A sus jóvenes 20 años, Valeria (31) se enteró que el amor de su vida, su primer novio, le había contagiado el virus del HIV. La ignorancia los condenó a los dos: “Un día él cayó muy mal y lo llevaron al Hospital Iturraspe y cuando lo fui a visitar me llevaron a hacerme el análisis a mí y me explicaron lo que pasaba”, recordó y revivió la vuelta ese mismo día en colectivo hasta su San Cristóbal natal como un “reguero de lágrimas”.
Perdonó no haber sido la única en esa relación con su novio que duró tres años más y le contó lo que le había pasado a su familia, de la que recibió un apoyo incondicional. Siguió adelante, pero un día las fuerzas se le acabaron, se enojó con Dios y no quiso seguir viviendo. Fue entonces cuando le pidió al “todopoderoso” una razón para levantarse de la cama. “Le pedí un motivo para vivir”, rescató Valeria. Y así llegó Florencia, su hija que hoy tiene 7 años.
“Yo estaba de novia con el papá de mi hija que sabía lo que yo tenía -contó Valeria-. Un día se rompió un preservativo y así nació Flor”, y también contrajo el virus su pareja de la que hoy está separada. Para su alivio Florencia no contrajo la enfermedad gracias al control que Valeria recibió en el Hospital Iturraspe durante el embarazo.
Pero a pesar de la buena salud de su hija también tuvo que atravesar días tristes. “Siempre me sentí muy rechazada, por eso no salgo a pedir trabajo en mi ciudad y me puse un local de ropa”, resaltó Valeria aunque no es lo único que la condena ajena le hizo vivir: por su propia voluntad dejó de tomar mate para no exponerse a que le digan que no quieren compartir la bombilla. Tampoco intenta levantar a los hijos de sus “amigas” para evitar que le pidan que no los moleste cuando están durmiendo aunque tengan los ojos abiertos. Y lloró hasta el hartazgo el día que tuvo que cambiar de jardín de infantes a su Flor, cuando le pidieron que presente por cuarta vez certificados médicos que aseguren que la nena estaba sana.
“Entiendo que la gente hace eso porque es ignorante. Cansada de que me discriminen aprendí a cuidarme, vivo por mí y no espero que los otros me entiendan. Por eso yo cuento lo que tengo, si quieren ser mis amigos son bienvenidos, si no que sigan su camino”, se ofreció Valeria.
"No espero que los otros me entiendan"
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