Cuando ocurrió el corralito yo quedé en la puerca vía. Por eso me fui a España. De modo que no tengo que hacer ningún tipo de elección sectaria ni partidista porque no es ese el tema. Pero cuando comenzó esta etapa en 2003 empecé a interesarme mucho por Argentina otra vez, porque me costaba aceptar la idea de que eso fuera definitivo. Y llegó este tipo que venía del sur, al que no lo conocía (Néstor Kirchner) y empecé a ver que era un tipo capaz de hacer eso que decía que había que hacer. A partir de entonces me interesé profundamente, leí mucho su trabajo y el de su mujer, y hoy soy inequívocamente un fervoroso defensor de este gobierno. ¿Por qué? Porque, además, cualquier opositor que me nombren: Pinedo, Gil Lavedra, Alfonsín, Binner, que es un mediocre, lo digo yo, porque siempre habla con frases hechas y antes de opinar mira el gallo de la veleta, de donde sopla el viento él va a decir algo; de esa gente no quiero más. Si por esas alquimias raras de la política alguno llegara a ser presidente, al día siguiente de colocarse la banda presidencial estaría recibiendo ordenes de las corporaciones, los mercados, los bancos, la Embajada de Estados Unidos y nombrarían según el piachere del mercado los ministros de Economía, el director del Banco Central, el ministro de Relaciones Exteriores, el secretario de Hacienda y se bajarían todos los días los pantalones, y en tres años estaríamos otra vez como hace veinte años. Lo firmo con lacre ante escribano.
Federico Luppi
Sin pelos en la lengua
A veces leo cosas que me sublevan. Hay una tendencia de los funcionarios a suponer que son individuos tocados por la mano de Dios y nosotros somos una manga de p..., estúpidos que tragamos todo lo que dicen. Digo, ¿es posible que haya gente así? Sí, la hay. Estoy tan aburrido de escuchar a esa gente. ¿Están tan convencidos de que uno es un tonto? Me hartan. Nunca nada pasa por ellos, todo está afuera. Digo, ¿hace falta tener esa gente en la política? No hace un carajo de falta. Ahí están.
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