Agencia EFE
Arqueólogos israelíes y voluntarios hallaron una desconocida moneda de medio siclo, acuñada hace dos mil años en el Templo de Jerusalén, entre unos escombros extraídos de la ciudad intramuros, hace una década.
La moneda, que data del 66 o 67 de nuestra era, fue descubierta por un voluntario de 14 años que participaba en la revisión de cientos de toneladas de escombros, extraídos del Monte del Templo o Explanada de las Mezquitas, informa el diario Haaretz.
Acuñada durante la Gran Revuelta contra los romanos, en una de sus caras la moneda tiene grabada una rama con tres granadas y la leyenda “Jerusalén Sagrada”. Del otro lado cuantifica su valor, en medio siclo.
El siclo, o shékel en hebreo, es el nombre que también recibe la moneda en curso del moderno Estado de Israel. Según el equipo de arqueólogos que dirigen Gabriel Barkay y Yitzhak Zweig, el hallazgo muestra indicios de un incendio, y creen que probablemente se trate del que acabó con el Segundo Templo de Jerusalén, en el año 70.
“La moneda de medio siclo era empleada para pagar el tributo del templo”, dice al diario, Barkay.
“Esta es la primera vez que encontramos una moneda acuñada en el Templo, de ahí su gran importancia”, agrega.
Los arqueólogos han hallado unas 3.500 monedas de distintos períodos, en el proyecto de rescate que realizan desde hace cuatro años, con los restos extraídos de la zona donde se hallaba el Templo de Jerusalén, hoy sede de las mezquitas de Al-Aksa y de la Cúpula de la Roca.
A finales de la década pasada, el Wakf Islámico, organismo encargado de los lugares sagrados musulmanes, remodeló la zona para acondicionar una nueva sala de rezos, en el lugar conocido como los Establos del Rey Salomón.
La obra se realizó sin el acompañamiento de los arqueólogos, y los escombros, trasladados a un vertedero.
De allí los recogieron un grupo de expertos israelíes, que desde entonces, y con la ayuda de más de 40.000 voluntarios adolescentes, se dedican a buscar entre ellos, restos históricos.
El Segundo Templo
El rey Salomón mandó construir el Primer Templo de Jerusalén para contener el Arca de la Alianza. El Templo quedó destruido en el año 586 a.C. por la invasión del babilonio Nabucodonosor.
A partir de entonces comenzó la edificación del Segundo Templo, completado en época de Herodes, en el siglo I a.C. El templo presidía de manera majestuosa la Jerusalén de ese tiempo.
Aunque apenas quedan restos, el testimonio del historiador romano de origen judío Flavio Josefo nos es útil para reconstruir el Templo tal como pudo ser. La entrada del templo herodiano era la Puerta Preciosa, cuyo acceso estaba prohibido a los no judíos. Después se entraba al Patio de las Mujeres, único recinto al que les estaba permitido acceder.
La Puerta de Nicanor, decorada con paneles de bronce muy elaborados, conducía a un patio interior. Le seguía el Patio de Israel, cuya entrada estaba reservada a los hombres judíos. En su centro, sobre una plataforma elevada, estaba el altar de sacrificios.
La última estancia del edificio era el santuario, con cuatro columnas con capiteles corintios en su fachada, cuya puerta sólo podía ser atravesada por los sacerdotes.
El Segundo Templo fue incendiado por el general romano Tito en el año 70 d.C. De él queda en pie solamente la sección oriental de la muralla que lo rodeaba, el actual Muro de las Lamentaciones.






