El comisario inspector Francisco Gambacurta se suicidó ayer a la tarde en Rosario, luego de disparar con su arma reglamentaria a su mujer, a su hija y contra un hombre que esperaba el colectivo en Urquiza al 2900, donde ocurrieron los hechos que durante tres horas movilizaron a media docena de patrulleros. Gambacurta, actualmente, era jefe del Centro Regional de Armas (Crear). Su foja de servicios tenía algunas manchas indisimulables, como las denuncias por apremios ilegales y los turbios manejos cuando estaba a cargo de la sección Robos y Hurtos. Gambacurta tenía lazos con la barra brava de Rosario Central, algo que no ocultaba. Ayer a la tarde se disparó con su arma calibre 45 en la sien. Estaba solo en su habitación, boca abajo, con la pistola al costado de su cuerpo. Allí se había recluido unos segundos después de correr por la calle y disparar contra su mujer y su hija. Según las fuentes policiales, el comisario inspector había discutido muy fuerte con su hija. Después rompió una computadora y destrozó el living de la casa, donde quedaron desparramados por el piso un monitor de PC y varias sillas. Luego, las dos mujeres salieron corriendo de la vivienda y el oficial las persiguió y comenzó a dispararles cuando su esposa y su hija intentaban huir. Su mujer resultó herida en las piernas y a su hija una bala le rozó el hombro. Carlos Olmos, de 63 años, quien esperaba el colectivo por calle Urquiza recibió un balazo en la clavícula. Las mujeres y el hombre corrieron hasta el hospital Centenario, donde fueron atendidos en la guardia, desde donde se avisó al Comando Radioeléctrico de lo que ocurría. Gambacurta regresó a su casa. Sus dos perros Rottweiler quedaron sueltos en la vereda e hicieron, sin premeditarlo, de barrera para que por unos minutos nadie pudiera entrar a la vivienda. Al lugar llegaron varios móviles de la seccional 7ª, que hace unos años tuvo como jefe al propio Gambacurta, y del Comando Radioeléctrico. El subjefe de la URII, Ricardo Ruiz, convocó al lugar a algunos amigos del comisario inspector. Temían que Gambacurta estuviera atrincherado y que siguiera disparando. El filtro para ingresar a la vivienda lo ejercían los dos perros enormes, que un muchacho cuidacoches logró domesticar y subir a una camioneta de la Fuerza. Los efectivos tocaron el timbre de la casa. Pero no atendía nadie. Después un grupo ingresó por los techos de las casas vecinas mientras el ex jefe de la URII Mariano Savia, amigo de Gambacurta, intentaba convencer al comisario, sin saber que ya estaba muerto en su habitación. Tras ingresar a la vivienda de Urquiza al 2900 se toparon con una casa destrozada. Los muebles estaban desparramados por el piso y una computadora estaba hecha añicos en el suelo. Subieron al primer piso y en la habitación que compartía el matrimonio se encontraron con el cuerpo de Gambacurta tirado boca abajo en la cama con un balazo en la sien.




