Toda la vida del planeta depende del agua. Es un recurso fundamental, tanto para el desarrollo sostenible como para la salud y el bienestar humanos. Este reconocimiento no es algo nuevo: Leonardo da Vinci había comprendido la importancia de esta cuestión cuando dijo que “El agua es el motor de la naturaleza”.
La grandeza de las primeras grandes civilizaciones en los valles de los ríos Nilo, Tigris-Éufrates, Indo-Ganges y Amarillo dependió del manejo del agua y de los beneficios que esta proporcionaba.
La historia de la humanidad está llena de ejemplos de civilizaciones otrora pujantes que ahora sólo son tesoros arqueológicos sepultados bajo las arenas del desierto. En algunos casos la desaparición de esas civilizaciones se debió a su incapacidad para mantener un manejo adecuado del agua o reconocer el delicado equilibrio entre uso racional y explotación. “Todavía hoy se intenta conquistar y someter el agua, pero el agua no es algo que pueda someterse”, aseguran los especialistas de la Convención de Ramsar.
Los humedales son los recursos principales de los que se derivan el agua y todos sus beneficios para los seres humanos. También constituyen un componente decisivo del ciclo hidrológico que mantiene el abastecimiento de agua.




