El pasado miércoles 4 de noviembre, en el Multiespacio de la UCSF (Moreno y 1° de Mayo) se inauguró la muestra fotográfica “Huellas”, de Ana Paula Ocampo, “una propuesta que invita a repensar miradas acerca a la maternidad desde la sensibilidad de la imagen, los gestos, las texturas y las historias que habitan los cuerpos y la memoria”.
Ana Paula Ocampo y las "Huellas" en los cuerpos gestantes
La artista santafesina inauguró en el Multiespacio de la UCSF una serie dedicada a retratar cuerpos de mujeres que han sido madres, como así también de otras que perdieron sus embarazos. Ante los presentes relató el camino que la llevó a ese trabajo cargado de sensibilidad, acompañada por la música de Luciana Tourné y Matías Bruno.


Vínculo institucional
La encargada de abrir la velada fue Sofía Vázquez, coordinadora de la sala , quien expresó: “Que esta muestra llegue hoy a este espacio tiene una historia. Comenzó con el deseo de Ana Paula de traer a Santa Fe una hora muy especial y compartirlo con los santafesinos y las santafesinas”.
“Y continuó con una conversación entre el Multiespacio de la Universidad Católica de Santa Fe, la Facultad de la de Ciencias de la salud y el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias de la Salud, que buscaba una propuesta artística que sea capaz de dialogar con ‘Las invencibles’, el ciclo de encuentros que reconoce y visibiliza la trayectoria de mujeres científicas de la ciudad de Santa Fe. Hoy ambas propuestas, ambas iniciativas encuentran y se potencian mutuamente”.
Por su parte, Federico Fookes, secretario de Ciencia, Técnica y Extensión de la Facultad de Ciencias de la Salud, manifestó: “La fotografía es una forma de acercar a a través del arte, la imagen, la expresión, lo biológico a lo artístico; por ahí uno empieza que van por caminos separados y no es así”.
Y añadió: “El ciclo que comienza hoy con la muestra de Ana Paula busca valorar en la propuesta de la ciudad de Santa Fe en el contexto del aniversario de su fundación. La idea del Multiespacio, apoyada por Sofi y Romina (Ghirardi) del Instituto Científico de la Salud, busca ver de este amplio aspecto de oportunidades o de cosas que suceden en la ciudad de Santa Fe, que tiene una oferta académica súper alta y un músculo de investigación que va a ser un poquito expresado a través de las charlas de ‘Las Invencibles’”.
Estas “son mujeres que hacen ciencia en distintas áreas del: conocimiento: la biología, el medioambiente, ciencias un poquito más duras o generalmente relacionadas con los hombres. Se busca mostrar cómo esa pared nunca existió, y ahora se puede ver más claramente”.
Este tramo cerró con la declaratoria de interés del Consejo Municipal, impulsada por el concejal Gastón “Tati” Restagno, y la de la Cámara de Senadores de la provincia, de la mano de Julio Francisco “Paco” Garibaldi.

Arte, salud y emoción
En el momento central de la velada, la autora compartió unas palabras sobre el origen y el sentido de la obra, acompañado por la voz de Luciana Tourné y la interpretación de Matías Bruno en bajo, integrando así música, palabra e imágenes.
En el comienzo, contó que “esta muestra da inicio a un programa que lleva el mismo nombre, ‘Huellas’, que tiene que ver con una iniciativa de donación de obras a hospitales de la provincia de Santa Fe”.
“Fueron elegidos cinco para poder representar la bota, el territorio de nuestra provincia; con la intención de poder llevar obras de gran tamaño para que pueda estar emplazadas en estos espacios de salud. Entendiendo que la salud tiene una visión amplia, y dejó de ser solamente con intervenciones médicas: también tiene que ver con el espacio que habitamos, las emociones que se transitan, los vínculos que se generan”.

“En este sentido el arte, lejos de pensarlo solamente como algo meramente decorativo, también es una forma de acompañar y de cuidar, facilitando o acercando emociones a través de (en este caso) imágenes” refirió la artista.
Contó que “los hospitales que van a recibir obras son el Hospital de Rafaela, el de Ceres, de Venado Tuerto; aquí en Santa Fe, dos hospitales, el Iturraspe y el Hospital Cullen. Y en Reconquista, para completar los cinco nodos, ya está emplazada en el área de Maternidad”.
“Quiero agradecer a los directivos de estos hospitales, porque la apertura fue inmediata; cuando uno empieza con estas ideas y dice: ‘Che, ¿se puede hacer? ¿A quién le va a importar? ¿Será que van a querer?’. Cuando tiene una apertura tan buena, receptiva del otro lado, la verdad que dan ganas de seguir haciendo”.
“Y esto es posible también por el acompañamiento de personas, familias, amigos, instituciones, organismos gubernamentales que también acompañan: de manera económica, logística, el acompañamiento emocional también que es muy importante”.
“A veces cuando uno se encuentra en muestras de arte o cuando se le acercan personas y te dicen: ‘Yo no sé mucho de esto, pero gustó’. O: ‘yo no entiendo de arte’. Parece que el arte queda lejano, o queda para los que supuestamente saben o pueden entender”, reflexionó.
“Simplemente hay que ver qué nos pasa con lo que tenemos enfrente. ¿Qué nos genera? No hace falta conocer, entender de técnica, ser erudito para poder vincularse con el arte”.
“Desde esa sensibilidad fue armado este proyecto. Cada click, cada disparo que yo hice para hacer estas fotografías, fue porque adelante mío sucedía algo que a mí me movilizaba, que me inquietaba.
Hay fotografías del año 2019, del año 2025, que construyen la serie completa. Y cada una de ellas tiene una historia, describen lo que hizo que yo me acerque” refirió.

Alojar vida
Sobre el origen de la serie, relató Ana Paula: “Esto comienza con familias que a mí me contratan para hacer fotografías de recuerdo, del tránsito que tienen cuando están gestando, o el bebé cuando nace: entre los 7 días y los 15 días aproximadamente. Además de las fotos que esperaban las familias, que tienen que ver con fotos de eventos familiares para generar recuerdos, veía a mujeres”.
Y que sus comentarios eran: ‘Vamos a hacer rápido las fotos porque si pasa mucho tiempo ya están muy grandota, ya estoy pesada, ya me canso, no me entra nada. Me está pegando mal’. Y otra dice: ‘A mí me está pegando de bien la maternidad: siento que puedo con todo’”.
“Y después cuando me encontraba con sus hijos ya nacidos veía una mamá recién parida, cansada, con su bebé ahí dispuesta a la foto del bebé dormido que muchos podemos poder ver. Esta mamá con este cuerpo transformado, con este cansancio, dispuesta queriendo generar ese momento”.
“Yo veía todo: esta ternura, esta entrega; pero cuando parábamos entre foto y foto, venía la madre y alimentaba a su hijo; y veía unos pechos llenos, cargados. Por ahí se levantaba la remera y tenía fajas marcadas en su cuerpo, que apretaban esa piel. ¿Qué pasaba en ese cuerpo? Un cuerpo que dentro del arte siempre fue territorio de exploración, deseo: un territorio político y un territorio de expresión”.
Ahí empezó Ocampo a ver el cuerpo “como la primera casa que habitamos como humanidad, el origen. Cuando vamos a recibir visitas, por lo general procuramos que la casa esté ordenada, limpia, por ahí preparamos algo. Uno se dispone para recibir a alguien en su hogar”.

“A veces las visitas caen de forma inesperada: tenemos que dejar de hacer lo que estamos haciendo para atender, para ver cómo sigue ese encuentro. Después cuando estas visitas se van de nuestra casa hay que acomodarse: tratamos de que todo vuelva más o menos a como nos gusta o como estaba”.
“La energía es distinta: algo se movilizó, algo cambió. Hay que ocuparse de nuevo de recuperar ese orden o ese movimiento que se vivió para lo que sigue. Las mujeres ponemos el cuerpo y eso no es gratuito”.
“La mujer tiene la capacidad de poner el cuerpo para alojar: una vida, muchísimas emociones, mucho amor, deseos, sueños, esperanzas, miedos. Empiezan a aparecer otras prioridades, inseguridades, también algunas certezas: hay un cuerpo que se transforma, porque aquí aparece lo innombrable”.
“Un cuerpo donde todo cabe: que aloja, que recibe, que sangra, que duele, que alimenta, que sostiene, que se cansa, que se transforma. Hay una mujer, hay una madre, no sé por qué tendemos a dividir las cosas, cuando vas todos juntas”.

Dolor encarnado
“En estas historias que fui transitando: ¿Qué pasa cuando las cosas no salen cómo las pensamos? ¿Qué pasa cuando las cosas no suceden, como las soñamos, como las esperamos? Se silencia”, explicó.
“Escuchamos recomendaciones como: Vamos a esperar, no cuenten todavía. Vamos a esperar que pase el tiempo, esperemos tres meses. Como si el amor y todas estas emociones pudiera menirse por cuestión de tiempo, o como se desaparecieran de un día para el otro si un embarazo no prospera o no llega a tiempo”.
“Es recomendable el silencio cuando uno no sabe qué decir, siempre es una buena opción. Decidir transitar momentos de silencio también es respetable. Pero los silencios impuestos se sienten muy distintos. Son silencios que cargan más dolor donde ya el dolor existe. Son densos: se siente en la garganta, se hace un nudo en la panza”.
Manifestó que “uno no encuentra el espacio para transitar lo que esté pasando. Nos cuesta tanto hablar de la muerte, más cuando suceden de forma temprana: la sentimos como un tabú, la asociamos a lo morboso”.
Por el contrario, “si hablamos de la muerte es porque existió la vida, por más fugaz que sea. Y hay tanta intimidad que se carga en el cuerpo, que lleva en el alma. Hay un cuerpo que se preparó para alojar, y queda con los pechos llenos y las manos vacías. Ni hablar de partos más avanzados, donde hay una mujer que transita un puerperio sin un bebé. Hay un cuerpo que es el último en enterarse”.

Recuperar recuerdos
Mechando su evocación con interpretaciones de los músicos, recordó que estre trabajo empezó en 2019; “desde 2021 formo parte de una red de fotógrafos que se llama Saudade, que acompaña a través de la fotografía a familias que transitan el duelo tanto en el momento gestacional como al poquito tiempo de nacer, del fallecimiento de su hijo”.
“Lo que hacemos es acompañar a estas familias para generar recuerdos cuando parece que nada existe y nada queda. Hacemos foco en el vínculo y en eso que yo conté antes: ese amor, esa entrega, esas cosas que no desaparecen, sino que la familia aprende a venir integrado para poder seguir adelante”.
“El Hospital Cullen fue uno fue el primero que nos abrió la puerta para poder (como fotógrafos profesionales) ingresar para acompañar a las familias; y tiene un equipo de cuidadores paliativos impresionantes, de los cuales personalmente aprendí muchísimo, y pude compartirlo con el resto de mis colegas para llevar adelante estos trabajos”.
De esa manera, “La foto pasa a ser testigo de lo que sucede. Habilitarle a esta mamá, a esta familia, a sus abuelos, la posibilidad de hacer para lo que se fue preparando: la posibilidad de sostener, de conocer, de acunar, de besar, de cantar, de recibir para poder despedirse. Y eso marca la diferencia”.

Acompañamiento
Destacó como denominador de sus imágenes “las manos de mujer: manos que sostienen, que acunan; manos que se desdoblan, cansadas, que rezan. Manos que tiemblan que sostienen y que se sostienen. Mi maestro, Roberto Guidotti, enseñaba a describir las imágenes antes de comprenderlas. ¿Qué es lo que hay? Hay manos de mujer”.
Por último, no olvidó mencionar que “la curaduría de esta muestra estuvo a cargo (como todas las muestras que hice) de Beatriz Leguiza. Hace muy poquito se cumplió un año de su fallecimiento, y hoy (por el miércoles 4) es su cumpleaños. Fue una mujer muy importante, me ayudó muchísimo en todo mi trabajo, junto con Roberto. Tenía una mirada muy particular para ordenar las historias, y poner ‘esta foto con esta’”.
La velada cerró con un brindis y un lunch de honor, dando la oportunidad a los presentes de conversar y recorrer la exposición.









