Condiciones de trabajo precarias, chicos hiperactivos, adolescentes irrespetuosos y desmotivados, alumnos con problemas económicos y familias disfuncionales, agresiones, padres desentendidos de la educación de sus hijos, presión institucional. Todos o algunos de estos ingredientes terminan repercutiendo, tarde o temprano, en la psiquis de muchos maestros. Se los escucha quejarse de estar agotados, de no soportar más a sus estudiantes, de falta de incentivo.
Estadísticas del Ministerio de Educación de la provincia revelan que los "trastornos mentales y del comportamiento" se ubican en el tope del ranking de enfermedades que tributan al índice de ausentismo. En el mes de octubre de 2006, unos 2.373 docentes justificaron su licencia en algún padecimiento de raíz psicológica o psiquiátrica, generando el 36,32 por ciento de las horas no trabajadas sobre el total de horas ausentes en el mes de todos los grupos de enfermedades.
Las dolencias físicas se sitúan atrás. Considerando las estadísticas del mes de referencia, las que comprometen al "sistema osteomuscular" van en segundo lugar en la escala (causan el 18,32 % de las horas inasistidas), le siguen las "afecciones del sistema respiratorio" (8,86 %), "traumatismos, envenenamiento y algunas otras consecuencias de causas externas" (5,8 %), "enfermedades del sistema circulatorio" (5,7 %), y así sucesivamente hasta terminar la extensa lista de afecciones físicas.
"Quizá muchos docentes faltan uno o dos días por gripe, pero la mayor cantidad de días de ausencia las generan las enfermedades del espectro ansioso-depresivo, porque requieren de recuperaciones más largas", aclararon Mariano Conti, psiquiatra auditor del Servicio de Salud Laboral de la Región IV de Educación, y Ana María Zlauvinen, directora general de Sanidad Escolar de la provincia.
Eso explica el siguiente dato: 2.370 docentes tomaron licencia en octubre de 2006 por enfermedades del sistema respiratorio, pero sólo significaron el 8,86 % de las horas no trabajadas, debido a que son afecciones cortas y el docente vuelve a dar clases enseguida.
Las últimas cifras informatizadas corresponden a febrero de 2007, un mes de receso escolar y, por ende, de escasa representatividad en materia de ausencias docentes. Igual, aunque con muchos menos pedidos de licencia, el porcentaje es similar al de octubre de 2006: 39 % para los trastornos mentales, 17,97 para el grupo de enfermedad que le sigue: sistema osteomuscular.
Antes de llegar al psiquiatra, la mayoría de los maestros seguramente siguió un derrotero por los consultorios de otros especialistas. Es que "muchas de las patologías psíquicas gritan a través del sistema osteomuscular (contracturas, dolores de cabeza, mareos), circulatorio, respiratorio. Al final, terminan siendo derivados al psiquiatra o psicólogo", dijo Conti.
Espectro ansioso-depresivo
Sin entrar en tecnicismos, el médico explicó que el código de "trastornos mentales y del comportamiento" abarca las siguientes enfermedades: ansiedad, depresión, pánico, fobias, y el estrés postraumático que "se está viendo cada vez más", advirtió el profesional.
Aunque en menor grado, al Servicio de Salud Laboral también acuden maestros con cuadros extremos: psicóticos y con alteraciones de la personalidad. Conti atendió en el 2005 "6 ó 7 episodios psicóticos" y en el 2006, "más de 20".
"Pero sin lugar a dudas, la mayor cantidad de casos que vemos tienen que ver con el espectro ansioso-depresivo. Ya no se habla de depresión como causa única o de ansiedad solamente, si no que van asociadas. Este tipo de enfermedades han crecido mucho, y son recurrentes. Vemos carpetas médicas donde un paciente tuvo un episodio depresivo en el 95, en el 2000 tuvo otro, y ahora lo vuelve a repetir", comentó el profesional.
La franja más afectada
En docentes que superan los 50 ó 55 años, la depresión se cronifica, es lo que en la jerga médica se denomina trastorno distímico. "Esto también se está viendo mucho entre los maestros y está asociado al estrés crónico o lo que se conoce como Síndrome del Burnout o del quemado", dijo el médico. Básicamente "se trata de agotamiento", simplificó.
En su opinión, "el cambio de realidad en las aulas, la transformación social que ha habido en los últimos diez años, ha provocado que muchos docentes de más de 55 años no hayan podido adaptarse. Esas personas se formaron en una época en que sus maestros les pegaban con un puntero en la mano. Y ahora deben darles clases a chicos de 15 años que no los respetan y hasta los insultan".
Comienzan con una sensación de insatisfacción, ansiedad, angustia ante los problemas de la práctica de la enseñanza; sienten una incapacidad para enfrentar el grado. Ese sentir entra en contradicción "con la imagen del docente `dios', con el ideal que tenían de la profesión" y terminan con cuadros de estrés agudo.
Conti destacó que el Burnout es el equivalente a lo que se denomina como "malestar docente". Hay un desgaste crónico en lo laboral que comienza con el uso de licencias y puede culminar con el abandono del trabajo.
Inundación y estrés postraumático
El psiquiatra Mariano Conti, del Servicio de Salud Laboral, aseguró que un padecimiento frecuente entre los docentes santafesinos es el estrés postraumático como coletazo de la inundación que azotó a la ciudad en el 2003. Con la emergencia hídrica de este año, "estos cuadros pueden agravarse o generar nuevos, debido a lo que se llama retrauma", consignó el profesional.
Definió al estrés postraumático como un cuadro caracterizado por la alteración del ánimo, que involucra la esfera afectiva del paciente, provocando angustia y ansiedad. Se genera por haber experimentado algún trauma psíquico importante, por haber estado expuesto a una situación donde hubo compromiso o riesgo para la vida del paciente o allegados.
"El trastorno por estrés postraumático tiene un síntoma patrón-numérico que es la re-experimentación o el flash back. Es casi como una alucinación de la memoria: en el momento que tiene el flash back, la persona cree que está viviendo la misma situación que lo traumatizó", describió.
Hay personas que pueden resolver esa situación por estrés agudo a lo largo del tiempo y otras que no. Recordó que muchos maestros se inundaron pero tantos más atendieron a los evacuados en las escuelas. "¿Estaban preparados para eso?", se preguntó el profesional.
Conti indicó que, a casi 4 años de la tragedia, "estamos justo en el pico de la aparición de estrés postraumático. Esto no lo digo yo, se puede buscar en los libros. Estadísticamente, el pico se produce entre los 2 y los 6 años, aunque esto varía según los autores", cerró.
Un caso
Raquel es el nombre ficticio de una docente del norte provincial que prefirió no revelar su verdadera identidad, aunque sí accedió a contar su caso. La maestra de 50 años aguarda el dictamen final de una Junta Médica que apruebe su pedido de no volver más al aula a raíz de un estrés agudo que la afectó psíquica y físicamente. Esta es su historia:
"Un día de setiembre de 2003 empecé a sentir agitación, pánico, una angustia terrible. Me sentía morir. Al otro día fui igual a la escuela y me desplomé. No tenía fuerzas ni para levantar la mano. Me llevaron al hospital y quedé internada", comenzó a contar.
"Estuve con tratamiento psiquiátrico por dos o tres meses. El diagnóstico fue `agotamiento psicofísico y pánico'. Básicamente todo lo ocasionó el trabajo porque no tenía problemas familiares ni económicos. En la escuela, uno tiene cada vez más reuniones, se siente cada vez más exigido y los niños están cada vez más activos. Llevaba más de 20 años en las salas de 4 y 5 años. Ser docente implica ser responsable cien por ciento, cumplir, comprometerse.
"Dos meses después me sentía bien y volví feliz a la escuela, creyéndome recuperada. Comencé de nuevo a las corridas y, al mes, las fuerzas se me volvieron a terminar, no tenía ni voz. Me retiré un año completo y durante ese período fui un ente, lo tengo en blanco. Vivía angustiada, con pánico constante, muy sensible, lloraba por cualquier cosa.
"En el 2005 y 2006 realicé tareas pasivas, sin ir a clases. Sigo con tratamiento psicológico y pastillas. Me recuperé en el sentido que ya no dependo de nadie, pero no puedo decir que estoy bien. Hago todo muy pausado, no puedo acelerarme, me cambió todo", testimonió.
Más jóvenes
Ana María Zlauvinen aportó un dato que es relevador: las enfermedades del orden mental se registran a edades cada vez más cortas. "Hay docentes jóvenes, de 30 ó 40 años con pedido de licencia por estas causas. Es como si el desgaste fuera más rápido", notó la directora general de Sanidad Escolar de la provincia.




