La justicia de La Matanza absolvió y ordenó su inmediata libertad a Graciela Aguirre, al considerar que mató hace dos años a su marido en "legítima defensa" de ella y de sus hijos.
El Tribunal Oral Criminal 4 (TOC4) de La Matanza, integrado por los jueces Gerardo Gayol, Franco Fiumara y jorge Multedo, absolvió a Aguirre (38), minutos después de que el fiscal del juicio, Ariel Panzoni, desistió de acusarla por el "homicidio simple" de su concubino, Ricardo Avila (42).
Al término del debate que demandó sólo unas pocas horas, Aguirre manifestó a la prensa entre llantos: "Me arrepiento de haber hecho lo que hice, pero por los hijos, cualquier madre que está en mi lugar y ve que corren riesgo de vida, haría lo mismo".
Tras el fallo, los abogados de Aguirre pidieron al tribunal que informe a la Procuración General sobre el accionar del fiscal instructor de la causa, Guillermo Bordenave, con el fin de que se lo sancione por haberla mantenido "injustamente" detenida durante dos años.
Es que Bordenave, titular de la Unidad Funcional de Instrucción 3 (UFI3) de La Matanza, acusó a Aguirre por el delito de "homicidio simple", con una pena que va de los 8 a los 25 años de prisión, lo que hoy quedó desestimado con las mismas pruebas.
Los defensores Carlos Pousá Bogado y Daniel Borojovich reclamaron también al TOC4 que remita información sobre este caso a la Suprema Corte de Justicia bonaerense, para que arbitre medidas tendientes a evitar situaciones similares con mujeres víctimas de violencia de género.
El juicio oral comenzó esta mañana con varias horas de demora, ya que ni el Servicio Penitenciario ni la policía bonaerense habían ido a buscar a Aguirre a la casa de su madre donde cumplía arresto domiciliario controlada con una tobillera electrónica.
Finalmente, la acusada fue trasladada y llegó a los tribunales de Entre Ríos 2795 de San Justo, donde la defensa y la fiscalía ya habían acordado desistir de la mayoría de los testigos propuestos para el debate.
Aguirre declaró durante más de una hora y media y, entre sollozos y varias pausas para reponerse, relató en forma pormenorizada toda la secuencia que terminó con la vida de su concubino y el calvario vivido durante los últimos años a raíz del maltrato al que éste la sometía.
La mujer contó que la noche del 4 de junio de 2007 se encontraba junto a su hija de 15 años, su hijo de tres y su concubino en el departamento de dos ambientes que la familia compartía en Barcala 546, piso 10 "A" de la localidad de Ramos Mejía.
Contó que su concubino había bebido una botella de vodka escondido en su habitación y, en estado de ebriedad, comenzó a increparla porque no quería comer los tallarines con tuco que había recalentado.
Explicó que esa situación había quedado superada, hasta que ambos fueron a dormir a la habitación, donde se produjo un nuevo incidente cuando Avila volvió a agredirla con mayor violencia y fue a la cocina a buscar varios cuchillos.
Precisó que el hombre empuñó uno de los cuchillos y que se enroscó una toalla en un brazo con la intención de atacarla, por lo que su hija adolescente trató de defenderla cruzándose entre ambos.
Añadió que el hombre, enfurecido, le estrelló un vaso de vidrio en la cabeza a la chica y abofeteó a su pequeño hijo tirándolo contra un placard.
Relató que en esas circunstancias, ella y su hija comenzaron a empujarlo hasta que cayó al piso y que cuando éste se levantó volvió a atacarla, por lo que ella tomó uno de los cuchillos y "a ciegas" se lo clavó en el cuello.
Recordó que su concubino cayó al piso ensangrentado y que ella le tapó la herida con un trapo hasta que se dio cuenta de que ya no respiraba. "Decime que no lo maté", dijo que le gritaba a su hija en estado de shock.
Luego, ante preguntas de la fiscalía y la defensa, Aguirre detalló varios episodios violentos a los que la sometía su concubino y aclaró que ni sus vecinos, ni la justicia, ni la policía la habían ayudado cada vez que lo solicitó.
Este relato, junto al de una vecina y el portero del edificio -quien aseguró que Avila era muy violento cuando bebía y que todos los hombres del lugar le temían-, alcanzó para que el fiscal desistiera de acusarla, al considerar que se había tratado de una "legítima defensa".
Tras el corto debate, la mujer se abrazó a su hija y otros familiares y salió hacia su casa, donde la esperaban funcionarios penitenciarios para retirarle la tobillera electrónica con la que la controlaron desde hace un año y medio, tras permanecer seis meses en un calabozo de una "Comisaría de la Mujer".
Télam






