El Litoral


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EFE
Tras eliminar en semis a Andy Murray, el serbio Novak Djokovic enfrenta al suizo Stan Wawrinka en su tercera final.
Su único punto débil parece ahora la fatiga, puesto que Murray le llevó a exigirse mucho. Fue un partido de gran intensidad y, mientras Djokovic ha jugado tres de los últimos cuatro partidos, Wawrinka ha tendido dos días de descanso.
Es la única ventaja con la que parte el suizo en la que es su segunda final de un Grand Slam, tras haber ganado en 2014 el Abierto de Australia.
Wawrinka, número 9 del mundo, verdugo en cuartos de su compatriota Roger Federer, segundo del mundo, y en semis del héroe local Jo-Wilfried Tsonga, se presenta como David ante un Goliat que busca su décimo Grand Slam.
El suizo asegura que está haciendo el mejor tenis de su carrera, pero eso no parece, sobre el papel, suficiente para hacer descarrilar la locomotora serbia.
Djokovic ha dejado una sensación de solidez incuestionable. Acabó con solvencia con Nadal y frente Murray supo elevar el nivel cuando el británico se lo exigió.
Contra Wawrinka sólo ha perdido en tres ocasiones de 20. El suizo guarda en su memoria los cuartos de final del Abierto de Australia de 2014, cuando se impuso en cinco sets, con un quinto que acabó 9-7 y que le abrió la puerta de su primera final y su primer título grande.
Antes de ese duelo, el helvético había encadenado 14 derrotas consecutivas. Después, Djokovic le ganó todavía otras dos, la última este mismo año en el mismo escenario de Melbourne en semifinales, de nuevo a cinco sets, aunque esta vez el último acabó en blanco para el serbio.
Es la sexta vez que se midan en tierra batida, con un único triunfo de Wawrinka, en 2006.