Según se desprende del último informe de Política Monetaria del Banco Central de la República Argentina, la deuda con los importadores está en su máximo histórico en torno a los US$43.000 millones, nivel al que llegó desde los US$37.000 millones en junio, lo que implica que mientras el Estado se queda con los dólares que entran por exportaciones, a su vez crece el financiamiento privado de las importaciones contra dólares que la autoridad monetaria deberá devolver a futuro. Eso o paralizar la actividad económica, como sucede por estas horas con la planta de GM en Alvear, sólo por mencionar un ejemplo. A ese pasivo se suma la deuda por dividendos que deben girar las empresas al exterior, que a septiembre era de US$8.000 millones. Según la consultora LCG, las reservas netas de la autoridad monetaria alcanzan US$-6.300 millones al 9 de octubre.
Los pasivos del Banco Central crecen y realimentan la inestabilidad macro
La deuda con los importadores está en su máximo histórico en torno a los US$43.000 millones, nivel al que llegó desde los US$37.000 millones en junio.

La deuda comercial de billetes desde la autoridad monetaria a los actores privados de la economía bajo administración estatal, representa una fuerte demanda reprimida de dólares que el próximo Gobierno deberá afrontar. El tipo de cambio y el cepo sostiene incentivos invertidos a favor de la importación a dólar oficial de US$350 mayorista, y dólares para exportar a esa cifra menos derechos de exportación, con una brecha que ya supera 150% con los tipos financieros. Aún con dólares diferenciales, los exportadores sólo pueden liquidar 25% en el CCL, siempre y cuando estén alcanzados por los dólares diferenciales que dispone Sergio Massa a sola firma.









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