Ivana Zilli - [email protected]
Con mucho esfuerzo, el asesoramiento adecuado y ganas de seguir apostando a la producción frutícola, un grupo de productores de Coronda (departamento San Jerónimo) se animó a incursionar en el mundo de las frambuesas que tiene algunas similitudes y varias diferencias con la producción frutillera que es tradicional en esa zona. Esta iniciativa forma parte de un proyecto de reconversión productiva que, desde hace un tiempo, se está trabajando entre la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta)-Agencia Santa Fe- y el Ministerio de la Producción de Santa Fe.
Siete son las hectáreas que ya están ocupadas con esta fruta en la zona de Coronda. Su rendimiento varía -según los lotes y las variedades: Heritage, Autumn bliss y Rubi- entre 3.500 y 5.000 kilos por hectárea.
Se ha aconsejado a los frutilleros que empiecen a trabajar con un cuarto o con media hectárea porque es una fruta que requiere “mucha atención y mano de obra’’; y es necesario que “el productor vaya aprendiendo a medida que se amplía la superficie cultivada’’, precisó la ingeniera agrónoma, María del Huerto Sordo, del Inta-Agencia Santa Fe; y docente de la cátedra de Cultivos Intensivos de la Facultad Ciencias Agrarias de la UNL.
“Hay que recorrer la plantación diariamente, verificar si tiene alguna enfermedad, fertilizarla, regarla y juntarla, por lo menos, día por medio para que no haya pérdidas. Si la frambuesa madura de más cae directamente y ya no se puede recolectar porque pierde calidad’’, comentó Soledad García, una de las integrantes de esta tradicional quinta de frutillas de Coronda.
Al ser una fruta muy delicada, el momento de la cosecha debe hacerse con mucho cuidado. Cuando se hace la recolección, la frambuesa sale sin el receptáculo del tallo y si en ese momento se daña, pierde su calidad.
La frambuesa se implanta a partir de agosto y entre noviembre y diciembre se puede empezar a cosechar hasta que aparecen las primeras heladas. Cuando la recolección finaliza hay que podar el lote al ras del suelo y la planta rebrota en la primavera.
Aproximadamente, se paga entre 12 y 18 pesos el kilo de fruta fresca al productor; aunque también existe la opción de comercializar la frambuesa congelada.
Sentimientos compartidos
La baja de rentabilidad que en este último tiempo tuvo la frutilla, sumado a los problemas de comercialización llevaron a los frutilleros de Coronda a incorporar otras alternativas productivas dentro de sus quintas que “nos permita continuar con el trabajo que venimos haciendo más allá de sumar otra propuesta productiva’’, señaló Angelina García con entusiasmo y cierta cautela.
En este establecimiento tienen 10 hectáreas ocupadas con frutillas y se animaron a empezar con 3.000 plantines -un tercio de hectáreas- que trajeron del sur del país.
La diversificación productiva es la idea que también impulsó al emprendimiento Huertas de Coronda, de Valentín Burgos, al incorporar nuevas frutas a su quinta de 5 hectáreas y media. Una hectárea está destinada a la producción de frutillas, un cuarto de hectárea a la frambuesa, un cuarto de hectárea a las plantas de mamón; y el resto de la superficie se distribuye entre la producción de zapallitos y de pepino.
Burgos apuesta a darle un valor agregado tanto a la producción de frambuesa como a la de frutillas. “Queremos procesarla, convertirla en dulces y vender estos productos en la zona de Coronda’’, resaltó Burgos.
En tanto, Leandro Santrich (Frutillas Belén) resaltó que gracias a la incorporación de frambuesas -tiene 2.000 plantas en casi media hectárea-, “podemos ocupar la mano de obra y las instalaciones que utilizamos en la producción frutillera’’.
Para Santrich, con la frambuesa “hay mayores expectativas que con las frutillas por los valores que esta fruta está adquiriendo en el mercado’’.
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