El Litoral
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Nueva Pompeya: cuando llueve las calles quedan intransitables
El municipio construyó un desagüe que mitiga los anegamientos por precipitaciones, pero las calles de tierra se convierten en un lodazal y los vecinos viven en medio del barro.

Los vecinos que tienen sus casas entre Regimiento 12 de Infantería, Dr. Zavalla, Facundo Zuviría y casi avenida Gorriti, en Nueva Pompeya, viven en medio del barro. Es que cada vez que llueve las calles de tierra se convierten en un pantano y es muy complicado ingresar y salir del barrio.
Al final de la semana pasada, a casi 24 horas del comienzo de la tregua que dieron las lloviznas y la constante humedad, las calles de tierra estaban saturadas de barro y en sectores de Ayacucho al 3400, Pasaje Quiroga al 7600, Pavón al 3400 y Larrea al 3400 —solo por dar algunos ejemplos— era muy arriesgado pasar. La gente asegura que quedan autos todos los días.

Cuando esto pasa, los vecinos advierten que se complica el ingreso de la policía y sobre todo de las ambulancias cuando hay emergencias. Los camiones recolectores de basura tampoco pueden entrar porque corren el riesgo de quedarse. Por eso la gente guarda la basura en sus domicilios hasta que las calles vuelven a estar transitables, un proceso que puede llevar hasta diez días, si es que no vuelve a llover.
Para poder ingresar a sus domicilios, los vecinos tiran escombros y arena en el accesos a sus garages y se han vuelto expertos en conducir en el barro y en conocer las características del suelo de cada calle, para saber si el auto pasa o se queda.

Obra clave
Este sector de barrio Nueva Pompeya históricamente se inundaba cuando llovía. Los vecinos recuerdan que con solo 40 centímetros tenían el agua en la vereda, al borde de sus casas. Con la construcción del desagüe Pavón - Ayacucho, reconocen que se mitigaron los anegamientos cuando hay precipitaciones intensas.
En este conducto, el municipio invirtió 25 millones de pesos y se inauguró en diciembre de 2016. El desagüe se extiende a lo largo de 1.310 metros —entre Facundo Zuviría y Peñaloza— y beneficia de manera directa a unos 7.800 vecinos que residen en los barrios Pompeya, Nueva Pompeya, San José y Transporte, entre otros. La obra permite evacuar un caudal de 5 metros cúbicos de agua por segundo, lo que equivale a 18 millones de litros por hora.

El problema es que como las calles siguen siendo de tierra —y la zona es compleja desde el punto de vista hídrico— se saturan de humedad con las precipitaciones, se ablandan y hasta les cuesta resistir precipitaciones que no tienen milimetrajes tan importantes. Cuando hay varios días consecutivos de lluvia y garúa, la situación se agrava.
Otra dificultad es que al ser las calles de tierra —sin cordón cuneta— y al contar solo con zanjas a cielo abierto para conducir el agua al desagüe, se arrastran muchos materiales sueltos hacia el conducto (barro, yuyos y también basura), lo que puede complicar el mantenimiento de un troncal clave para este sector del noroeste de la ciudad.
Cuando se construyó el desagüe, las cuadrillas del municipio colocaron ripio en una parte de Ayacucho, pero con las lluvias las piedras “se lavaron” y la calle —como otras del barrio— volvió a quedar intransitable.







