El último domingo falleció a los 57 años Ángel Guillermo Gorla. Ese es el dato crudo, real, pero crudo al fin.
Ángel Gorla: la partida física de alguien que deja un legado enorme
Fue jugador, entrenador, dirigente. Una persona que se va a extrañar por lo que transmitió a través del deporte de la “ovalada” en la región.

En los últimos casi 10 años, Ángel batalló con una enfermedad que no le daba descanso. No tenía margen de error. Y, tal como era jugando o como entrenador, se encargó de analizar cada movimiento en pos de tener la mejor estrategia para enfrentarla. Y en esa lucha, quedó vacío, pero dejando todo en la cancha.
Ángel nació en 1968. Alumno de La Salle, sus primeros años en el rugby fueron con esa camiseta hasta que, en 1986, acompañando a algunos más grandes, fundaron Santa Fe Rugby Club, a partir de ahí, su lugar en el mundo.
En Santa Fe Rugby, su casa, jugó durante muchos años en la Primera, como centro y también como medio scrum. Pero su inteligencia y el cómo pensar las cosas para hacerlas más fácil y efectivas, lo llevaron a ser, una vez retirado, de las personas más “completas” para enseñar, tanto en rugby infantil, como juvenil y también en el plantel Superior.

También fue jugador y entrenador de diferentes seleccionados de la Unión Santafesina de Rugby y fuente de consulta permanente de periodistas. Entre otras cosas, esto lo llevó a ser un tipo (no hay muchos) que trascendió las fronteras, en lo que al rugby se refiere, de su propio Club. La gran cantidad de saludos que se pudieron ver y se ven aún en las redes sociales, son una muestra cabal de la clase de persona que fue. Y del referente “ovalado” que seguiremos admirando.
También, en los últimos años, y seguramente motivado por su misma enfermedad, se sumó como representante de Santa Fe Rugby Club a la Fundación de la Unión Argentina de Rugby (FUAR), nacida en 2015 con el propósito de ayudar a los jugadores que hubieran sufrido una lesión grave dentro de un terreno de juego para mejorar la calidad de sus vidas.

Familia y amigos
Fue el cuarto hijo de siete, de Beatriz Poletti y Carlos Gorla. Ambos, junto a sus hermanos Carlos, Andrés (Pollo), Federico (Yeye), Bea, Nacho y Antonio lo acompañaron hasta último momento, destacando siempre que las fuerzas se las daba el mismo Ángel, con su manera positiva de enfrentar momentos complicados como el que le tocó.

A ellos se suma su “núcleo duro” de amigos que eran, mayormente, de tres categorías: ’68, ’69 y ’70. Fefe Caputto, Tapón Lombardi, el Mono Poletti, José de Biaggio, Guille Iturraspe, Germán Spuller, Germán Mariani, Leandro Valdez, Alejandro Gaziano, Gustavo Álvarez; y algunos de un par de años más, como Diego Hernández y Guillermo Botta.

“Family” y su pluma
Párrafo aparte también, para la familia que Ángel formó junto a su fiel compañera de vida por más de 30 años, Mariana. Juntos tuvieron a Camila y Facundo. El sostén del día a día. Ese que no quiebra más allá de una pérdida física.
Los cuatro formaron “family”. Antes de aclarar qué es “family”, vale la pena decir que desde septiembre del año pasado, y aconsejado por su terapeuta, Ángel empezó a expresarse a través de su Instagram personal. Tal vez a manera de despedida, sí. Pero también para que, cada tanto, leamos algunas de las cosas que dejó para todos.
Ahora bien, el concepto ‘family’ “se muestra como un círculo virtuoso. Nos cuidamos y protegemos unos a otros”, expresó en su IG el 23 de octubre de 2025, un día antes de cumplir sus 57.

Para reflexionar (por Ángel Gorla)
“Yendo en ambulancia a las quimios o rayos, veo como nunca la normalidad y me doy cuenta la poca importancia que le damos. Mirando desde ahí arriba, uno ve la gente ensimismada. Esto me llevó a reflexionar sobre algo que ya todos sabemos, pero no sé si lo pensamos: la poca importancia que le damos a las cosas que ya tenemos o que podemos hacer”.
“Los invito a pensar en cosas... que veo pudiera estar haciendo aquel peatón que cruza la calle, el taxista, el que carga un camión, el que maneja apurado...”
“Van sin ningún orden de importancia, a medida que me las voy imaginando, como cuando voy sobre la ambulancia con Marian y demás colaboradores. Escuchar una buena lista de música, mirar para arriba, ver los balcones, los árboles, las flores, mirar abajo, jugar con los dibujos de las baldosas, mirar las caras de la gente, adivinar qué piensan, qué hacen, de qué trabajan, mirar la inmensidad del cielo, las formas de las nubes (le encanta esto a Marian), tratar de enmudecer los ruidos y pensar algo lindo, paisajes lugares, comidas, el aroma de ese café recién hecho.”
“Ver, caminar, oler, escuchar, sentir. Saquémosle la mala prensa a la normalidad y mirémosla así.
Tal como pidió, lo extrañaremos...






