Redacción El Litoral
La historia de Uriel, uno de los bebés que murió en la crecida
La canoa en la que lo rescataban se dio vuelta el 29 de abril a la noche y cayó al agua junto a sus dos hermanos y su madre.

Es una de las historias más duras de la peor inundación que enfrentó la ciudad. Uriel Castillo, un bebé de solo 12 días, se ahogó a metros de la cancha de Colón la noche del martes 29 de abril, cuando todo el oeste de la ciudad estaba inundado por la crecida del Salado.
En el mes en el que se cumplen 15 años de la inundación, el equipo de la segunda edición de CyD Noticias —María José Ramón y Leonardo Botta— , encontraron y hablaron con su mamá: Vanesa Fernández. El relato es una oscura pesadilla que todavía no terminó.
Aquel lunes
Fernández recuerda que el lunes 28 de abril le había avisado que los barrios del noroeste de la ciudad se estaban inundando. Vivía en Santa Rosa de Lima, con el Papá de sus tres hijos: Elvio (que tenía 6 años), Araceli (2 años y medio) y Uriel, que acababa de nacer.
La mañana del 29 de abril, preocupada porque el agua se venía, se fue con los chicos a la casa de su hermana en barrio Chalet. “Nos quedamos ahí hasta la tarde. Nunca nos imaginamos que el agua iba a llegar tan alto”, contó. Es que cerca de las 19 había llegado al segundo piso de la vivienda y no había otra que volver a evacuarse.

La noche
A la noche subió con sus tres hijos a una canoa que estaba ayudando a la gente que había quedado rodeada y sitiada por el agua. “Al principio éramos pocos pero empezó a recorrer el barrio y al final terminamos siendo más de 20 personas en la canoa. El hombre que remaba estaba muy cansado y yo tenía miedo de que pase algo malo, porque estaba todo oscuro e íbamos esquivando los cables”, recordó Fernández.
Cerca de la cancha de Colón, la canoa chocó contra un poste y se dio vuelta. Todos cayeron al agua. Fernández se desesperó. A Uriel lo tenía en brazos una mujer pero no veía a sus otros dos hijos. Estaba desesperada. “Quedate tranquila yo tengo al bebé”, le dijo esta mujer.
No pudo. En un momento el agua las arrastró hacia la zona de la cancha y el bebé se le escapó. Fernández quiso volver a buscarlo pero la corriente la empujó contra el club. Se estaba ahogando hasta que golpeó contra una de las columnas que sostienen las tribunas y puedo agarrarse.
“Al principio éramos pocos pero empezó a recorrer el barrio y al final terminamos siendo más de 20 personas en la canoa. El hombre que remaba estaba muy cansado y yo tenía miedo de que pase algo malo, porque estaba todo oscuro e íbamos esquivando los cables”
Cuatro horas
“Quedé prendida ahí, gritando que salvaran a mis hijos”, contó. Pensó que los había perdido a los tres. A las cuatro horas, un hombre escucho sus gritos y cruzó a nado hasta el club para ayudarla. “Yo me quería soltar, no quería vivir más, pero esta persona me salvó la vida”, recordó. Más adelanta la rescataron, con un cuadro de hipotermia.
Un policía, Martín Lencina, le dijo que habían encontrado a Araceli, y se la trajeron de noche. También sobrevivió Elvio pero nadie pudo salvar a Uriel.
“Siento mucha impotencia. Pasaron 15 años y nadie del gobierno se ha acercado para ver cómo quedé yo y cómo están mis hijos. Siento que el Estado nos abandonó. Uriel tendría que tener 15 años, era un bebé sano y no merecía morir de esa forma”, concluyó Fernández.
"Pasaron 15 años y nadie del gobierno se ha acercado para ver cómo quedé yo y cómo están mis hijos”
Adultos mayores y niños
n forma oficial se reconocen 23 muertes por la crecida del Salado en la ciudad. Entre las víctimas hay tres bebés: Uriel Castillo (12 días), Priscila Andino (un año y medio) y Lucas Galván (21 días). De las 20 personas restantes en la lista, 15 tienen más de 55 años. El más anciano era Angel Argentino Gramajo, que el 29 de abril de 2003 tenía 92 años.







