Eloy Rodríguez
A pesar de todo lo que representa el río Salado en la vida de los santafesinos, nunca fuimos partícipes de los acuerdos sobre la servidumbre de su caudal, no obstante compartir su curso con Salta, Santiago del Estero, Tucumán y Catamarca. La planificación sobre el uso del río data de los años 60, cuando Santiago del Estero y Salta firmaron un acuerdo distributivo del Salado.
Nuestro Código Civil, desde el artículo 552 al 563 inclusive, “De las servidumbres en materia de aguas”, determina deberes y derechos sobre el tema.
Actualmente se rubricó un convenio donde se acepta que en el sitio de entrada del Salado a Santa Fe, 8 km al suroeste de Tostado, sobre la Ruta Interprovincial Nº 35, escurran 3 m3/segundo.
Pero Santiago del Estero no es proclive a respetar los pactos firmados. A este terraplén construido en el sudeste de dicha provincia, se suma una obra de canalización del río Salado que el gobernador Gerardo Zamora acordó con sus pares salteños para erigir, en territorio santiagueño, un azud nivelador y una canalización de 130 kilómetros hasta Figueroa, incluyendo el Canal de Dios. Como si fuera poco, hay que agregar más de 750 km de canales para riego, construidos hasta 2006, desde la Ruta 5 hacia el norte.
Si el problema de la provincia vecina es el incumplimiento parcial del caudal de agua que debe proporcionarle Salta, como mal menor debiera respetar dicha proporción incumplida para aplicarla con Santa Fe y no cortar totalmente el río. Tal como está sucediendo, es un maltrato santiagueño hacia quienes viven aguas abajo.
El gobierno santafesino invirtió casi 20 millones de pesos en construir un azud nivelador sobre el río Salado en la ciudad de Tostado, para tener una autonomía sin lluvias por siete meses, y construyó un canal, con un alto costo de mantenimiento, para dotar del vital elemento a localidades del norte del departamento 9 de Julio. Claro, siempre y cuando Santiago del Estero deje pasar el agua.





