La Guardia que espera
En la costa, otrora punto estratégico para el Brigadier López y reflejo de prosperidad a principios de 1900, en nuestros días los vecinos luchan contra las dificultades con la misma intensidad que sus primeros habitantes.

Pocos saben que lo que hoy conocemos como La Guardia, es un distrito que alguna vez fue conocido como “La Guardia de López” o “La Guardia del Rincón” y que nació en 1819 como una empalizada de quebracho que protegía el puesto militar con el cual el Brigadier defendía a la capital santafesina de agresores como los aborígenes y las huestes del destituido gobernador Mariano Vera.
Aquella valla de quebracho dejó su lugar, en 1928, a la fábrica de cerámicas Alassio Hermanos S.A. La elección de La Guardia como lugar propicio para iniciar este emprendimiento tuvo que ver básicamente con dos cuestiones. En primer lugar, con una política del gobierno argentino que permitía importar las únicas maquinarias existentes en el mundo para fabricar los caños de material grees para instalaciones sanitarias y desagües cloacales, tanto domiciliarios como urbanos. Por otro lado, con que la familia Alassio encontró la tierra de este lugar insuperable para hacer el barro que pudiera -luego de ser sometido a proceso de horneado a altas temperaturas- convertirse en cerámica vidriada.
De este modo, el sitio que sirvió de defensa de nuestra ciudad se convirtió en escenario de los sueños de progreso de la sociedad santafesina de inicios del siglo XX, mediante la fabricación de tubos vidriados, ladrillos huecos, baldosas y tejas.
Hacia fines de la década del ‘30 la fábrica alcanzaba su esplendor y elaboraba caños -los únicos aprobados por Obras Sanitarias de la Nación-, fabricados con la materia prima extraída de las costas del riacho Santa Fe, que eran transportados inclusive por vía fluvial, capitalizando las ventajas de localización aprovechadas también por otros tres establecimientos similares que vieron los enormes beneficios de la tierra del lugar.
Casi cien años pasaron de aquellas épocas en las que en esta zona se respiraba progreso. Las fábricas cerraron, la fisonomía del lugar se modificó. El barrio se agrandó y el descampado se fue poblando de casas. Sus habitantes luchan contra el desempleo buscando trabajos alternativos. Se pusieron en pie luego de las numerosas inundaciones, hasta que a partir de 1993 el gobierno comenzó a trabajar en el terraplén de defensa. Sortearon dificultades como comunidad.
Hoy esta zona sigue siendo castigada y su comunidad se mantiene unida, pero los desafíos son otros.
En soledad
A primera vista, La Guardia es un sitio que posee la tranquilidad propia de aquellos barrios que se encuentran alejados del centro de la ciudad. Sus habitantes son personas de trabajo, honestas, que encontraron paz en sus calles.
La “fachada”, su cara visible hacia la Ruta 168, no demuestra mayores problemas. Sin embargo, a medida que uno se dirige hacia el riacho puede ver en qué medida esta barriada lucha sola contra las más variadas dificultades.
“Acá la gente todos los días se levanta muy temprano a trabajar y cumple con sus obligaciones, pero acá nadie viene a ayudarnos. Los vecinos salimos adelante solos, ayudándonos entre nosotros”, cuenta con tristeza Emanuel Molinas. Y es esa mezcla de tristeza y resignación con la que todos los vecinos remarcan la misma situación. Los reclamos desoídos remiten a cuestiones básicas: el mal estado de las calles, agua potable cuestionada, cables de luz que cuelgan al cruzar las calles, espacios verdes convertidos en basureros.
Algunas personas sólo notan el desamparo y la falta de oportunidades cuando exhiben sus consecuencias en su modo más brutal, en hechos de inseguridad. Y es que la indiferencia es más peligrosa que cualquier arma de fuego, y más cruel que cualquier hecho de violencia. La Guardia espera. Servicios, soluciones, ojos y oídos. La Guardia es ciudad de Santa Fe y se siente olvidada, clama ser tenida en cuenta. Mientras tanto, espera un real interés y la empatía de toda la comunidad santafesina.
Voces de adentro
Gladis Nini
vive en La Guardia desde los ‘80.
Karina Valenzuela,
vecina de avenida De Petre al fondo.
Adriana Mabel Coronel
vivió toda su vida en La Guardia.

Virginia Zulián,
directora de la escuela.
Ubicación
El buen estado y mantenimiento constante de las defensas es ponderado por los vecinos, en otros tiempos castigados por inundaciones. También destacan la paz en sus calles y que “si no te metés con nadie podés vivir bien”. Por otro lado, ponderan. Hace unos días les habilitaron servicio de Internet en el barrio.
El tendido de cables de un lado a otro de las calles es una situación de peligro evidente para las personas que viven en este paraje costero. Otra preocupación es la inseguridad, sobre todo teniendo en cuenta que muchos pequeños viven en la zona. Según los vecinos, el agua potable no es apta para el consumo, no tienen medidores pero afirman que de todos modos les cobran el servicio. También manifiestan que la cantidad de basura en las calles es un problema grave.





