Elegir qué estudiar después de terminar la secundaria suele ser una de las primeras grandes decisiones de la vida. Las opciones son muchas, la información está al alcance de un celular y la inteligencia artificial puede responder en segundos qué carreras parecen tener más futuro. Pero, según la psicóloga, docente y autora Romina Halbwirth, tener información no necesariamente significa estar preparado para elegir.
Elegir una carrera en tiempos de IA: “La información sola no alcanza para decidir”
La especialista en orientación vocacional propone mirar la elección más allá del nombre de una profesión. Advierte sobre el exceso de información disponible y destaca la importancia de conocer intereses, habilidades, miedos y expectativas para construir un proyecto de vida.

“Muchos chicos se confunden al elegir una carrera y, de hecho, las estadísticas de cambio de carrera aumentaron un montón, tanto de los chicos que demoran el ingreso a la universidad o aquellos que durante el 1er año cambian. Y esto aumentó un montón porque tienen exceso de información, pero no formación”, advierte a EducaciónSF.
Referente en el campo de la orientación vocacional, Halbwirth desarrolló una propuesta que denomina “Llamadón”, inspirada en el concepto japonés de Ikigai. Su mirada parte de una premisa: antes de preguntarse “¿qué carrera quiero estudiar?”, conviene hacerse preguntas más profundas sobre quién soy, qué me moviliza y qué quiero hacer con mi vida.
La IA no elije por vos
Internet, los test vocacionales y la inteligencia artificial abrieron una enorme puerta de acceso a información. Un estudiante puede consultar planes de estudio, comparar universidades, conocer profesiones y hasta pedirle a una herramienta de IA que le sugiera carreras de acuerdo con sus intereses.
Consultada al respecto, Halbwirth considera que puede ser una herramienta útil, siempre que se comprenda cuál es su límite. “Yo no demonizo a la IA, lo que sí creo es que tiene límites. Hoy en día, en Internet se consiguen cualquier cantidad de tests vocacionales para autoadministrarse y hoy a la IA le preguntás: ‘me gustan las humanidades, soy discutidor’, y te tira opciones. El problema es que eso te da información. Y la información es un elemento necesario, pero no un elemento contundente ni el único”, explica.
El problema aparece cuando esa información reemplaza al proceso de conocerse a uno mismo. Porque elegir no consiste solamente en encontrar una carrera cuyo plan de estudios coincida con determinados gustos.
“Uno elige desde un proyecto de vida, el sentido que le querés dar, el legado que querés dejar, el estilo de vida que te imaginás a futuro, los miedos que tenés, los mandatos familiares a los que resonás internamente y decís ‘¿podré o no podré?’. Y hay que darle lugar a la incertidumbre, porque la incertidumbre es lo más humano que tenemos”, señala.

No busques solamente “la carrera con futuro”
Uno de los grandes interrogantes entre los jóvenes es qué profesión tendrá trabajo dentro de 5 o 10 años. La inteligencia artificial, los cambios tecnológicos tan acelerados y las transformaciones del mercado laboral generan la sensación de que una decisión tomada hoy podría quedar rápidamente obsoleta.
Para Halbwirth, esa preocupación necesita ser puesta en perspectiva. “A los humanos nos encanta poner cucos, y ahora el cuco maravilloso es la inteligencia artificial. Es verdad que va a reemplazar algunas carreras y va a optimizar otras, pero también es verdad que tenemos una capacidad adaptativa y nos vamos a tener que adaptar más rápidamente al cambio”, plantea.
La historia laboral demuestra, además, que las profesiones y los trabajos siempre cambiaron. Algunas desaparecieron, otras se transformaron y otras nuevas surgieron. “Siempre hubo, en todos los tiempos, carreras que quedaron obsoletas por el avance de la sociedad y de la tecnología. El tema es que ahora es quizás más rápido”, sostiene la psicóloga.
Por eso, su principal sugerencia para quienes están por elegir es no tomar una decisión desde el miedo. “A mí no me gusta verlo desde ese lado: si hay un problema que tiene el adolescente hoy, es toparlo con la desesperanza. Me gusta que estén agarrados a la realidad para poder elegir desde un lugar consciente, pero no desesperanzarlos con un futuro catastrófico”, afirma. Y añade: “Si vos le quitás la esperanza a un adolescente, le estás quitando la capacidad de proyectarse a futuro”.

Primero, preguntate qué querés hacer
Para Halbwirth, una de las claves está en cambiar la pregunta. En lugar de comenzar por el nombre de una carrera, propone empezar por el hacer. “Nadie tiene vocación por una carrera. Uno tiene vocación por ‘un hacer’. La carrera es el instrumento que te permitirá a futuro ese hacer”, define.
Esa es la idea que sostiene su propuesta del Llamadón, un concepto que busca identificar el punto de encuentro entre aquello que entusiasma a una persona y aquello para lo que tiene determinadas habilidades y aptitudes. “El Llamadón viene a dar cuenta del entrecruzamiento de variables de aquello que te gusta y que te motoriza, que te entusiasma, que te motiva a ‘voy a curiosear por eso’, con la habilidad que tenés. ‘Che, esto me sale, esto tiene que ver conmigo, resuena conmigo’, y apuntados a una dirección”, explica.
La elección, entonces, no debería reducirse a “me gusta” o “no me gusta”. También hay que distinguir entre aptitudes y habilidades. Algunas capacidades pueden aprenderse y otras tienen un componente más innato, pero todas forman parte de la ecuación. “Acá hay que juntar lo que te gusta, lo que sos hábil y lo que sos apto. Lo que vas a aprender y el propósito de vida: eso que querés hacer a futuro”, resume.
Poder sostener la elección
Encontrar algo que entusiasme es importante, pero no alcanza, dice la especialista. La orientación vocacional también debe ayudar a pensar qué sucede después de la elección: cómo sostener los años de estudio, la frustración, los momentos de desmotivación y, finalmente, la inserción laboral.
“Van a ser estudiantes durante 5 ó 6 años, lo que dure la carrera. El camino universitario tendrá parciales que salen mal, materias que entusiasman y otras que cuestan, momentos de dudas y etapas en las que habrá que preguntarse nuevamente por qué se eligió ese camino”, dice.
Y ante la pregunta por la rápida frustración de muchos jóvenes de hoy, responde: “Se frustran más rápido porque todo es más inmediato y porque les exigimos a ellos respuestas inmediatas y exitosas. Entonces, no les enseñamos a ver procesos. Empiezan una carrera, la dejan, empiezan otra, y otra, y otra, y si miran para atrás, ya pasaron por 4 carreras y no saben para dónde seguir”.

Por eso, sostiene que una buena orientación vocacional también prepara para sostener la decisión cuando desaparece el entusiasmo inicial. “Cuando la motivación se va, hay que activar la perseverancia -recomienda-. La motivación va y viene, es fluctuante, es normal, por eso hay que enseñar a ver los procesos. Hay que perseverar, hay que ser constantes”.
¿Y si la carrera no es rentable?
La búsqueda de una profesión “rentable” aparece entre las principales preocupaciones de los jóvenes y sus familias a la hora de elegir qué estudiar. Pero Halbwirth cuestiona la idea de que exista una carrera capaz de garantizar por sí sola un buen ingreso económico.
“¿Hay una carrera que hoy por hoy te asegure de por sí la rentabilidad?”, se pregunta. Y la respuesta, para ella, es que no. “Hoy tenemos arquitectos y médicos que ganan muchísimo y otros que ganan poco. Entonces, creo que la rentabilidad es algo más complejo”, sostiene.
Y describe que en ese resultado intervienen las oportunidades, el contexto económico, las circunstancias personales y también la capacidad de aprovechar las posibilidades que aparecen. Y deja otra idea para quienes están buscando certezas antes de empezar: “La rentabilidad también se construye”.
Qué son las “habilidades blandas”
Hay otro aspecto que, según Halbwirth, los jóvenes deberían tener en cuenta: no alcanza con acumular conocimientos. El mundo laboral demanda cada vez más “habilidades blandas” y, en muchos casos, pueden marcar la diferencia entre dos candidatos con formación académica similar.
“Hoy en día, en el mercado laboral, se elige más que por la universidad o por el promedio, por las habilidades blandas, por las actitudes que una persona tiene para desarrollar esa profesión”, señala.
Entre las más requeridas menciona “la comunicación asertiva, la resolución de problemas, la empatía y el liderazgo”. Por eso, sostiene que el currículum de un joven “no tiene solo que reflejar saberes, tiene que reflejar quiénes somos y qué habilidades tenemos”, afirma.
Finalmente, Halbwirth recomienda que la orientación vocacional sea realizada por un profesional. “Todo tiene que ser un complemento: la feria, la visita universitaria, la información buscada mediante la inteligencia artificial, la guía del estudiante, la pasantía. Pero tiene que haber un espacio donde el chico pueda reunir toda esa información e integrarla a su cotidianidad porque ninguna de esas herramientas puede conocer completamente los miedos, las expectativas, las inseguridades o los mandatos familiares que atraviesan una elección”.






