Lía Masjoan

Ricardo Hausmann es un economista de la Universidad de Harvard.

Lía Masjoan
Enviada especial a Washington DC
Entre los expertos que el BID seleccionó para acercar herramientas de capacitación a los alcaldes que participaron del Foro “Hacia ciudades innovadoras y competitivas”, se destacó la disertación de Ricardo Hausmann, director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard.
En sintonía con el eje del evento, su exposición se focalizó en cómo hacer ciudades más competitivas y productivas, y cuál es el rol que debe jugar el sector privado en este proceso. Lo atractivo fue que utilizó el tradicional juego de mesa “scrabble” para explicar, con letras y palabras, el rol preponderante que juega el cerebro de las personas, y la articulación entre ellas, en el desarrollo de las ciudades.
Durante las dos jornadas en las que se desarrolló el Foro —la semana pasada en Washington DC—, un tema recurrente fue la importancia que tiene para las gestiones locales detectar las capacidades y habilidades de sus habitantes y ayudar a potenciarlas. Sencillamente porque las ideas creativas y la actitud emprendedora valen y pueden hacer florecer sus economías regionales.
Para poner en contexto la situación, Ellis Juan, consultor de la División de Vivienda y Desarrollo Urbano del BID, partió de la premisa de que el exponencial crecimiento que han experimentado los centros urbanos en las últimas décadas ha generado los problemas a los que intentan adaptarse en la actualidad, y con los que lidian los alcaldes a diario (tránsito, basura, falta de planificación). A esto se suma que “no estamos siendo lo suficientemente competitivos como para poder generar los puestos de trabajo dignos que se necesitan”, remarcó el representante del BID al introducir la disertación del especialista de Harvard.
La clave: el know how
Para Hausmann el secreto está en la productividad, en encontrar políticas que fomenten la prosperidad. Partió haciendo una comparación entre las ciudades más pobres y las más ricas del mundo y mostrando que, incluso en un mismo país, “con un mismo marco legal y representación política e igual arquitectura financiera, conviven realidades muy distintas. Esto requiere de enormes grados de libertad a nivel local para transformar las cosas y que no todo se decida en la capital”, aseguró.
¿Y qué es lo que diferencia a ciudades tan desiguales? “La tecnología, que incluye herramientas y recetas, pero no sólo eso”, afirmó Hausmann. Y usó un ejemplo muy ilustrativo para llegar al eje central de su conferencia: “No se trata sólo de tener las herramientas y las recetas, sino de saber qué hacer con ellas. Si a mi me duele la muela, no le digo a mi pareja que baje un artículo de internet para ver cómo calmar mi dolor; voy al dentista, quien usará herramientas y seguirá procedimientos en base a algo que está solamente en su cerebro y que llamamos conocimiento tácito o know how”.
Si las ciudades logran sumar el know how de equipos de personas, que cooperen cada uno con sus capacidades para, por ejemplo, elaborar determinados productos, podrán dar un salto cualitativo. “La diferencia entre las ciudades prósperas y las menos prósperas es la cantidad de know how que tienen”, remarcó.
Pero la gran pregunta es ¿cómo se mide el know how? ¿cómo saber qué saben los ciudadanos?
“El secreto de saber más no es tener una sociedad de genios, es tener una sociedad donde la gente sabe distinto. La ciudad sabe más porque la gente sabe distinto. Para hacer un producto, hay que juntar mucha gente que sepa de cosas muy distintas, porque el producto requiere de demasiado know how”, explicó.
Letras y palabras
Según el ejemplo de Hausmann, el proceso productivo es como un juego de scrabble, donde el know how son las letras y la producción son las palabras. “Hay que establecer una relación entre las letras que tiene la ciudad y las palabras que puede formar. Si tengo sólo una letra, no podré hacer muchas palabras, pero a medida que añado letras, podré hacer cada vez más palabras, y más largas”. Es decir, mayor producción y más compleja.
“Por eso es muy importante para las ciudades, expandir el número de letras que tiene. Y para eso debe resolver el problema del huevo y la gallina: no tienen las letras que usan las industrias que no existen aún, y las industrias que no existen aún no pueden existir si no están las letras que se necesitan”, ejemplificó.
¿Cuál es, entonces, el desafío? “Identificar qué letras tengo, qué cosas ya sé hacer y no requerirá de muchas letras más porque ya tengo casi todas, y juntarlas para comenzar a resolver los problemas”.
Mover las cabezas
Las dificultades de movilidad urbana que tienen muchas ciudades de América atentan contra la productividad. “Si demoro dos horas en ir a trabajar y dos en regresar, y supongamos que el pasaje me cuesta dos horas de trabajo, estoy fuera de mi casa doce horas, cobro ocho, pero dos se me van en pasaje.
Eso es un impuesto del 50% a ir a trabajar y la movilidad se vuelve un obstáculo a la inclusión porque mucha gente se queda en el sector informal porque es muy costoso trasladarse, es decir, sale muy caro llevar mi letra a donde se juntan las letras”, volvió sobre el ejemplo con el juego de mesa. “Las ciudades se vuelven más ineficientes, las letras no se pueden juntar y se quedan haciendo palabras de una sola letra”.
Ante este escenario, Hausmann sostiene que hay dos formas de aumentar la diversidad de letras en una ciudad: una es aprender, “pero meter el conocimiento, el know how, en las cabezas lleva tiempo y es costoso”. Entonces, “es mucho más fácil, mover las cabezas, juntarlas. El conocimiento se va moviendo de empresa a empresa en la cabeza de los trabajadores que adquirieron el know how en una y se van a otra”.
Y remató con un consejo para los alcaldes: “Si usted está tratando de hacer crecer a su ciudad prescindiendo del talento nacido localmente, usted está haciendo su vida innecesariamente difícil”. Así que, el desafío es salir a la cazar talentos ocultos.
Las dificultades de movilidad urbana que tienen muchas ciudades de América atentan contra la productividad. “Si demoro dos horas en ir a trabajar y dos en regresar, estoy fuera de mi casa doce horas, cobro ocho, pero dos se me van en pasaje. Eso es un impuesto del 50% para ir a trabajar”, advirtió Hausmann
“Si usted está tratando de hacer crecer a su ciudad prescindiendo del talento nacido localmente, usted está haciendo su vida innecesariamente difícil”, aseguró Hausmann. Así que, el desafío es salir a la cazar talentos ocultos.
Perfil
Ricardo Hausmann es un economista venezolano radicado en Estados Unidos. Es el actual director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor de Economía del desarrollo en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Fue ministro de Planificación de Venezuela y economista del BID.