Uno de los discursos brindados anoche en los festejos por los 90 años de El Litoral estuvo a cargo de uno de sus Directores, Gustavo Víttori, quien manifestó que “Al cabo de 90 años de historia, El Litoral es mucho más importante que todos y cada uno de sus propietarios, El Litoral es un activo social y cultural de los santafesinos. Por eso, desde la tribuna que el aniversario nos ofrece, queremos refirmar a grandes trazos los principios que nos orientan y las convicciones que nos movilizan.
“Sin duda están expresadas en las páginas del trabajo diario, pero allí aparecen fragmentadas, adheridas al vértigo de los acontecimientos e incluidas en el rompecabezas de la realidad que el periodismo intenta mostrar y desentrañar.
“El diario El Litoral nació con una profunda convicción: servir al pueblo. Ese propósito era mucho más que una postura ideológica, era la vivencia cotidiana del grupo fundador, que provenía del pueblo y aspiraba a protagonizar la gesta de su propia y plena integración a una sociedad que era más generosa en sus enunciados que en sus prácticas.
“Esa vocación por lo popular convergía fluidamente con la finalidad del periodismo: lograr una comunicación masiva, ya que las nociones de pueblo y masividad se asocian y retroalimentan.
“En rigor, sin la presencia activa de un pueblo ávido de información, receptivo de las opiniones y crítico de lo que se publica, no habría diarios ni periódicos. La comunicación circunscripta, que es legítima y puede ser valiosa, aunque sea periódica no es periodística. Se tratará, en todo caso, de informes profesionales o técnicos, de notas académicas o papeles económicos, pero no constituirán información periodística porque carecen de la intención de masividad, del propósito de la difusión generalizada para “un pueblo que quiere saber”.
“Un pueblo que quiere saber -y participar- es el presupuesto de la democracia moderna que, cuando El Litoral salió a la calle, no era tan moderna en los hechos. El pueblo, para participar, necesita discernir. Por eso, la educación es la piedra miliar de una democracia genuina, el requisito habilitante para interpretar mensajes, evaluar propuestas y entender lo que ocurre, condiciones básicas para una participación cívica efectiva. También por eso, desde el principio, El Litoral, imbuido del ideario democrático, privilegió a la educación convirtiéndola en uno de los ejes de su prédica editorial.
“Educar al soberano significaba nutrir a la democracia, impulsar el ensamble de la teoría y la práctica políticas. Pero el esfuerzo no se terminaba en la escuela. A quienes aprendían a leer y escribir, los diarios les servían de herramienta complementaria de la educación básica. Con la lectura cotidiana se ejercitaba lo aprendido y con la información continua se actualizaba y ampliaba el aprendizaje. Y cada día se era más ciudadano.
“Lo popular signó la fundación de El Litoral, así como el cuestionamiento del populismo marcó su existencia. Para nuestro diario, el populismo es una patología de lo popular, una desviación política que en vez de enaltecer al pueblo como entidad colectiva y al ciudadano como fundamento del sistema, intenta manipularlos y cosificarlos en función de un proyecto de poder paternalista y concentrado. El populismo puede ser más o menos seductor o espectacular, pero en general busca el todo, tiene hambre de totalidad. Por eso no educa. Es que la educación crea resistencias contra el todo, porque promueve las búsquedas, respeta la diversidad, aprende de ella y se alimenta y estimula con sus exigencias.
“El Litoral se planteó desde el primer momento contribuir a la obra de una sociedad abierta, constituida por hombres libres y educados, preparados para ganarse el sustento y ejercer su ciudadanía. Por cierto, éste era -y es- un desafío mucho más complejo que el que propone la obediencia debida del entenado y el cliente, sazonada por la tutela protectora del mandamás o el patriarca, suerte de rémora de la autoridad monárquica aunque se presente con otro ropaje.
“Pero ése era el desafío, el motivo de un esfuerzo periodístico. Para entenderlo hay que recordar que los hombres del diario militaban contra el régimen conservador y sus rigideces sociales y políticas. No fue casualidad que Salvador Caputto, director de El Litoral, participara intensamente en la convención constituyente provincial de 1921, asamblea que amplió los derechos políticos de los extranjeros y los derechos humanos y sociales, incluyendo por vez primera el voto femenino a nivel local.
“Entre tanto, el énfasis puesto en la libertad iba más allá de las formulaciones dogmáticas del liberalismo como ideología; significaba una firme adhesión al valor de la libertad como conquista de la conciencia moderna frente a las cristalizaciones del absolutismo y de los subproductos civiles que integran la panoplia de las autocracias.
“El Litoral cree en la democracia, pero no ignora los peligros que la acechan. Su elogio no pasa por alto la complejidad de su funcionamiento ni lo exiguo de su experiencia cuando se la coteja con la extensa historia política de la humanidad. Sabemos que es el más exigente de los sistemas porque involucra a una gran cantidad de actores y reclama de ellos altos niveles de responsabilidad. También estamos conscientes de que la libertad -para ser individual y socialmente productiva- requiere de la disciplina de las personas y el conjunto, así como de una eficiente contención institucional.
“La idea de una libertad sin límites en personas y organizaciones siempre limitadas por su naturaleza y constitución, es un absurdo filosófico y un fraude político. La arquitectura de la libertad personal en su relación con lo colectivo implica un juego de equilibrios que no difiere demasiado del diseño de pesos y contrapesos que creara el pensamiento republicano para balancear la estructura del poder en el Estado moderno.
“Promovemos una libertad arquitectónica, apta para construir estructuras sociales dinámicas, capaces de revisar errores con rapidez y de superarse continuamente a sí mismas. Dentro de ese encuadre, sostenemos a la libertad de prensa como una libertad operativa, táctica, que cumple un papel clave en la estrategia general de la democracia constitucional. Y lo cumple a pesar de sus propios desvíos y miserias que, en un régimen de libertad, siempre quedan al desnudo y se metabolizan en el sistema de medios y sus intercambios con la opinion pública.
“Confiamos en la función positiva de la prensa, tanto en lo que refiere a la comunicación horizontal -que construye puentes cotidianos entre los distintos sectores de la sociedad- cuanto en el control diario del poder en su desempeño concreto y en su tendencia siempre latente a reproducirse, expandirse y concentrarse fuera de los moldes institucionales.
“Confiamos en el papel de la prensa y confiamos en El Litoral, dispuesto a sostener su historia periodística en los días que vienen y a afinar cuanto pueda su sintonía con la sociedad y su rol de contrapoder socialmente útil.
“Velaremos por nuestra democracia a medio construir, por una educación efectiva y conducente, que habilite para el empleo en el siglo XXI; por una educación que, así como fue capaz de argentinizar a los extranjeros en los tiempos de las grandes inmigraciones, hoy sirva para integrar a muchos argentinos que -para escándalo de nuestra democracia- tienen los caminos cerrados a una ciudadanía plena.
“Estamos a favor de una educación que nos abra las mentes y nos conecte con el mundo, donde se genera cada año casi el ciento por ciento de la innovación científica y tecnológica, de modo que los cercos retóricos nos aíslan y descapitalizan.
“Apoyamos una educación que, sin demérito de las prédicas multiculturales, vigorice nuestro castellano -una de las tres lenguas más habladas del mundo- probada y dinámica herramienta de comunicación en el vertiginoso acontecer de la modernidad.
“Acompañaremos como siempre a los productores de conocimientos, a científicos y tecnólogos. A los creadores de cultura, a los imaginativos, a los propositivos. A los promotores de iniciativas y a los creadores de riqueza, a nuestros emprendedores -pocos, por cierto, para el tamaño del país-, que sin crédito y con reglas cambiantes se las ingenian para avanzar entre los obstáculos de una Argentina errática.
“Bregaremos por el trabajo decente, el cumplimiento de las leyes, la vigencia de la Constitución, aunque atentos a las contradicciones y ambigüedades del plexo normativo que invitan a las andanzas de la mala fe y le abren líneas de fuga a la ilicitud.
“Y como nacimos del pueblo, propiciaremos políticas sociales serias, responsables, comprometidas con la dignidad de los hombres, para atender y promover a vastos sectores de nuestra población que están hundidos en la miseria, la frustración y la violencia.
“Seguiremos luchando para que la palabra nación cobre sentido en la encarnadura de un pueblo integrado y defenderemos el lugar que en un país mejor le corresponde a la provincia de Santa Fe por su aporte a la construcción de la Argentina presente y futura.
“90 años después no hablamos en términos beligerantes porque en el camino hemos aprendido sobre la importancia de las síntesis históricas, el valor de la palabra como vector de la comunicación y expresión de la crítica honesta. También, como insumo de un diálogo potente capaz de superar conflictos y crear nuevos horizontes.
“En esta línea de valoración del diálogo, el encuentro, la convergencia de fuerzas, señalamos la importancia de la asociatividad, un buen recurso para el crecimiento que, además de promoverlo en el plano discursivo, lo practicamos en el terreno de los hechos. Así lo expresan los acuerdos para instalar una nueva planta gráfica junto a empresas del Grupo Clarín en el Parque Industrial Sauce Viejo o tejer una extensa Red de Medios que cubre el territorio provincial con la participación de 67 empresas santafesinas que trabajan en las diversas plataformas de la comunicación, incluyendo 46 medios digitales.
“Con este manojo de convicciones, damos los primeros pasos de nuestra décima década de vida”.-
Festejos por los 90 años
Gustavo Víttori: "El Litoral es un activo social y cultural de los santafesinos"

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