El 8 de julio de 2009 la policía de la ciudad de Esperanza detuvo en la Ruta Provincial Nº 6 al “Gordo” Javier Cristian Díaz, de 31 años, que escapaba con rumbo incierto. Esa mañana había violado y asesinado a la hija de su pareja, en la casa que ambos compartían en el barrio Nuevo Horizonte, en el límite con la ciudad de Recreo y al oeste de avenida Blas Parera al 10200.
Fue una de las últimas actuaciones en casos resonantes del juez de Instrucción José Manuel García Porta -actualmente jubilado-, quien procesó a Díaz por el delito de “abuso sexual doblemente agravado, por ser el guardador de la víctima y por el resultado de muerte”.
Según se pudo establecer en esa instancia judicial, habría existido una pelea de pareja, y la mujer le pidió a su compañero que se fuera de la casa de calle Sarsoti al 6500. Durante la indagatoria, el acusado confesó la autoría del crimen atroz y dijo cosas como: “Me sentí cornudo” o “me salió el monstruo de adentro”; aunque aclaró que “nunca la había abusado antes”.
Díaz y Carina llevaban una década viviendo juntos y tienen un hijo en común de unos 4 años. Él trabajaba con su padre en un horno de ladrillo, y no tenía antecedentes penales; mientras que ella cumplía tareas domésticas en una casa de familia.
Aquella trágica mañana, su compañero le mandó un mensaje de texto que le produjo escalofríos: “No me busques”; “Agustina se fue”. Cuando llegó, su casa estaba llena de policías y al ver el cuadro dijo con certeza: “‘El Gordo’ me la mató”.




