Por Agustina Mai
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Con los “bracitos” puestos, Antonio, de 4 años, se mete al agua y empieza a patalear, pero por ningún motivo sumerge su cabecita. Su papá mete la cabeza debajo del agua y lo alienta para que haga lo mismo. El nene se niega con desesperación y se larga a llorar. “Uno de los miedos más comunes que tienen los chicos de 3 y 4 años es meter la cabeza debajo del agua porque piensan que se van a ahogar. Por eso los profesores trabajamos para acercarlos lo más posible al agua; por ejemplo, les damos un silbato para que lo soplen debajo del agua, sumergiendo sólo la boca”, explica Rodrigo Pombo, director de la colonia de vacaciones del Club Regatas.
“Lo recomendable es quitarle el miedo al agua (hidrofobia), cerca de los 4 años. Si una persona tuvo malas experiencias en el agua, le puede costar un poco más aprender a nadar”, señala, y detalla que las situaciones desagradables pueden incluir “tragar agua, separarse del borde de la pileta y sentir que se hunde, caer mal en la pileta”. Sin estos traumas, en un mes una persona puede aprender a nadar crol, que es considerado uno de los estilos más fáciles.
Aprender en el verano
Frente a las trágicas muertes por ahogo de seis personas en los dos últimos meses (Eduardo Rarcherd, 61 años, en Arroyo Redondo; Darío Bori de 21, Mauricio Molinas de 30 y Lucas Díaz de 14, todos ellos en Paraje La costa de Montevera; Johnatan Caballero de 14 en el Batallón de Anfibios de Santo Tomé, y Martín Hiramachi de 17 en el río Colastiné), cabe preguntarse: ¿cuánta gente sabe nadar en Santa Fe? Esta inquietud no tiene una respuesta concreta, ya que no hay estadísticas. Sin embargo, a través de distintas fuentes es posible tener un panorama sobre la natación en la ciudad.
Este año la Municipalidad habilitó 32 colonias de vacaciones -de las cuales 11 son municipales- donde, entre otras actividades recreativas, los chicos de hasta 13 años aprenden a nadar.
Desde hace más de 15 años, el Club Regatas cuenta con su colonia de vacaciones. Este año, incluye cerca de 250 chicos de entre 3 y 13 años. ¿Con qué herramientas para nadar llegan los pequeños? “En todos los grupos, tenés el que sabe nadar y el que no. Hay chicos de 3 ó 4 años que saben sumergirse y hacer una brazada sin sacar la cabeza del agua y chicos de 6 ó 7 años que todavía no se sumergen. Los que ni siquiera saben flotar son los menos, serán un 10 %”, asegura Pombo.
El grupo se separa de acuerdo a los niveles de enseñanza: “Está el grupo que recién está aprendiendo a sumergirse, el que está haciendo crol y el que está arrancando con espalda”, detalla el director. Los objetivos para los chicos de 3 y 4 años son: sumergirse, caminar en el agua sin perder el equilibrio y propulsarse. La meta para chicos de entre 5 y 7 años es que puedan llegar a hacer patadas y brazadas.
En tanto, Marcelo Sabatini, gerente del club Gimnasia y Esgrima, detalla: “Desde hace 15 años, cerca de 200 chicos por año, que tienen entre 18 meses y 6 años, aprenden a nadar. También tenemos unos 180 chicos de entre 6 y 13 años que asisten a la colonia de vacaciones, donde se hace hincapié en la enseñanza de la natación.
Además, de los 1.700 socios, unos 600 deben ser menores de 13 años, que asisten a la escuelita deportiva”.
Del resto de los socios, cerca de un 80 % asiste al club para nadar, aunque son muy pocos los que arrancan de cero. “Hay mucha gente que ya sabe nadar y viene a la pileta por su cuenta, a hacer ejercicio”, señala Sabatini. Por otra parte, asegura que “de marzo a noviembre, las piletas climatizadas están desbordadas porque sólo hay cinco grandes piletas donde se puede nadar fuera de la temporada de verano”.
Materia obligatoria
“El agua no es broma; es otro medio que hay que conocer y saber los peligros que puede tener”, asegura Pombo. Para él, es necesario tener en cuenta el valor utilitario de la natación en una ciudad como Santa Fe, que está rodeada de agua. “Tendrían que generarse programas de aprendizaje para todos, que incluyan a las clases baja y media-baja, que no siempre pueden acceder a una pileta. Si bien se han recuperado algunos natatorios, como el de Chalet, están habilitados sólo para la temporada de verano. Tendrían que acondicionarse para estar climatizados y que los chicos los puedan usar durante todo el año”.
Básicamente, los deportes que se enseñan en las escuelas dependen de los recursos económicos y del espacio con el que cuenta cada establecimiento. A pesar de conocer estas limitaciones, Rodrigo Pombo está convencido de que “la natación debería enseñarse en todas las escuelas, tanto por su valor utilitario como por su valor para el desarrollo personal, ya que es el deporte que reúne todos los beneficios: en relación al desarrollo físico, el sistema cardiovascular y para problemas de articulaciones y escoliosis”.






