El grupo paraguayo presentó el videoclip de “Vida acuática”. Un viaje visual que intensifica un compromiso por evitar la gran grieta de la música: las etiquetas sonoras.
Gentileza Prensa El mayor aporte es que seguimos siendo una banda a pesar de todo en contra , reflexionaron a propósito de la pandemia.
Kita Pena es una banda formada en Paraguay en el año 2011. En su música convergen, con alegría, rock, pop, samba, folk, cumbia, reggae, rumba, punk, guarania, zamba, flamenco y polca, en una lista interminable de estilos. Sus integrantes son Andi Selich, Blas Rodrigo (voces), David Muller (guitarras y coros), Pablo G. Blaya (uke, cuatro, guitarra eléctrica), Ricardo Velázquez (bajo) y Marcelo Soler (batería, midiman, coros). En diálogo con El Litoral, los miembros del colectivo artístico contaron su historia hasta llegar al último lanzamiento, “Vida acuática”.
Terapia auditiva
“Necesito un quitapenas para olvidar”, cantaba un Javier Calamaro eufórico en el 2000. Veintiún años después, pandemia mediante, se animó a una vuelta de tuerca cuartetera con Ulises Bueno, ratificando una vez más aquella presunción de que las canciones encuentran su molde definitivo con el tiempo. Pero no va por ahí el origen lingüístico de la popular agrupación paraguaya Kita Pena (con k, en singular y restituyendo la división en dos palabras). “La canción de Manu Chao ‘El Kitapena’ va más con nosotros musicalmente hablando”, introducen.
¿Cuál es el origen, entonces, del nombre? ¿Qué buscaba el grupo con esa suma de significante y significado? “Queríamos que represente un poco el espíritu de esas primeras canciones que eran una suerte de terapia auditiva”. Por ahí andaban cuando se toparon con la historia de los quitapenas de Guatemala. “Nos pareció algo increíble. De noche los niños les contaban sus miedos a los muñecos. Los ponían bajo la almohada mientras dormían y al otro día el miedo desaparecía”.
Sin darnos cuenta
Pop festivo es la etiqueta que elige Kita Pena para marcar distancia, justamente, de las etiquetas. O para darle entidad a la amplia paleta de sonoridades que exploran desde 2011. Somos, dicen a coro en el archivo de texto, “una banda que busca romper con las etiquetas sonoras: nos gusta pensar más en estados de ánimo que en estilos musicales. También creemos en el mensaje que tienen nuestras obras”.
Tal vez la trama de una serie explosiva por estos tiempos, como es “Porno y helado”, con Martín Piroyansky (también director), Nachito Saralegui y Sofi Morandi sirva de aquí hasta algún tiempo para ejemplificar, eludiendo ciertas ironías, el surgimiento de una banda en el siglo XXI. En el caso de Kita Pena, todo comenzó en un balcón entre dos. En realidad, era un altillo... y en el medio de ambos, había una compu en el medio. A medida que iban integrando melodías, ideas y canciones que no encajaban en los proyectos principales de cada uno de ellos, se sumaban amigos que aportaron su touch personal. “Después se maquetearon canciones sin una meta en sí misma. Salieron, en formato demo: ‘Pa’lante y con amor’, ‘Lluvia de domingo’ y ‘Cargamoffinson’, que se hicieron públicas de modo misterioso (y hoy son las más aclamadas cuando las defendemos en vivo). La maqueta llegó a oídos de una persona que nos pidió que tocáramos en un evento. Sin tener una banda armada, recurrimos a amigos con los que tocábamos en otros proyectos... y sin darnos cuenta, ya éramos una banda. A veces, las mejores cosas se dan por accidente”.
Hacer amigos
Cuando comenzó a tomar fuerza Kita Pena, el objetivo era uno: ser una banda mucho más orgánica. “Por así decirlo”. O sea, necesitar lo menos posible para tocar en vivo. La “evolución” (cliché en entrevistas rockeras) fue dándose porque “las canciones nos pedían otras cosas... ¡y decidimos hacerles caso! Sentimos que el paso del tiempo generó que pudiéramos grabar mejores discos con respecto a la calidad del sonido”.
En estos 11 años de historia, la banda oriunda de Asunción publicó tres álbumes: “Turista en mi país” (2013), “Lo de menos” (2015) y “Casi nada de lo que nos enseñaron sirve para sonreír y otras fábulas” (2018). Este último contó con la producción y mezcla de El Chávez y Marcelo Soler, y la masterización de Scott Hull en Nueva York. Además, han transitado diversos escenarios junto a Blind Melon, Jarabe de Palo, Manu Chao, Babasónicos y Aterciopelados, entre otros. “Una vez tocamos con The Wailers”, recuperan los músicos. También estaban Los Cafres en el cartel. “El tecladista Andrés Albornoz estaba viendo nuestro show al costado del escenario. Después conectamos con él, grabó varias canciones con nosotros, entre ellas ‘Vida acuática’. Hacer amigos con la música es increíble”.
Viaje visual
El último lanzamiento, al momento, de Kita Pena es justamente “Vida acuática”. ¿Formará parte de un nuevo material? ¿Es ensayo de algo o, más bien, un ejercicio individual y autónomo? “El quitar una canción e inmediatamente defenderla en vivo tiene un valor muy grande, sobre todo después de la pandemia. Creemos que ‘Vida acuática’ se encargó de recordárnoslo y nos sirvió de motor para decidir volver a pensar en un disco conceptual, del cual seguramente formará parte”.
La canción cuenta, además, con un simpático y colorido videoclip a cargo de La Filial, con dirección y edición de Diego Benítez, guión de Hermano Korioto y producción de Andrea Morinigo. En él se reconstruye el pasado inmediato, lo añorado: un verano pre-pandemia que busca crear recuerdos para toda la vida. “Lo que estuvo bueno”, acotan los músicos, “es que los protagonistas son amigos, fanáticos de la banda y músicos que nos dieron una mano. “Para nosotros, los videos son tan importantes como las canciones. En este caso, sentíamos que el mensaje estaba en la letra, y lo que buscamos fue crear un viaje visual que apoyara la historia que estábamos contando”.
A pesar de todo
En 2020, Kita Pena gestó y dio a conocer la docuserie “Solistas” (de la cual se desprenden seis canciones, entre ellas, “Hoy” y “Cantando”). Después de más de diez años trabajando sin descansar, grabando discos, videoclips y girando... vendría la calma. “Si bien la vida de un músico siempre es un poco caótica, nos descolocó, nunca pensamos que íbamos a pasar por algo parecido”. El miedo, ese sentimiento, fue el puntapié de esta nueva narrativa. “Decidimos atravesar ese torbellino de energías extrañas haciendo lo que nos gusta, sin importar la distancia, y mostrar ese proceso al mundo. El mayor aporte es que seguimos siendo una banda a pesar de todo en contra”.
Luego de los años más fuleros de encierro y distanciamiento, los proyectos de Kita Pena apuntan fuerte a recuperar el ritmo pre Covid: nuevo disco (a fines de año) y girar. “Estamos buscando retomar algo que había empezado antes de la pandemia, que era como un intercambio con bandas de la región. Y así poder llevar nuestra música a nuevos lugares”. Si de escenas hablamos, “la paraguaya es inquieta, está buscando su identidad”, analizan los artistas entrevistados. “También sabemos que es relativamente nueva y, a pesar de todo, sumamente rica. Creemos que la gente se podría llevar una sorpresa con la música de esta parte del mundo”. En cuanto a la movida argentina contemporánea, se definen consumidores de “muchas cosas diferentes”, en una lista que crece rizomáticamente (con un alcance, tal vez, infinito): Lucy Patané, Nathy Peluso, Bandalos Chinos, Louta y Wos.