Los areneros, las colchonetas y las piletas de natación son lugares habituales de contagio de pediculosis, que se produce a través del contacto estrecho y prolongado con el cabello de una persona infectada. Los piojos no saltan ni vuelan. También pueden transmitirse por el uso compartido de cepillos, peines, sombreros, toallas u otros elementos. La falta de higiene facilita su desarrollo.
Para combatirlos, se deben sacar las liendres (huevos blanquecinos adheridos a la raíz del pelo) y piojos tres veces por semana. También hay que enjuagar el cabello con vinagre diluido en partes iguales con agua mientras se pasa repetidamente un peine fino. Esto despega las liendres y actúa como repelente. Además, existen productos pediculicidas. Antes de realizar un tratamiento se debe consultar al pediatra o al dermatólogo infantil. Nunca debe mojarse el cabello con insecticidas, nafta, kerosén ni productos veterinarios, ya que son sumamente tóxicos para los niños.
El uso permanente del peine fino es la medida de prevención más eficiente. Permite terminar con las liendres adheridas al pelo. Asimismo, se recomienda usar el shampoo, la crema o la loción recetada por el médico; lavar toda la ropa en agua y secador calientes; planchar la ropa de vestir y de cama; hervir peines y cepillos; no afeitar el pelo.
Otros consejos: no apoyar la cabeza directamente en la arena, el pasto o el suelo; utilizar gorras de baño en piletas; mantener el cabello siempre bien limpio; usar el pelo corto y si está largo, recogerlo; revisar periódicamente la cabeza de los niños, en especial detrás de las orejas y en la nuca.
(*) Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría.




