Casi 1 de cada 4 trabajadores no come durante su jornada laboral, más de 8 de cada 10 restringe la cantidad o calidad de los alimentos por motivos económicos, más de mitad ha tenido que saltear comidas y/o elegir alimentos menos nutritivos por motivos económicos y menos de 2 de cada 10 está libre de estas privaciones, son algunas de las conclusiones a las que llegó un relevamiento técnico realizado por el Observatorio de la Deuda Social de Argentina de la UCA y Edenred que lleva por título “La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina”.
El informe destaca la importancia que tiene la alimentación en el trabajo para diseñar políticas que tiendan a disminuir los problemas que causan la mala alimentación, el exceso de peso y enfermedades asociadas en el rendimiento laboral y el ausentismo en el normal desarrollo de una actividad productiva.
En Argentina, dice la encuesta, los datos revelan una importante heterogeneidad entre los trabajadores asalariados de acuerdo a la región geográfico del país, el sector económico, el tamaño de la empresa y el nivel de ingresos; situación que replican las desigualdades que se revelan en las mediciones sobre la calidad de los empleos, el porcentaje de trabajadores registrados y los ingresos promedios respecto de otras regiones del país.
Alguna de las conclusiones a las que arriba fueron las siguientes:
-Casi uno de cada cuatro trabajadores asalariados (23%) no come durante la jornada laboral. La mayoría son trabajadores mayores de 45 años, del sector público y de empresas pequeñas. En la región del NEA la mitad de los trabajadores declara no comer en su horario laboral.
-Las regiones del NEA y el NOA presentan las mayores dificultades tanto en el acceso a la comida como en las oportunidades de comensalidad. En contraste, el AMBA y la región Centro muestran mejores condiciones.
-La economía personal determina la calidad de lo que se come: más de la mitad (56,2%) ha tenido que saltear comidas y/o elegir alimentos menos nutritivos por motivos económicos. Solo 16,5% está libre de estas privaciones.
-El tamaño de la empresa y el sector de actividad son determinantes: en empresas medianas/grandes y en el sector primario-manufacturero predomina la comida compartida mientras que en pequeñas empresas y ciertos servicios aumenta el consumo individual.
-El 26% enfrenta dificultades para comer de forma regular. Los trabajadores del sector público, con menores ingresos y con menos equipamiento en su lugar de trabajo son los más perjudicados, lo que sugiere que la organización laboral y los recursos disponibles condicionan este tiempo básico para el bienestar.
-Contar con infraestructura básica (comedor, heladera, microondas) y recibir aportes del
empleador se asocia con mejores hábitos alimentarios, mayor regularidad en las pausas y menores niveles de privación alimentaria.
-El 23,1% de los asalariados presenta obesidad, con mayor prevalencia en adultos y en contextos laborales menos favorables. Esto refuerza la idea de que las condiciones de trabajo y los hábitos alimentarios que permiten (o impiden) impactan directamente en indicadores de salud, generando riesgos a mediano y largo plazo.
-Respecto de las expectativas de los trabajadores asalariados: el 80,4% está a favor, con mayor interés en construcción (90,1%), jóvenes (84,9%) y quienes ya enfrentan vulnerabilidad alimentaria (91,5%); el 76% considera que una pausa fuera del trabajo mejoraría su bienestar; un 69% consideraría útil un aporte económico para cubrir gastos diarios y el 50,8% lo usaría para comer más saludable.