Fabiana García
El Card, expuesto y deteriorado
El Centro de Alto Rendimiento Deportivo Pedro Candioti fue afectado por la furia de las tempestades del pasado 12 y 19 de febrero. Lo más elocuente es que ya casi no quedan árboles en pie y se terminaron por arruinar varios elementos específicos.

Las tormentas que se desataron con furia los últimos 15 días no tuvieron piedad con el Centro del Alto Rendimiento Deportivo Pedro Candioti, que se ubica en el sur de nuestra ciudad, zona que fue castigada por los embates de la naturaleza desde la impresionante inundación que provocó el río Salado en 2003.
El Card como se lo conoce en nuestra ciudad —y el exterior— fue inaugurado oficialmente en noviembre de 1982, con motivo de los Juegos Cruz del Sur, se constituyó en la primera pista sintética del país y albergó hasta 2001 importantes eventos internacionales, siendo la cuna y desarrollo de figuras del atletismo local y escenario donde compitieron los mejores del país y América.
Lo que nadie hubiera imaginado se produjo el 29 de abril de 2003 cuando el río Salado desbordó volcando sus aguas principalmente en la zona sur, aunque las consecuencias colapsaron casi toda la ciudad. El Card quedó bajo 2 metros 80 centímetros de agua: casi todo se perdió y la pista que llevaba 12 años de utilización y había forjado la carrera de un joven atleta, Germán Chiaraviglio, que tres meses después sería campeón del mundo en salto con garrocha menores, había llegado al fin de su vida útil.
La reconstrucción
La recuperación del Card se inició de inmediato, en los lugares que empezaban a acondicionarse la vida atlética siguió y casi un año después, en marzo de 2004, el Card fue reinagurado y la pista recibió una nueva capa de sintético para continuar la historia.
Se inició el camino progresivo hacia un “nuevo Card” se proyectaron obras: un nuevo depósito de elementos, una corredora sintética de entrenamiento, más jaulas de lanzamientos, nuevo equipamiento, torre de fotofinish. Fue en período lento pero resurgió.
El principio de las tormentas
El nuevo edificio destinado a equipamientos (cercano al Tiro Federal) estaba recién estrenado, el Card ya había recuperado su prestigio y la inundación era un hecho histórico, que como todos los santafesinos, nunca olvidarían.
Pero en el mediodía del 16 de diciembre de 2012, mientras se desarrollaba una actividad internacional correspondiente al Centro de Desarrollo de la Iaaf que funciona en Santa Fe, una tormenta se desató en forma repentina y feroz.
“El calor era agobiante, pero aun así los entrenadores extranjeros presentes (de varios países sudamericanos), atletas olímpicos como Braian Toledo y el presidente de la Confederación Argentina de Atletismo, profesor Juan Alberto Scarpín, se encontraban en el Card: mientras estábamos en la pista, nos empezamos a dar cuenta de la tormenta que se estaba preparando y antes de que pudiéramos salir se desató con todo y nos fuimos en medio del viento y la lluvia”, relató el profesor Scarpín en aquel momento.
Cuando pasó la tormenta, Scarpín revivió las sensaciones de 2003 cuando el Card quedó sumergido bajo el agua: “Cuando volví a la pista pasada la tormenta, ví que los daños eran comparables a lo que ocurrió con la inundación”. Y detalló los destrozos: se cayó una buena parte de la arboleda que tiene 30 años y en la pista fueron apreciables los destrozos de las colchonetas, los dos juegos de parantes de salto con garrocha se salieron de sus bases y las jaulas de lanzamientos quedaron retorcidas.
Sin embargo, el daño más grave fue la voladura del techo del depósito de materiales, que cayó en la cancha de hockey sintética y el derrumbe de la pared sur del mismo edificio donde se guardan todos los implementos que se utilizan para el entrenamiento y torneos de las distintas disciplinas atléticas, la mayoría de los cuales cumple con los requisitos de calidad internacional para eventos de alto nivel atlético.
Las dos últimas
El viernes 12 de febrero de 2016 en el medio de una nueva pretemporada, con muchas expectativas por la cercanía de Río de Janeiro y ese espíritu olímpico flotando que todos sienten, vayan o no al evento, otra vez inesperado y voraz, un tornado, una parte de él, lo que fuera, arrasó con todo. En el Card arrancó los árboles de raíz, los desparramó sobre la pista; en el equipamiento, un parante de garrocha quedó totalmente inutilizado, los otros averiados y las colchonetas de garrocha y salto en alto volaron más de 100 metros, mojadas y ya con los cobertores desgarrados. Pasó rápido, pero el daño volvió a causar el mismo dolor e impotencia de las otras dos tormentas (incluida la inundación).
Viernes 19 de febrero, otra vez el viento: “Ahora se está volando lo poco que quedaba en pie”, frases escuchadas a la distancia y que aumentaron la incertidumbre.
Lo que no quedó
Si hay algo contundente es que las tormentas de los últimos tres años arrancaron toda la forestación existente. Parece un desierto: la pista, edificios y nada más. En lo estructural, los edificios no sufrieron daño, sí el equipamiento atlético específico. La Secretaría de Deportes Provincial mandó enseguida a reparar un juego de colchonetas y en estos días se reparan los parantes retorcidos del salto con garrocha, otro ya no sirve más. Los árboles que se plantaron en la década del 80, con el fin de brindar forestación, sombra, reparo, belleza al escenario deportivo, cayeron todos.
El mantenimiento del Card siempre fue un tema complejo, que involucró a todas las gestiones públicas desde su inauguración en 1982. Siempre hubo problemas para que todo esté en óptimas condiciones. La tormenta no es la causa. Pero cada se hace más difícil remontar la situación.
Durante 10 años —1998 a 2008— el Card fue administrado por la Federación Santafesina de Atletismo, durante ese período se realizaron obras y se lo equipó con los mejores implementos atléticos propiedad de la Federación Santafesina y la Confederación Argentina de Atletismo. En 2008 la Federación entregó a la provincia el predio, con uso y custodia del equipamiento existente. En la actualidad la provincia proporciona equipos para mantener el parquizado, la seguridad y personal afectado al centro, pero el mantenimiento de los sectores deportivos y edilicios, siempre es el punto esquivo. Luego de las tormentas, de lo inevitable y la fortuna de no lamentar daños a personas, no hay ánimos de culpas y responsabilidades. Hay que mirar para adelante pero con hechos concretos.






