Jorge Portells (h) es titular de la cadena de panaderías Balear. El historial de robos de la panificadora es nutrido.
En diálogo con El Litoral el empresario comentó que la empresa resolvió por estos días extender a todos los locales el sistema de vigilancia por cámaras. Además, abonan adicionales a personal policial que custodian la casa central.
Sobre el monitoreo el empresario no dudó en asegurar que “son disuasivas, por eso los robos disminuyeron un poco en los locales, pero creo que en realidad no se detiene sino que se corre a otras zonas”.
Portells conserva en su oficina un sobre que contiene copias de las denuncias de cinco atracos que ocurrieron en la sucursal de Curva Richieri en Santo Tomé y adjunto, el certificado médico donde consta el tratamiento psiquiátrico que debe cumplir la empleada para superar las consecuencias de los asaltos.
“Envié las copias con una carta al Ministro de Seguridad, Alvaro Gaviola, para ver si podíamos hacer algo para cambiar la situación, intentar más trabajo de prevención, ponernos a su disposición pero ni siquiera recibieron el sobre. Volvió con un sello que dice ‘rechazado’, creo que es falta de interés y de predisposición”, aseguró el empresario.
Según Portells las panaderías son fáciles porque siempre tienen efectivo en las cajas y son atendidas mayormente por mujeres “que a veces son más fáciles de persuadir, abusan de eso, entonces somos un bocado”.
“Más allá de la pérdida económica, hay un miedo en la gente de sufrir un daño inminente. Yo me tengo que ocupar de hacer pan y que me salga lo mejor posible”, reflexionó.




