Hace mucho tiempo que el tránsito de la Ruta 1 a la altura de Colastiné Norte dejó de ser tranquilo. Sin embargo, en las últimas semanas la situación empeoró luego de que la Municipalidad decidiera instalar nuevos semáforos a la altura de los kilómetros 2,4 y 2,5 -que no están coordinados- con el objetivo de ordenar a los vehículos que ingresan y salen de un nuevo supermercado construido en la zona.
Durante las hora pico de los fines de semana, inspectores de tránsito trabajan para dar mayor agilidad a la circulación. Sin embargo, durante las horas de mayor flujo de vehículos del resto de la semana, la situación es caótica y los automóviles terminan atascados en filas que llegan a ocupar los más de dos kilómetros que une este sector con la Ruta 168.
“Los viernes de 11 de la mañana a 3 de la tarde, cuando se vienen los empleados públicos desde Santa Fe a la costa, se congestiona mucho el tránsito. Ese es otro horario pico. Los sábados después de las 11 pasa lo mismo, encima hay una sola mano. Y los domingos desde las 18 están los carriles llenos, es un gran flujo de tránsito, y así llegan los peligros”, dijo a El Litoral Aldo Mere, vecino y comerciante.
“La gente ya piensa dos veces en venirse para la costa, porque sabe que esto es un caos vehicular, que se generan largas colas y se pierde mucho tiempo”, aportó Teresita Cordone, otra vecina. Para Mere, algo que se podría hacer es organizar o sincronizar mejor los semáforos: “Éstos están muy cerca unos de otros, y la sincronización no es buena.
Entonces se generan los problemas. A este tema lo tiene que solucionar gente capacitada”, concluyó el vecino.
Muchos optan por avanzar por las banquinas, produciendo situaciones de riesgo para los transeúntes. Otros, sobre todo los conocedores del barrio, deciden avanzar circulando por las calles interiores de Colastiné Norte, que en general están en malas condiciones y son aún más perjudicadas por un tránsito cada vez más intenso.
“Esto es un caos”, dijo Ricardo Dolfo, señalando con su dedo índice la ruta en el kilómetro 2,5. El tráfico de vehículos en ambas direcciones es intenso, y se pueden observar innumerables infracciones -desde el cruce de un carril a otro, hasta la circulación por la banquina- de automovilistas, motociclistas y conductores de tránsito pesado.
“A todo esto hay que sumar que hace unos años en Colastiné hubo una gran explosión demográfica. La cuestión del crecimiento poblacional hay que observar también, la vía quedó chica para el tráfico que debe soportar”, coincidieron Dolfo y su compañero, José Paré.
A juzgar por la opinión coincidente de los vecinos consultados, uno de los puntos “en rojo” el km. 2,5. “Aquí está el acceso al camping de UPCN, y se hace un atolladero de autos, la gente cruza de carril, sin esperar la orden de los inspectores de tránsito. Doblan en U, se mete por las banquinas, no importa nada”, dice Mario Vidal, otro vecino de Colastiné.
El otro sector conflictivo es el km. 3, a la altura de la Escuela Roca.
Ahora han puesto un nuevo semáforo a la altura del nuevo supermercado, pero “de nada sirve, porque los semáforos no están coordinados. Acá, cuando los semáforos están en intermitentes, es imposible cruzar, y ahí está el peligro, porque los conductores se cruzan, y el riesgo de accidentes aparecen. Y ni que hablar de los peatones que quieren cruzar de una banquina a la otra, de acá (panadería Balear) a UPCN, o viceversa”, dijo Dolfo.







