunda oportunidad, la llevaron para amenazarla con el objetivo de que retire la denuncia.
El testimonio que hace público la mamá es invalorable y un verdadero ejemplo de valentía para las integrantes del Foro Santa Fe contra la Trata, María Claudia Albornoz, Gladis Sividini y Celeste Caudana. Y la decisión de sostener la denuncia en la justicia, a pesar de que secuestraron a su hija por segunda vez, mucho más.
“Primero dijo que se fue por su voluntad. Me mintió a mí y a la policía. Pero después contó que la llevó un novio que tenía, y que la había amenazado con matarla si decía algo”, cuenta Gabriela sobre la primera vez. “Mi hija no salía a ningún lado, iba de casa a la escuela y a veces salía a hacer algún mandado por el barrio”. El muchacho, que vivía en Santo Tomé y se mudó a Centenario, la contactó por Facebook.
“Hay una forma de captar que es enamorando; les mandan un noviecito que les endulza los oídos y les hace creer que van a ser reinas”, sintetiza Albornoz, quien pone énfasis en que hay que desterrar la idea de que las chicas se van porque quieren y aceptar que les hacen un trabajo psicológico durante mucho tiempo y hasta esperan que se peleen con sus familias para llevarlas. “Ellas no pueden medir el riesgo que conlleva que otros hagan un negocio con su cuerpo”, explica.
Durante los seis días que trabajó en el prostíbulo, Macarena anotó en un cuaderno todo el dinero que dejaron sus clientes: 7 mil pesos en total. “¡Imaginen cuántas veces se vende el cuerpo de una nena!”, dice María Claudia. A la par de la señora que regenteaba el lugar, sus notas detallan en qué se gastaba ese dinero: comida, bebida y $ 1.500 para su captor. “A ella le dieron $ 700”, asegura su mamá. “Con ese cuerpito, se pagan muchas complicidades políticas, judiciales y policiales. Cada uno se va llenando los bolsillos”, acota Albornoz.
El cuaderno de notas, que muestra cómo se negocia con el cuerpo de una menor de edad, fue aportado como prueba a la Dirección provincial contra la Trata de Personas y a la Justicia. A Macarena le cambiaron su nombre por el de Estefanía Méndez y le dieron un DNI de una mayor de edad.
Este testimonio sirvió para realizar allanamientos en el prostíbulo de Rafaela y, aunque en Centenario todos siguen viendo al chico que se la llevó, la policía todavía no pudo dar con él.
Apenas notó que su hija había desaparecido, Gabriela fue a la escuela Juana Azurduy, donde asiste la menor, y pidió ayuda. La profesora Gladis Sividini la acompañó a hacer la denuncia. “Había pasado casi una semana y la foto de Macarena no estaba subida a la página oficial del gobierno, desde donde la toman los medios para difundir la búsqueda. Los tiempos son muy lentos y en cuatro horas las pueden sacar de la provincia”, relató la docente.
En el barrio, Gabriela escuchó comentarios sobre quién era el joven que se había llevado a su hija. “Fui a buscarlo y le dije que si al otro día no me la traía, lo iba a denunciar. Él negó todo pero 24 horas después Macarena apareció. Me llamó desde la terminal de ómnibus para que la buscara”. Según supieron, “el chico llamó al prostíbulo y les dijo que la dejen venir con la excusa de que había fallecido un familiar”.
La suerte que tuvo Macarena no suele acompañar al resto de las chicas que caen en una red de trata. “Muchos casos no se conocen, acá la mamá se movió rápidamente, se visibilizó el caso y eso ayudó”, finalizaron desde el Foro Santa Fe contra la Trata.
Cuaderno de notas. En estas hojas, Macarena anotó lo que facturó con su cuerpo durante los seis días que estuvo en el prostíbulo de Rafaela. Lo aportó a la Justicia.
El dato Foro contra la trata El Foro Santa Fe contra la Trata se creó después de la desaparición de Milagros Mancilla, una nena de 13 años de barrio Chalet -alumna de la escuela Juana Azurduy-, que había sido secuestrada y que afortunadamente luego apareció. Está integrado por organizaciones barriales, universitarias, profesionales y trabajadores de la salud. Se reúnen los martes, a las 19, en El Birri y luchan para revertir prejuicios arraigados en la sociedad, agilizar las búsquedas respetando protocolos establecidos y motorizar cambios en el accionar policial, como por ejemplo, que se tomen las denuncias en el momento y no luego de 24 ó 48 horas después de que la persona desapareció.
" Con ese cuerpito, se pagan muchas complicidades políticas, judiciales y policiales. Cada uno se va llenando los bolsillos”. María Claudia Albornoz, integrante del Foro Santa Fe contra la Trata.
" Primero, dijo que se fue por su voluntad. Me mintió a mí y a la policía. Pero después contó que la llevó un novio que tenía, y que la había amenazado con matarla si decía algo”. Gabriela González, mamá de Macarena.